Campo de Criptana ha sido el escenario este fin de semana de una jornada inolvidable para el baloncesto manchego. En un ambiente cargado de recuerdos, risas y camaradería, veteranos de los equipos de Campo de Criptana, Alcázar de San Juan, Ciudad Real, Valdepeñas y Puertollano se dieron cita para disputar un torneo donde el resultado quedó, intencionadamente, en un segundo plano. Lo importante era otra cosa: volver a encontrarse, compartir anécdotas y disfrutar del deporte que los unió hace décadas.
Desde el primer salto entre dos, se respiró un espíritu de compañerismo, respeto y nostalgia y algún que otro pique en cada jugada evocaba aquellos años de canchas llenas, entrenamientos interminables y rivalidades sanas que marcaron a toda una generación de jugadores.
Tras los partidos, el tercer tiempo fue el auténtico protagonista: comida compartida, anécdotas de antaño, fotos para el recuerdo y el firme compromiso de repetir la experiencia el próximo año.
Este torneo no solo ha servido para rendir homenaje a quienes dieron tanto por el baloncesto de la provincia sino también para recordar que el deporte, más allá de la competición, es un lazo que une para siempre.
Porque el resultado era lo de menos. Lo importante, como quedó claro en cada rincón del pabellón, era la convivencia, la amistad y el placer de volver a sentirse jugador, aunque solo fuera por un día.