Te pasa mucho eso de que ver cómo familiares y amigos no posponen nada mientras que tú te cansas de repetir eso de “para el mes que viene”. Lo peor llega cuando te pones a analizar la situación y ves que sus ingresos son muy similares a los tuyos. Entonces, ¿dónde radica el problema si tampoco despilfarras?
En más de una ocasión has tenido que tirar de los préstamos online como los de [[enlace="https://avinto.es/" target=”_top"]][[/enlace]]. Estos ofrecen cantidades pequeñas (la primera hasta 300 euros) para salir del paso en ciertas situaciones puntuales que no puedes resolver de otra manera. Solucionarse, se solucionan, pero necesitas saber cuál es el secreto del éxito para reducir gastos mensuales.
Para no perder el control de tu economía existen una serie de consejos que siempre pueden resultarte de utilidad. Tener la disposición para el ahorro ya es el primer paso, así que ¡ánimo! Apunta cómo acabar fin de mes organizando tu contabilidad doméstica como todo un profesional de los números.
Luz, agua, internet, teléfono… lleva un control exhaustivo del gasto que tengas cada mes y muévete. Con el agua poco puedes hacer, pero con el resto de los suministros vete cambiando de compañía en función de sus precios. Las compañías de luz de precio regulado están por las nubes, así que curiosea el resto para ver cuál te viene mejor.
Aunque elijas una compañía con buenas tarifas, haz un consumo responsable y sensato. No dejes las luces encendidas innecesariamente, desenchufa los electrodomésticos si están apagados y apaga la calefacción si no estás en casa. Lo mismo sucede con el agua; eso de dejarla correr mientras no la usas tiene que pasar a la historia.
Si los electrodomésticos que tienes en casa son muy antiguos, quizá sea hora de cambiarlos porque cuanto más modernos, más eficientes son desde el punto de vista energético. Esto te ahorrará dinero a largo plazo. Si tu vivienda está preparada para la instalación de paneles solares, esa electricidad será la más barata para tu casa.
Siendo sinceros, este es el problema más sencillo de localizar y en cuanto se tengan controlados, se notará una mejora de la economía. Suministros a un lado, haz un recuento de lo que gastas al mes en alimentación, gasolina, ocio, ropa y cualquier variable que se te ocurra.
No te hace falta ser un profesional en la administración, te vale un archivo de Excel para tenerlos controlados o alguna aplicación tan de moda de esas que controlan los gastos. Si todavía no eres muy digital que se diga, siempre te quedará la libreta en papel, ¡todo vale para mantener los gastos a raya!
Para que la devolución de un préstamo no se convierta en un lastre, cancélalos siempre en los plazos de vencimiento. De lo contrario, entrarás en un bucle de comisiones e intereses del que es muy difícil salir y que, además, por Ley estás obligado a cumplir. Haz que pagar esa deuda concreta sea tu prioridad. Luego, vendrá todo lo demás.
Los préstamos online, mencionados al principio de este post, aligeran mucho las cargas financieras, pero hay que tener clara la devolución en los plazos establecidos. Deshacerse de una deuda en el primer momento que se pueda es la opción más sensata. Si después se quiere solicitar otro crédito, adelante, pero sin entrar en mora.
La jornada laboral, los hijos si es que tienes, las tareas domésticas… todo esto ocupa un tiempo valioso de tu vida y nunca te quedan ganas para cocinar. ¡Error! Además, no se te da bien la cocina y siempre hay pretexto para pedir comida a domicilio entre semana o salir el viernes y sábado.
Piensa que por poco que gastes, será menos si haces la comida. Planifica un día para cenar o comer fuera, mejor del fin de semana para marcar una distinción y que sea una especie de recompensa. Durante la semana, aprende unas cuantas recetas básicas y que no te lleven mucho tiempo y manos a la obra.
La reflexión después del impulso de compra ayuda. Asienta la cabeza preguntándote a ti mismo si eso que vas a adquirir es necesario es tu vida en estos momentos. Si es que no, ¿te hará más feliz? Si reitera el no, piensa 2 veces la necesidad de comprarlo si no te sobra el dinero.
Una buena técnica es la del reemplazo; por ejemplo, si compras unas zapatillas es porque vas a desprenderte de unas que ya no puedes usar por la razón que sea (se han roto, no te valen...) Si es para acumular, desde luego que no necesitas un par nuevo que ni siquiera te cabe en el armario.
Es muy difícil no caer en las tentadoras garras del consumismo, pero piensa que una cosa es consumir lo necesario y otra el consumo irresponsable en el que muchas veces se cae sin darse ni cuenta. Si a medida que has ido leyendo este post se te han ocurrido nuevas ideas para frenar tu gasto, no dudes en ponerlas en práctica.