Con esta tercera entrega concluimos el repaso a la huelga general que paralizó la cuenca minera de Puertollano durante nueve días de enero de 1911. Según relató El Pueblo Manchego entre el 14 y el 20 de ese mes, un total de 1.500 obreros de los pozos Santa María, Calatrava, Terrible Segundo, Argüelles e Iniciativa dejaron de acudir a su trabajo el 11 de enero, desencadenando uno de los episodios laborales más relevantes de la historia local.
Un conflicto que se agrava
El 18 de enero, el periódico advertía que la situación empeoraba por momentos. Los mineros defendían que sus peticiones eran plenamente legítimas y amparadas por la legislación de minas, mientras que los patronos insistían en que los obreros no tenían derecho a las reclamaciones presentadas. La distancia entre ambas posiciones imposibilitaba cualquier avance, incluso a pesar de los esfuerzos de intermediación de la Junta de Reformas Sociales.
A este clima tenso se añadía un rumor inquietante: que las explotaciones aún activas estaban preparándose para atender los pedidos que habían dejado de servirse por culpa del paro. De confirmarse, el conflicto podría propagarse al resto de las minas de la cuenca.
La prensa describía un ambiente cada vez más dramático: grupos de mineros recorrían la población solicitando ayuda casa por casa y comenzaban a llegar compañeros desde Madrid para ofrecer apoyo. La dimensión del conflicto empezaba a desbordar los límites locales y provinciales.
Pese a la magnitud del movimiento, las protestas permanecían pacíficas. Aun así, para prevenir posibles incidentes, las autoridades decidieron concentrar en Puertollano a buena parte de la Guardia Civil de la provincia, tanto a pie como a caballo.
La intermediación: todo Puertollano en paro
Ese mismo 18 de enero la Junta de Reformas Sociales tenía previsto reunirse nuevamente, con la posibilidad de nombrar una comisión mediadora si no se alcanzaba un acuerdo. Sin embargo, antes de que pudiera hacerse efectiva la gestión, el resto de explotaciones mineras que aún operaban decidieron unirse al conflicto. En ese momento, la huelga afectaba ya a toda la cuenca minera de Puertollano.
La gravedad de la situación llevó al gobernador civil, Purificación de Cora, a trasladarse personalmente a la localidad el 19 de enero acompañado del jefe de policía, el Sr. Carmona. A las 11 de la mañana fueron recibidos en la estación por el alcalde, el capitán de la Guardia Civil, un ingeniero de las minas afectadas y casi dos centenares de huelguistas.
Desde allí se dirigieron al Ayuntamiento, donde se les unió el ingeniero-director de la Société Française des Charbonnages de Puertollano, René Lafleur, quien expuso las concesiones que la empresa estaba dispuesta a aceptar. Inmediatamente se mandó llamar al presidente de “La Precisa”, Cayetano Álvarez, que acudió con varios miembros de la Junta Directiva.
Tras una breve pero intensa negociación, ambas partes lograron finalmente un acuerdo. Los mineros se comprometieron a reanudar sus labores el sábado 21 de enero, ya que la jornada del día 20 no podía aprovecharse por falta de material disponible. Así se daba por finalizada una huelga que había mantenido paralizada la cuenca durante nueve días.
El acuerdo: bases de una paz social negociada
A petición del gobernador civil, las condiciones pactadas quedaron recogidas en los siguientes puntos:
Pago semanal, efectuado en la mina a la salida del trabajo.
Jornal de 3,5 pesetas para los picadores por cada día trabajado, con liquidación mensual para completar la remuneración correspondiente a su producción.
El carbón arrancado sería abonado al picador aunque no hubiera sido aún extraído al exterior.
Las tarifas de explotación se mantendrían según lo fijado por la empresa, pudiendo modificarse de mutuo acuerdo.
Los contratistas de arrastre tendrían un precio fijado por vagón, revisable según las labores.
El aumento de los jornales por administración sería consultado y apoyado por el director ante la compañía.
Los enganchadores y obreros del interior que trabajaran en zonas próximas a los pozos podrían subir y bajar en las jaulas.
Se instalarían faroles y escalones para facilitar la subida desde el pozo Peripecias, tal como recomendaba el ingeniero-director.
La valoración de las labores se ajustaría mensualmente según la dureza de la capa de mineral.
Contexto histórico y significado de la huelga
E l acuerdo reflejaba no solo la capacidad de negociación de las partes implicadas, sino también el contexto económico y social en el que se desarrollaba el conflicto. La Société Française des Charbonnages de Puertollano —empresa de capital francés, surgida de la fusión con compañías españolas y con la histórica Compagnie Française des Mines et Usines d’Escombreras Bleiberg, instalada en la localidad desde 1875— operaba en un escenario marcado por la complejidad del final del siglo XIX en España.
Varios autores denominan este periodo la quiebra del siglo XIX, caracterizado por tensiones económicas, concesiones privilegiadas a capital extranjero y un notable desorden estructural. La minería no fue ajena a estos fenómenos, donde convivían tendencias monopolistas, que ocultaban favores y privilegios, junto a un minifundismo especulativo e insolidario, que también afectaron a la cuenca de Puertollano.
La población de la localidad rondaba entonces los 10.500 habitantes, de los que unos 1.600 eran mineros, a los que se sumaban cerca de 1.000 trabajadores de fundiciones y empresas auxiliares. Es decir, gran parte de la vida económica y social dependía directamente de la minería, lo que confería a los trabajadores una notable capacidad de presión.
En ese contexto fue creciendo el asociacionismo obrero, cuyo embrión en Puertollano pudo estar en la sociedad benéfica La Esperanza, creada en 1894. Las primeras huelgas locales datan de 1881, anteriores incluso a la consolidación del sindicalismo organizado, que no se afianzaría hasta fechas cercanas a 1910. La Sociedad de Obreros Mineros “La Precisa”, protagonista de esta huelga de 1911, fue probablemente uno de los primeros exponentes sólidos de dicho movimiento.
Un modelo temprano de negociación
La huelga de enero de 1911 se convirtió en un ejemplo significativo de negociación tripartita: empresa, trabajadores y autoridades. El conflicto se resolvió sin violencia, a pesar de que en los años siguientes —y en otras regiones industriales como Cataluña— sí se registrarían episodios trágicos derivados de la conflictividad social. Incluso en Puertollano, aunque de forma aislada, se produjeron hechos violentos, como el atentado con bomba del 14 de octubre de 1913 contra el vehículo en el que viajaban René Lafleur y el ingeniero Francisco Fontanals, que resultaron heridos.
Sin embargo, estos hechos posteriores no deben oscurecer la memoria de la huelga de enero de 1911, que destacó precisamente por su capacidad de organización y por la ausencia de actos violentos.
Conclusión
La huelga de 1911 constituye un testimonio esencial del despertar del sindicalismo minero en Puertollano. Fue una movilización masiva, bien estructurada y pacífica, que evidenció la madurez de los trabajadores en sus reivindicaciones y la importancia de las instituciones como mediadoras eficaces.
Sirvan estas líneas como homenaje a aquellos mineros que, desde las entrañas de la tierra, contribuyeron a transformar la realidad social y laboral de toda una comarca.