Puertollano: El enigma de la tercera fuente; la investigación que rescata un manantial olvidado del Campo Volcánico de Calatrava

Un brillante texto de Julián Gómez

Durante más de tres siglos, una breve referencia perdida entre las páginas de un tratado científico permaneció prácticamente ignorada. Bastó releer con detenimiento una obra publicada en 1697 para abrir una investigación histórica, geográfica e hidrogeológica que conduce hasta uno de los mayores enigmas del patrimonio natural de Puertollano y su entorno: la existencia de una tercera fuente de agua agria en la antigua aldea de Ventosillas.

El punto de partida se encuentra en el Espejo cristalino de las aguas de España, escrito por el médico puertollanense Alfonso Limón Montero, una de las mayores autoridades españolas en hidrología médica del siglo XVII. Natural de Puertollano, el doctor dedicó buena parte de su vida al estudio de las aguas mineromedicinales de la Península y prestó especial atención al extraordinario fenómeno hidrogeológico del Campo de Calatrava.

En una época en la que la medicina convivía todavía con numerosas creencias tradicionales, Limón Montero comprendió que las llamadas aguas agrias no eran un fenómeno aislado. Su origen estaba relacionado con un mismo sistema subterráneo alimentado por el vulcanismo de la comarca.

La revelación de la página 195

La sorpresa aparece en la página 195 del tratado donde el médico identifica tres afloramientos principales de aguas acídulas en el entorno de Puertollano conocidas como la Fuente Agria de Puertollano, la de la Huerta de la Nava y la más desconocida, perdida en la noche de los tiempos que muy probablemente se encontraba en la Aldea de Ventosillas, despoblada hace casi dos siglos y reducida a ruinas en la actualidad ¿Qué ocurrió en este asentamiento?

Para responder a esta pregunta fue necesario abandonar momentáneamente la geología y acudir a los archivos históricos de la Orden de Calatrava. Un lugar en el que los censos conservados ofrecen una primera sorpresa.

En los recuentos de población de 1501 y 1575 aparecen perfectamente registradas localidades como Puertollano, Hinojosas o Cabezarrubias, pero no figura Ventosillas. Lejos de invalidar la hipótesis, esta ausencia parece indicar que Ventosillas nunca tuvo entidad administrativa propia y que sus escasos habitantes dependían directamente de Puertollano. Sin embargo, la documentación fiscal proporciona una prueba decisiva. En el reparto de diezmos de hacia 1760 aparece expresamente citado: "Puertollano y sus aldeas: Hinojosas, El Villarejo, Arroyo de las Higueras, Cabezarrubias, Ventosillas, unas casas en Ventillas."

La referencia demuestra que Ventosillas existía físicamente y, además, introduce una diferencia fundamental entre Ventosillas y Ventillas, dos lugares próximos pero distintos. Por fin la geografía comenzaba a encajar con la descripción realizada décadas antes por el doctor Limón Montero.

Un tesoro medicinal... y una hipótesis sobre su despoblación

Las aguas agrias del Campo de Calatrava fueron consideradas durante siglos uno de los mejores remedios naturales para numerosas dolencias digestivas y cutáneas. Su elevada concentración de dióxido de carbono y hierro les confería unas características extraordinarias desde el punto de vista terapéutico. Sin embargo, estas mismas propiedades podían hacerlas poco adecuadas para determinados usos cotidianos. De esta circunstancia surge una hipótesis de investigación especialmente sugerente: la dificultad para disponer de agua dulce suficiente pudo influir, junto a otros factores económicos, territoriales y sociales, en el progresivo abandono del asentamiento. No existen documentos que permitan afirmar que ésta fuera la causa exclusiva de su desaparición, pero sí constituye una explicación compatible con el contexto histórico y con las características hidrogeológicas de la zona.

La tradición popular confirma la ciencia

La investigación encuentra un interesante apoyo en la memoria oral. En la obra "De Calatrava... Hinojosas", de Eusebio Fernández Duque, publicada con la colaboración de la Hermandad de San Bernardo de Hinojosas de Calatrava, se recoge una antigua copla popular que elogia el agua de Hinojosas:

"Por tener agua delgada..."

La expresión no parece casual.

Mientras Hinojosas disfrutaba de agua dulce apta para el abastecimiento cotidiano, el entorno de Ventosillas estaría dominado por aguas mucho más mineralizadas. La tradición popular, por tanto, coincide llamativamente con la descripción científica realizada casi tres siglos antes por Limón Montero. Y ahora, la geología moderna ha terminado aportando la confirmación que faltaba puesto que los estudios actuales del Instituto Geológico y Minero de España muestran que toda esta zona forma parte del Campo Volcánico de Calatrava.

Las profundas fracturas tectónicas permiten el ascenso natural de dióxido de carbono de origen magmático, gas que se incorpora a las aguas subterráneas y genera las conocidas aguas carbónicas ferruginosas que caracterizan a la Fuente Agria de Puertollano y a otros numerosos manantiales de la comarca. Desde esta perspectiva científica resulta perfectamente coherente que también existiera un afloramiento semejante en Ventosillas. Por tanto, lejos de tratarse de una exageración del siglo XVII, la descripción de Limón Montero encaja con el conocimiento geológico actual.

Con el paso de los siglos, Ventosillas fue perdiendo población hasta desaparecer como núcleo habitado y su territorio sobrevivió convertido en dehesa y explotación agroganadera alrededor de la actual Casa de las Ventosillas.

Las fotografías aéreas históricas, junto con la cartografía del Instituto Geográfico Nacional, permiten identificar todavía alteraciones del terreno compatibles con antiguos cerramientos, caminos y edificaciones desaparecidas. El paisaje conserva así las últimas cicatrices visibles de una historia que permaneció oculta durante siglos.

Un enigma que empieza a resolverse

La investigación iniciada a partir de una simple referencia bibliográfica demuestra la enorme importancia que todavía poseen los documentos históricos para comprender nuestro territorio. Y yodo parece indicar que la tercera fuente descrita por Alfonso Limón Montero no fue una invención ni un error de transmisión a la vista de que los archivos históricos, la documentación fiscal, la tradición oral y la geología moderna convergen en una misma dirección.

Quedan todavía muchas preguntas por responder y será necesaria una nueva investigación arqueológica e hidrogeológica para localizar con precisión el antiguo manantial. Pero una conclusión parece ya difícil de discutir: bajo la dehesa de Ventosillas continúa latiendo una parte esencial de la historia volcánica de Puertollano y del Campo de Calatrava, un patrimonio natural e histórico que llevaba más de trescientos años esperando ser redescubierto.