Don Quijote y Sancho, en la candelaria de Solana del Pino

Comenzaba a oscurecer cuando divisaron el pueblo y a él se dirigieron con los huesos ateridos de frío y la panza con más retortijones que las campanillas celestiales...

Comenzaba a oscurecer cuando divisaron el pueblo de Solana del Pino y a él se dirigieron con los huesos ateridos de frío y la panza con más retortijones que las campanillas celestiales, 'llegaronse' a lo que parecía una pequeña plaza donde había una pira de leña ardiendo y dando las buenas tardes se arrimaron a ella para calentar sus maltrechas posaderas.

'Preguntarales' a los lugareños que cual era el nombre de la plaza y que celebraban a lo que le contestaron que estaban en la plaza del naranjo y que celebraban el día de la candelaria como una celebración para presentar a los niños como hijos de Dios, 'invitaronles' a compartir la velada para lo cual sacaron viandas con los cuales a nuestro amigo Sancho se le fueron los ojos, después de tantas jornadas sin nada que echarle a la buchaca.

Chorizos, morcillas, pancetas, patatas asadas acompañadas de unas buenas hogazas de pan y vino de la tierra, sirvieron para que la panza de nuestro amigo Sancho engordara como guarro en la montonera, eran tales sus eructos que se escuchaban hasta en madrona, y así entre bailes y jolgorios pasaron nuestros amigos el día de la candelaria antes de partir hacia la venta el corchuelo lugar elegido por nuestro ilustre para reposar sus maltrechos huesos toda vez que tenía la venta el mismo nombre que el padre de su amada Dulcinea, Lorenzo Corchuelo pero eso es otra historia.

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