Breve crónica de la regulación y comercialización del agua agria de Puertollano (1791-1882)

Un interesante texto de Julián Gómez

El Agua Agria de Puertollano no representa únicamente un símbolo de la identidad local, sino un valioso legado patrimonial cuya proyección mercantil, logística y medicinal fascinó a la geografía española mucho antes de la llegada de las grandes infraestructuras contemporáneas. A través de los recientes hallazgos en la prensa histórica y de las disposiciones oficiales recogidas en su expediente de protección patrimonial, es posible reconstruir con absoluta fidelidad y con todo lujo de detalles la evolución de su distribución comercial. Esta crónica, basada en la documentación que me ha proporcionado el bueno de Fernando Molina Ruíz-Zorrilla, detalla una auténtica epopeya que arranca a finales del siglo XVIII en las boticas de la capital, se consolida a través de la publicidad en los transportes decimonónicos y culmina en la estricta regulación de su explotación por parte del consistorio municipal.

1) 1791: La proeza logística y el pionero sistema de economía circular en Madrid

El primer gran hito de la comercialización documentada de nuestra agua se encuentra plasmado de forma nítida en las páginas del Diario de Madrid, concretamente en su número 148, publicado el sábado 28 de mayo de 1791. Los documentos históricos de la época revelan que, en aquel Madrid cortesano, el Agua Agria no se consideraba un simple recurso de consumo masivo. Por el contrario, era tratada como un selecto producto medicinal de altísima calidad terapéutica, despachada con celo en un punto neurálgico de la capital: la Botica de la calle del Carmen, una zona comercial clave para la salud en la Villa y Corte.

El anuncio original recuperado constituye una auténtica joya histórica y desvela detalles sorprendentes sobre su precio, los formatos de venta y un pionero sistema de retorno de envases:

- Formatos, Precios de Venta y Equivalencias Actuales: El agua se comercializaba rigurosamente embotellada para preservar sus cualidades. La botella grande, con una capacidad de media azumbre (lo que equivale exactamente a 1,01 litros en el sistema métrico actual, dado que la azumbre castellana completa es de 2,02 litros), se tasaba a un precio de 8 reales. Por su parte, el formato menor, de un cuartillo (que corresponde exactamente a la cuarta parte de una azumbre, es decir, 0,50 litros o medio litro actual), se fijaba en 4 reales y medio.

- El Retorno de Envases (Economía Circular): Mostrando una sensibilidad comercial y logística asombrosa para el siglo XVIII, el anuncio incentivaba explícitamente que los envases volvieran al sistema. Si el comprador devolvía la botella vacía a la botica, se le abonaban 12 cuartillos por la grande o 2 reales por la pequeña. Este sistema garantizaba la reutilización de los recipientes de vidrio y optimizaba la costosa cadena de suministro de la época.

Basta reconstruir las condiciones en aquellos momentos para valorar la magnitud de semejante proeza logística. En 1791, ante la total ausencia de redes ferroviarias o carreteras asfaltadas, el Agua Agria debía viajar desde Puertollano en carretas tiradas por mulas o bueyes, recorriendo caminos de tierra durante más de una semana. Tal y como se evoca visualmente en las recreaciones de la época que acompañan este texto, cada botella era protegida con esmero y envuelta en paja o tejidos para soportar el incesante traqueteo del viaje y llegar intacta a la capital. Este hito corrobora de forma incontestable que el prestigio de nuestra fuente no es algo reciente, sino un legado vivo que lleva fluyendo por España desde hace 235 años.

2) 1879: La evolución publicitaria y el icono del tranvía

Con el avance del siglo XIX, la apertura de nuevas vías de comunicación y la posterior llegada del ferrocarril a la comarca, los canales de distribución del agua se multiplicaron de manera exponencial. Para el año 1879, la estrategia comercial del agua de Puertollano dio el salto definitivo a los grandes soportes de la publicidad urbana masiva, buscando consolidar su consumo entre un público cada vez más amplio.

Un ejemplo emblemático e inolvidable de esta época  — rescatado visualmente en una histórica fotografia— nos muestra los tranvías de la época recorriendo las avenidas urbanas. Estos vehículos lucían en sus techos grandes letreros publicitarios con el reclamo: "AGUA PUERTOLLANO". De este modo, el Agua Agria se transformaba en una marca de consumo reconocida en los paseos de las grandes ciudades, cerrando un ciclo comercial que había comenzado casi un siglo antes de la mano de los arrieros y boticarios de la calle del Carmen.

3) La declaración BIC (2024) y el histórico pliego municipal de condiciones (1882 - 1981)

El reconocimiento institucional y definitivo de todo este valor patrimonial, antropológico e histórico se materializó formalmente el 19 de marzo de 2024, fecha en la que el Consejo de Gobierno de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha aprobó la declaración de la Fuente Agria del Paseo de San Gregorio como Bien de Interés Cultural (BIC), otorgándole la máxima protección jurídica bajo la categoría específica de «Monumento».

En los fundamentos históricos contemplados en dicha declaración oficial, se recuperan las ordenanzas institucionales que rigieron el uso de las aguas. Específicamente, entre los años 1882 y 1981, el Ayuntamiento de Puertollano impuso un férreo pliego para el arrendamiento de la fuente, regulando su comercio exterior y protegiendo los derechos de abastecimiento de la población local frente al aprovechamiento foráneo:

- Canon de Consumo para Forasteros: Se estipulaba la exigencia de cinco pesetas por temporada a los no domiciliados en el municipio que usasen el agua como bebida.

- Exenciones Sociales y Militares: 

Las clases vulnerables y los estamentos de defensa quedaban protegidos por el consistorio. Los militares y los considerados "pobres de solemnidad" estarían exentos del pago, debiendo acreditar sus condiciones y contar con la autorización del médico-director de los baños.

- Gratuidad y Derecho Vecinal: Los vecinos de Puertollano y los hacendados forasteros la disfrutarían gratuitamente. Para asegurar este derecho, el pliego obligaba a que el suministro libre se realizara a través de los dos caños destinados a ello.

- Regulación de la Exportación y Etiquetado: El arrendatario tenía derecho a recibir 30 céntimos por cada medio litro de agua (500 ml) que se sacara del término municipal. Sin embargo, la extracción debía hacerse obligatoriamente en vasos y botellas de cristal o vidrio con la etiqueta oficial: «Agua Acido-Alcalino-Ferruginosa de Puertollano». Las botellas debían estar tapadas y selladas con el sello del Ayuntamiento, por lo que el rematante debía adquirir obligatoriamente los medios necesarios para su embotellamiento.

- El Canon del Arriendo Anual: El precio del arriendo anual de la fuente se fijó en la suma de 4.000 pesetas. Este pago se realizaba de forma fraccionada en dos plazos los días 2 de octubre y 1 de abril respectivamente.

- Obligaciones de Mantenimiento y Personal: El rematante de la subasta tenía a su cuenta exclusiva el pago de un conserje y una limpiadora. Este personal era el encargado del servicio a los enfermos, así como del aseo y limpieza de la fuente.

Este pormenorizado recorrido histórico, que transita desde los laboriosos viajes en carreta de finales del siglo XVIII hasta su consolidación publicitaria en los tranvías de 1879 y su consagración institucional definitiva como Monumento BIC en 2024, demuestra de forma incontestable que el Agua Agria de Puertollano ha sido, es y seguirá siendo el auténtico motor líquido de nuestra historia, nuestra cultura y nuestro indiscutible orgullo puertollanero.

 

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