Basada en hechos reales que ocurrieron durante el siglo XIX entre los municipios de Hinojosas de Calatrava y Puertollano, ambos de la provincia de Ciudad Real. Narra la vida de Nicanora Calero Arias, hija de un minero, natural de Puertollano, que nació sorda y muda, y de Leocadio Guerrero, hijo de un político, empresario y emprendedor; dos familias de distinta cultura, donde el analfabetismo entre la población estaba entre un 40% y un 50%, muy común en toda España. Narra la historia del amor no correspondido por él hacia ella, teniendo por medio la hija de ambos. Después de 7 años, ya en Hinojosas de Calatrava, Leocadio empezó a andar el camino que lo separaba para intentar ver a su hija y a Nicanora, aguantando el dolor corporal de sus pies, los golpes, los moratones y las espinas durante las caminatas que hacía cada vez que lo intentaba, pues la distancia entre los dos municipios es de 10 km por caminos entre montañas, de tierra, estrechos, con baches, piedras y mucha vegetación, con frecuencia descalzo y otras veces con sandalias.
Nicanora, desde el nacimiento de su hija, fue apoyada por sus padres; posteriormente, sola, sin ellos, por fallecimiento de estos; posteriormente, en el pueblo (Hinojosas de Calatrava) de sus progenitores, que solo conocía por las habladurías de ellos al ser de allí. Con solo una idea: subsistir y mantener a su hija, lo más importante para ella, con la ayuda, inciertamente, que no sabía de dónde podía venir y siempre con la esperanza de estar acompañadas. La dureza de la vida en aquellas épocas, sola, más que sola, sin saber el futuro que le esperaba, sin conocer a nadie en un pueblo extraño, aunque vivía su hermana, y nadie más; solo quedaban ellas dos de la familia. Con su hermana se podía entender, e igual que con su hija, sin trabajo, los impedimentos que conlleva la incapacidad de comunicación con otras personas, pero con la moral siempre alerta y pensando en su hija. De su madre había aprendido a ser una persona respetuosa con los demás, responsable, cariñosa y buena costurera; no la olvidará nunca.
Parte de la historia discurre durante la dictadura de Primo de Rivera (1933-1936) y la guerra civil española (1936-1939).
En aquellas épocas los tiempos fueron muy cambiantes en relación con lo político, lo económico, lo social y laboral.
La economía en Puertollano era algo diferente a otros sitios debido a la explotación de una cuenca minera, especialmente de carbón y también, pero menos importante, de otros minerales, que llegó a ocupar alrededor de 2.000 empleos en 1900, pero en 1918 llegó hasta los 5.000 empleos. Las economías familiares eran bastante precarias y en Puertollano el trabajo minero no faltaba.
Los pueblos de los alrededores, como Hinojosas de Calatrava, vivían de la agricultura y la ganadería, y fue esta cuenca carbonífera de Puertollano la que dio un pequeño empujón económico a estos municipios.
En aquellos tiempos muchos padres dominaban a toda la familia y, sobre todo, a los hijos, para que se hicieran los deseos del matrimonio y del hombre a la mujer.
La mujer no tenía derecho a votar y fue en 1933 cuando participó en las primeras elecciones generales.
El pensamiento del hombre es que ellas eran para las tareas de la casa, tener hijos y criarlos, así como cumplir los deseos del marido.