Vinzani equipara la eficacia del agua agria de Puertollano con las fuentes de Piedrabuena y a las célebres Sauerbrunnen (Alemania) Alemania y la describe como una medicina de primer orden para desobstruir el cuerpo humano, considerado en el texto como un "mapa menor" o microcosmos.
Humores y obstrucción
Según la obra de Vinzani, el Agua Agria de Puertollano era considerada un remedio de extraordinaria eficacia para tratar un amplio abanico de enfermedades que la medicina de finales del siglo XVII atribuía a la acumulación de humores y a la obstrucción de los órganos internos. El autor sostenía que su principal virtud consistía en disolver las flemas espesas y los llamados "humores crudos" que se adherían a las paredes del estómago y que las purgas tradicionales eran incapaces de eliminar. Una vez licuadas, explicaba, la propia naturaleza se encargaba de expulsarlas con facilidad, mejorando la digestión y el funcionamiento general del organismo. Además aseguraba que la acción del agua iba mucho más allá del aparato digestivo. Su "espíritu ácido", extremadamente sutil, penetraba en el torrente sanguíneo y deshacía las obstrucciones que afectaban a órganos como el hígado, el bazo, el páncreas, el mesenterio y las venas abdominales. De esta forma, afirmaba, contribuía a aliviar enfermedades como la ictericia, la hidropesía, las fiebres persistentes y otros trastornos relacionados con la alteración de la sangre, devolviendo al enfermo un aspecto más saludable.
Limpiaba y depuraba
El tratado también destaca su utilidad frente a las dolencias del aparato urinario. El médico italiano consideraba que el Agua Agria era un remedio especialmente eficaz para combatir los dolores renales provocados por arenas y cálculos, ya que la fuerza de su componente ácido era capaz de vencer la tendencia del organismo a formar piedras, favoreciendo la disolución de las incrustaciones calcáreas y facilitando su expulsión. En conjunto, Vinzani describía una acción terapéutica desarrollada en dos fases. En primer lugar actuaba sobre el estómago, limpiándolo de impurezas y mejorando la digestión; posteriormente, una vez absorbida por el organismo, ejercía un efecto depurativo sobre la sangre y los órganos internos, eliminando obstrucciones y restaurando, según la concepción médica de la época, el equilibrio natural del cuerpo.
En breve os ofreceré el cuarto y último capítulo de esta serie histórica y científica.