Las peores sospechas de quienes dedican su tiempo y esfuerzo a documentar el legado de nuestros antepasados se han cumplido. El yacimiento arqueológico de La Nava, un tesoro prehistórico que sobrevive a duras penas en el término municipal de Puertollano, ha sufrido un brutal ataque vandálico. A base de golpes limpios y deliberados, manos anónimas han destrozado parte de las cazoletas e incisiones rupestres grabadas en la roca, despojando a nuestra tierra de una página irremplazable de su historia.
Ensañamiento gratuito
La voz de alarma ha saltado directamente desde el terreno. Fotografías recientes muestran con dolorosa claridad las huellas de la agresión: desprendimientos forzados de roca, seguramente a base de martillazos, marcas de fracturas recientes y el aplastamiento de las singulares cavidades hemisféricas —conocidas arqueológicamente como cazoletas— que jalonan este singular afloramiento. No se trata de una erosión natural ni de un accidente fortuito; estamos ante un acto de ensañamiento gratuito contra el patrimonio de todos. Este ataque no es un hecho aislado, sino la consecuencia directa de una crónica de abandono largamente denunciada por los colectivos culturales y ciudadanos de la comarca. El complejo arqueológico de La Nava, que según las últimas prospecciones no solo alberga este magnífico campo de cazoletas y aljibes naturales, sino que presenta indicios claros de estructuras fortificadas y murallas de un poblamiento que bien podría vincularse a las épocas fenicia, tartésica o ibera, carece de cualquier tipo de vallado, protección perimetral o señalización disuasoria.
Lejos de ser tratado como el museo a cielo abierto que debería ser, el entorno se ha convertido en una suerte de vertedero incontrolado de fácil acceso. Quienes frecuentan la zona con fines científicos o divulgativos llevan meses advirtiendo de la degradación ambiental del paraje: acumulación sistemática de plásticos, basuras domésticas e incluso restos que evidencian actividades tan temerarias como el cambio de aceite de vehículos sobre el propio suelo arqueológico. Hasta la fecha, y a pesar de los reiterados avisos, la respuesta de la administración local para la retirada de estos vertidos brilla por su ausencia. Urgencia institucional antes de que sea tarde.
Desidia institucional
La inacción política y técnica en materia de conservación patrimonial genera un peligroso efecto llamada. Cuando un espacio de alto valor histórico se percibe como una zona abandonada, el incivismo y la delincuencia patrimonial se sienten impunes. Las piedras de La Nava, que han resistido miles de años el embate de los elementos y los avatares del tiempo, no van a resistir la desidia de las instituciones actuales.
Proteger La Nava ya no es una opción de carácter puramente estético o cultural; es una obligación legal y moral de las administraciones públicas. Es urgente que el Ayuntamiento de Puertollano y las autoridades competentes en Patrimonio de la Junta de Comunidades acometan una limpieza inmediata de los vertidos y procedan al cierre o restricción del paso de vehículos a motor en el núcleo arqueológico. De igual modo, resulta prioritario que se formalice una catalogación rigurosa y se instalen paneles informativos que expliquen a la ciudadanía el valor de lo que pisa.
La resignación no puede ser el camino. Mientras algunos se empeñan en borrar el pasado a base de golpes de martillo, la ciudadanía consciente debe mantener el pulso y seguir exigiendo dignidad para nuestra historia. Si no actuamos con contundencia hoy, mañana solo nos quedará lamentar la pérdida definitiva de un legado que pertenece a las generaciones futuras. Puertollano no puede permitirse el lujo de mirar hacia otro lado.