Las Escuelas del Ave María en Puertollano y su final de tragicomedia

Un texto firmado por Javier Holgado Corral, que en realidad es un extracto de una publicación que hizo su padre, Joaquín Holgado Soliva, basándose en distintos datos que pudo ir recuperando de la familia Porras y del propio Registro de la Propiedad

Os ofrezco a continuación un artículo sobre la historia de las famosas Escuelas del Ave María, principalmente en lo referente a su viabilidad económica.

Un texto firmado por Javier Holgado Corral, que en realidad es un extracto de una publicación que hizo su padre, Joaquín Holgado Soliva, basándose en distintos datos que pudo ir recuperando de la familia Porras y del propio Registro de la Propiedad.

Debido a su extensión dividiré el artículo en dos partes, de las que está es la primera y más adelante llegará la segunda.

Pero ante todo quiero volver a agradecer a Javier Holgado la deferencia de darme la posibilidad de recordar esta interesantísima publicación que tuvo su última exposición pública en unas jornadas sobre la historia de Puertollano organizadas por la Asociación 'Portus Planus'.

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Auge y Ocaso de las Escuelas del Ave María en Puertollano 1916 - 1954 (I)

Un proyecto que partió con un noble y loable ideal, el destino le deparó un final propio de una tragicomedia

Sus Inicios

En 1916 un grupo de personas con inquietudes estaban convencidos de que el éxito en el futuro inmediato, tanto de Puertollano y sus gentes, como de la vida económica y social del pueblo, dependía de la formación de las personas, y por ello se arriesgaron para llevar a cabo tan ambicioso, y por qué no decir, aventurado proyecto.

La tarea que se impusieron no fue fácil: la escolarización de un pueblo minero, desconocido y aislado, pues hay que pensar que cuando en 1873 se descubren los yacimientos de carbón en Puertollano, la población vuelve a tomar otro auge, más industrial, pero que tampoco se materializaba en la escolarización, pues seguía existiendo mucha pobreza y todavía se recurría al trabajo antes que a la escuela.

En estos comienzos del siglo XX, Puertollano, con una población rondando los 10.000 habitantes, seguía careciendo de los medios tan básicos como eran la luz y el agua, y aunque ya existía el ferrocarril, las comunicaciones eran muy básicas y los medios de transporte los de uso popular, aún así, dichas personas decidieron con no poca oposición montar unas escuelas con el único objetivo de crear personas útiles a la sociedad mediante la formación, y en lo posible, aliviar la pobreza arropando a los más indefensos y desvalidos de la ciudad: los niños, que al no haber suficiente escolarización, a aquellos de menor edad se les utilizaba como peones para buscar y escoger carbón en las escombreras y su posterior venta a domicilio.

El aspecto y liderazgo del proyecto educacional lo dejaron en manos de la organización del Padre Manjón, fundador de la Escuelas del Ave María, dedicadas en un principio a la enseñanza elemental de niños marginados, y que supuso el desarrollo de todo un sistema pedagógico muy basado en las ideas de la escuela activa, que tanto eco tuvieron a finales del siglo XIX, con mucha influencia de las filosofías de Kant y Fichte, entre las que también cabe destacar el método Montessori aun existente en el mundo educacional. Estos fundadores españoles fueron pioneros de una pedagogía innovadora y genial en la España de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Sus características más destacables fueron:

– La educación mediante el juego y la práctica (enseñanza para la vida).

– Educación para todas las edades, sin rechazar a nadie.

– Educación de las actitudes y facultades.

– Educación al aire libre, siempre que fuera posible.

Andrés Manjón, de ideología católica y de vocación tardía, y que llegó a ser catedrático de Derecho Canónico del claustro de la Universidad de Granada de finales del siglo XIX, se oponía a la pedagogía tradicional laica y favorecía la enseñanza progresiva, creando entre 1889 y 1918 una extensa red de escuelas del Ave María y de centros de formación para maestros, que llegó a abarcar 36 provincias en el territorio español y casi 400 escuelas por todo el mundo, muchas de las cuales o la continuidad de sus proyectos aún perviven hoy.

Entre esas escuelas estuvieron o formaron parte las de Puertollano, pues efectivamente, tras los continuos contactos con la organización Avemariana en Granada de las personas que se pueden considerar como precursoras de este proyecto, y que formaban parte del núcleo industrial de la ciudad, como fueron José Díaz y Díaz (hijo de Romualdo Díaz Patón propietario de Casa Patón), con un papel destacado, Gregorio López Fernández y Jorge Alcántara, en septiembre de 1916 decidieron pasar a la acción, y después de varias reuniones y consultas consideraron la conveniencia de la creación de un Patronato, con el que pretendieron dar más solidez y uniformidad a las Escuelas. Dicho patronato lo constituían, además de las tres personas antes indicadas, Salvador Delgado Ureña, José Gil, Diego Cortés y José Perales.

El Desarrollo del Proyecto

No fue nada fácil la tarea en su inicio, ya que antes de haberse constituido el Patronato aparecieron las primeras voces en contra, y la desconfianza hacia los administradores: quiénes debían ser, el dinero que ello supondría, quién o quiénes avalarían esa locura - decían algunos - otros que sería la ruina del pueblo y de sus familias, pues se consideraba más beneficioso para la población y su futuro el trabajo en las minas y en las escombreras.

No obstante, y a pesar de esta oposición, se continuó con la idea de desarrollar este proyecto educativo, para ello el Patronato adquirió de su pecunio particular un extenso solar frente a los jardines de la Fuente Agria, donde pensaron construir el colegio, tanto para niños como para niñas. El terreno elegido lo fue tras adquirir varias parcelas que se conformaron en un polígono, justo donde hoy se encuentra las actuales Escuelas junto con el Mercado de Abastos, y delimitado por las calles del Ave María, San Feliciano y lo que en aquel entonces se denominaba Camino a la huerta de Raya, hoy calle Alejandro Prieto. La idea que concibió el Patronato era la de una finca donde poder instalar unas Escuelas dignas de tal, es decir, higiénicas, alegres y holgadas, alejadas del pueblo y sin salir de él, y es lo que se obtuvo con dicha parcela, que por aquel entonces estaban en pleno campo, de ahí el nombre que se les puso: Escuelas Campestres del Ave María.

Las trabas que hubo que superar fueron numerosas, incluso del propio Ayuntamiento, pues una parcela que el vecino Pablo González Bueno, difunto en aquel momento, vendió al Patronato, y localizada junto a la calle del Ave María, después de pagado el precio acordado, dijeron que su propiedad pertenecía, ya por anterior enajenación, al Ayuntamiento, quien se apropió de la misma quedándose acotada y fuera del terreno a edificar.

El proyecto constructivo era ambicioso, pues además de contemplar 8 pabellones para niños y niñas, y otras edificaciones de apoyo, incluía un gran salón de actos y capilla, además de viviendas para los profesores. En septiembre de 1917, la Junta del Patronato ideó una fórmula para financiar la construcción de las Escuelas, por medio de la creación de una asociación de padres de familia y el llamamiento a la población para que participara en una fórmula de préstamo, en realidad de un empréstito, de 50.000 pesetas representado por acciones/bonos o láminas de 500 y 100 pesetas, que indistintamente podrían suscribir los imponentes hasta cubrir dicha cantidad. La suscripción la podrían hacer en el establecimiento de D. Romualdo Díaz Patón, que se convirtió en la oficina administrativa de la Asociación. Las condiciones para tal empréstito fueron las siguientes:

• Las láminas o bonos devengarían un interés de 5% anual, que los poseedores cobrarían por semestres vencidos, en la primera quincena de los meses de julio y enero de cada año.

• La amortización de capitales se haría anualmente mediante sorteo de láminas, y en un plazo máximo de 10 años. La cantidad a amortizar anualmente sería la que permitiera el estado financiero de la asociación.

• El capital importe de este empréstito, así como sus intereses, quedaba garantizado con los bienes que pertenecieran a la asociación, y personalmente por los individuos de la Junta de Patronato que firmaban y autorizaban las láminas correspondientes.

• Transcurridos 10 años de la fecha de las láminas, los poseedores tendrían derecho a que a los firmantes de ellas les abonaran el importe de las mismas.

La llamada tuvo su éxito pues se logró completar el total de la emisión por muchos vecinos de Puertollano, incluidos los propios patronos, que solidaria y mancomunadamente garantizaban el empréstito.

Ya desde muy al inicio, se contó desde la matriz avemariana de Granada con el primer sacerdote educador que tuvo las escuela, y que fue su primer director, Laurentino San Juán, sobrino del fundador Andrés Manjón. Posteriormente, a finales de 1916 y principios de 1917, se fueron incorporando como profesores el sacerdote Feliciano Torca, y Doña Fidela tras la apertura de la escuela de niñas. La gestión por los miembros del Patronato fue intensa, para conseguir de la matriz de Granada que se incorporaran más profesores ante la afluencia de niños, aunque por falta de las obras de las escuelas, las clases se ubicaron en locales más o menos aptos o adecuados: Plaza de Toros, Calle Ancha y La Benéfica, aún así los patronos no cesaban en esfuerzos para dar mayor solidez y uniformidad a las mismas.

Las obras fueron avanzando, y en medio de la crisis económica producida por las salpicaduras de la 1ª guerra mundial, se logró ver construidos seis pabellones escolares, que no tardarían en estar rodeados de bosques, según lo permitía el desarrollo de los árboles plantados. Pero la exorbitante alza de precios en jornales y materiales de todas clases no posibilitó que las viviendas para el profesorado y el salón de actos, que había de servir al mismo tiempo de capilla, llegaran a construirse. Al llegar a los cimientos de las últimas obras al nivel del suelo, se habían gastado más de 100.000 pesetas.

"Fue una verdadera lástima que el salón se quedara solamente en proyecto. Sin vivienda para el profesorado se podría pasar; pero no disponer de un amplio salón donde verificar reuniones y reparto de premios, donde juntar a todos los niños, donde celebrar veladas y actos literarios, entre otras cosas, era un gran inconveniente; el salón de actos era el complemento de un Colegio de esta clase", decían la dirección de las Escuelas y los patronos.

Las Primeras Dificultades

La marcha de las Escuelas y su estructura organizativa continuó durante esos años. A lo largo de 1917 se fueron incorporando varios educadores, todos seglares, y proporcionados desde la matriz granadina; como fueron Victoriano Martínez, José Rojo; y para las clases de las niñas, las maestras Josefa Vera, María Marcos y Tomasa Martín. De tal forma que en 1919 las Escuelas contaban con un director y seis maestros.

El problema económico que subyacía, ya empezó a manifestarse en el tercer trimestre de 1919, donde las cuentas de ingresos y gastos ya acumulaban un saldo negativo de casi 93.000 pesetas. Ya hemos dicho que la llamada para financiar las obras de las escuelas tuvo un gran éxito, e incluso para los gastos corrientes del día a día había muchos benefactores, desde empresas a personas físicas: la Mina Asdrúbal, La Extranjera, San Francisco, que colaboraban desinteresadamente entre 40 y 100 pesetas mensuales, o el Conde de Valmaseda con 100 pesetas mensuales, y las personas del pueblo, Romualdo Díaz, Enrique Malagón, Eduardo Porras, Rafael Pasalodos y Alfredo Porras, entre otros, haciendo un total de 13 o 14 personas, que donaban mensualmente entre 5 y 10 pesetas. El total de estas donaciones resultaban unas 1.650 pesetas al trimestre. Los otros ingresos con los que contaban las Escuelas eran los provenientes de los padres de familia por la escolarización y asistencia de sus hijos; por aquel entonces se pagaba 5 pesetas al mes por cada niño y había unos 300, entre niños y niñas, con lo que resultaban una 4.500 pesetas al mes. El gasto corriente más elevado era el de la nomina del profesorado, que rondaba las 3.800 pesetas al trimestre, al que había que añadir la nómina del conserje, la limpieza, agua, luz, jornales de jardinería y otros, que dependido de cada trimestre rondaba entre las 800 y 1000 pesetas. Es decir, que trimestralmente la gestión de la tesorería podía generar un superavit de unas 1.500 pesetas, pero claro, también tenían que hacer frente a los intereses del empréstito emitido, y al sobrecoste de las obras de edificación, lo que finalmente llevaba a ese resultado negativo. También decir que a las familias pobres pero interesadas en escolarizar a sus hijos se les libraba de las cuotas mensuales, y que además hubo una clase nocturna gratuita para adultos, que durante seis meses del año (de octubre a abril) estuvo funcionando casi desde el inicio de la actividad escolar, cuyos gastos, desde el profesorado, la luz, el papel y otros muchos útiles, fueron costeados por el presupuesto de las propias Escuelas.

La situación de descubierto que presentaban las cuentas era soportada en su gran parte por los patronos, pues a pesar de que hicieron grandes esfuerzos para conseguir colaboraciones desinteresadas, como las antes indicadas en los ingresos corrientes, también hubo colaboraciones puntuales de otros ciudadanos como Felipe Lázaro, Enrique Martínez Pontrémuli y Clemencio López que donaron desde dinero a material para uso docente, o la de Modesto Arias que dio como donativo 250 pesetas del terreno que vendió con anterioridad a las Escuelas por valor de 2.000 pesetas y que correspondía a la parte norte de las mismas, ocupando parte de las calles Polvorín y la de los Cuarteles del Sr. Alcántara, aún así las cuentas no mejoraron.

Paralelamente, había una cierta oposición al proyecto por cierta parte de la población. Seguramente el hecho de que fueran ó tuvieran relación con una organización de índole católico-religiosa creaba algo de rechazo. Los detractores decían: “Siendo tantas pesetas que las Escuelas del Ave María adeudan ¿quiénes y cuándo han de pagarlas?”. Existieron reticencias en todos los órdenes no solo administrativos, sino también educativos y de comportamiento de los educadores, con el único objetivo de deslegitimar a las Escuelas.

En este entorno, al final del primer trimestre del año 1921, y manteniéndose las aportaciones desinteresadas de empresas y particulares que antes hemos citado, y con alguna más de benefactores anónimos, el déficit se mantenía, en este caso de unas 94.300 pesetas. Para el poder adquisitivo de esos años del siglo pasado, dicha cantidad era extremadamente elevada.

Javier Holgado Corral