El libro de Vinzani sobre el agua agria de Puertollano (1685): crónica completa de un prodigio subterráneo

Un brillante texto de Julián Gómez

En el siglo XVII un Cardenal de la curia romana está muy grave y para mejorar su salud deciden que venga a tomar agua agria de Puertollano, en un viaje en el que estaría acompañado de su amigo, el entonces embajador de la República de Venecia. Así Sabo  Millini —quien además era Obispo de Orvieto y Nuncio Apostólico en los Reinos de España. Pero lo verdaderamente importante en esta publicación es que en la comitiva iba también el doctor Felipe Vizani del Águila (Vinzani) como encargado de vigilar e instruir la correcta administración del remedio que además escribió. Aunque lo más significativo de su visita a nuestra ciudad no fue la atención que prestó al cardenal sino que durante su estancia escribió uno de los primeros estudios históricos sobre las propiedades mineromedicinales de la Fuente Agria de Puertollano. El documento publicado en 1685 y llamado "Naturaleza de la agua Termal, Azida, de Puerto Llano. Enfermedades para que aprovecha, y forma como se ha de tomar” y, como su propio nombre indica, detalla la naturaleza del agua, las enfermedades que trataba y cómo debía consumirse.

Se da la circunstancia además de que en 1685 no se publicaba nada a la ligera. El libro tuvo que pasar un riguroso examen de censura por parte del Vicario de Madrid y de los médicos de la corte para certificar que "no contenía nada contra la Santa Fe Católica ni las buenas costumbres", obteniendo la licencia del Ordinario y un privilegio real de impresión por diez años concedido por el Consejo Real de Castilla.

Dada la relevancia historica-cientifica de este tratado me he permitido realizar un resumen del mismo para publicarlo aquí en varios capítulos. Os dejo con el primero de ellos.

CAPÍTULO I: La Comisión Real, el Viaje del Nuncio y la Fisiología de la Fuente

El origen de esta exhaustiva investigación científica y médica radica en un acontecimiento de la más alta relevancia pública y eclesiástica en la España de finales del siglo XVII. Tras una prolongada y grave enfermedad que aquejó al Eminentísimo Señor Don Sabo (o Savo) Millini —Cardenal de la Santa Iglesia Romana, Obispo de Orvieto y Nuncio Apostólico en los Reinos de España—, se convocó una junta médica de urgencia. Los Médicos de Cámara de Su Majestad Carlos II, reconocidos como auténticos oráculos de la facultad, junto con el doctor Vinzani del Águila (médico de la Real Familia y de la casa del propio Nuncio), debatieron extensamente si el prelado debía tomar las aguas termales de Almagro o las de Puertollano para consolidar su salud.  

Determinada la mayor conveniencia de las fuentes de Puertollano, se dispuso la jornada oficial a principios de mayo de 1685. La expedición no solo contó con el Cardenal Nuncio, sino que fue honrada con la comitiva del Excelentísimo Señor Embajador de la República de Venecia, quien viajó animado por el mismo propósito de asegurar su salud. El doctor Vinzani recibió el precepto expreso de asistir permanentemente en el viaje para vigilar e instruir la correcta administración del remedio.  

Sin embargo no fue una visita casual. Hubo una auténtica disputa médica en la Corte de Madrid. Los médicos de Carlos II (los "oráculos" de la época) debatieron intensamente si mandar al Nuncio a Almagro o a Puertollano. Al ganar la opción de Puertollano, Vinzani no solo fue a "mirar", sino que el Nuncio le ordenó redactar el libro en castellano —a pesar de que la lengua materna de Vinzani era el italiano— por el profundo amor que el Nuncio profesaba a los españoles, para que los necesitados locales pudieran entender el método sin barreras idiomáticas. 

Entorno de la fuente agria

Al arribar al sitio de las aguas termales en una tarde de mayo, Vinzani procedió de inmediato a su reconocimiento. La descripción física del entorno es rica en detalles geológicos: la planta de la región se caracteriza por ser pedernalosa y estar dominada por ásperos riscos, en cuya cumbre más alta, hacia la parte oriental, se erige la ermita de Nuestra Señora de Santa Ana. Toda la pendiente que desciende desde allí hasta el llano donde mana el agua está compuesta de peñascos con un marcado color de herrumbre, lo que el autor identifica como un indicio inequívoco de minerales de hierro. El manantial brota en el llano con un constante ruido de hervores y burbujeo, aclarando el autor que el agua no sale caliente ni excesivamente fría, sino con la violencia propia de sus gases nativos. Para proteger el nacimiento, existe una fábrica cuadrada de piedra y cal de unas dos o tres varas de altura, techada, cuyo vaso interior es de ladrillo y posee una puerta orientada hacia el poniente.  

Uno de los hallazgos más impactantes para los cronistas de la época fue la atmósfera gaseosa que custodiaba el manantial.

Un sabor "ácido abstero"

El doctor Vinzani relata que para recoger el agua de la fuente es obligatorio inclinarse hacia el fondo del arca. Al levantar la mirada por encima de dicha arca, a una distancia de apenas una vara de la superficie del agua, el aire se encuentra tan saturado de vapores que se percibe de inmediato la violencia de los espíritus ácidos. Esta exhalación gaseosa golpea con tal fuerza los órganos de los sentidos —los ojos, las narices y la boca— que el autor advierte con severidad que cualquier persona que se detuviera demasiado tiempo a respirar en dicho espacio sufriría una notable ofensa y daño en su salud. Al probar el líquido en repetidas ocasiones, Vinzani catalogó su sabor como un "ácido abstero" que dejaba un remate o gusto final marcadamente atramentoso (similar a la tinta).

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