Hoy ha llegado hasta mí una interesantísima publicación del año 1885 titulada Memoria acerca de las aguas acídulo-ferruginosas de Puertollano, escrita con motivo de una disminución en el caudal de la Fuente Agria que alarmó a la población de la época. Un valioso documento que he podido escudriñar minuciosamente, gracias por otra parte a la generosidad de mi amigo Fernando Molina Ruiz-Zorrilla, y que me ha descubierto muchos aspectos que hasta ahora desconocía de nuestra querida Fuente Agria.
A continuación, doy paso al primer capítulo de las cinco entregas previstas, en las que desgranaré los pormenores de este histórico estudio, muchos de ellos prácticamente desconocidos.
La misión de 1884 en Puertollano
El verano de 1884 fue dramático para el porvenir de Puertollano. Una alarmante e inédita disminución en el caudal de la Fuente Agria y del Balneario encendió todas las alarmas de las autoridades sanitarias. Ante la gravedad de la situación, la Dirección General de Beneficencia y Sanidad nombró oficialmente a Sánchez y Massiá para que se desplazase a la localidad de forma urgente.
El ingeniero llegó a Puertollano en la tarde del 1 de agosto de 1884 con una clara misión: aforar las aguas, inspeccionar los terrenos y descifrar el misterio de la pérdida del caudal. Demostrando una gran sensibilidad humana y profesional, se coordinó con el Médico-Director del balneario, el doctor Fernando López García, bajo una premisa innegociable: sus experimentos no debían alterar el régimen terapéutico de los enfermos que acudían a curarse.
Pero Sánchez y Massiá no se limitó a medir temperaturas y presiones atmosféricas con sus termómetros y su barómetro aneroide; se sumergió en el archivo municipal, interrogó a los ancianos mejor informados y consiguió, gracias a Doña Antonia Arias (viuda de Mestre), un ejemplar de la rarísima obra Espejo cristalino de las aguas de España (1697), desenterrando los secretos que hoy dan cuerpo a esta crónica.
Biografía de Juan Sánchez y Massiá
Nacido en Ávila el 27 de enero de 1848 y fallecido en Madrid el 25 de febrero de 1908, Don Juan Sánchez y Massiá fue una de las mentes más brillantes de la ingeniería española de finales del siglo XIX. Con el rango de Ingeniero Jefe del Cuerpo de Minas, su trayectoria profesional estuvo marcada por la vanguardia y el rigor científico; de hecho, en 1892 formó parte de los primeros e históricos ensayos de instalaciones eléctricas con acumuladores en la capital de España.
Sin embargo, Sánchez y Massiá poseía además una clara vocación como publicista y divulgador, colaborando asiduamente en el Boletín Bibliográfico Español y en la prestigiosa Revista Minera y Metalúrgica. Esta faceta periodística le valió ser incluido por Manuel Ossorio y Bernard en su célebre Ensayo de un catálogo de periodistas españoles del siglo XIX. Su prosa, precisa pero dotada de un gran pulso narrativo, lograba transformar los fríos datos técnicos en crónicas de enorme valor histórico.
En breve, el segundo capítulo
Por el momento esto es todo. En el próximo capítulo, que publicaré en breve, les trasladaré lo que Sánchez y Massiá cuenta sobre el misterio de la mina cortada a pico en el manantial, el experimento sobrecogedor acontecido al desbaratarse la primitiva caja de madera y argamasa, y los intentos desde tiempos inmemoriales por perforar el secreto de nuestra Fuente Agria.