La Pastora Marcela cobra vida para volver a reivindicar desde Almodóvar del Campo los derechos y las libertades de la mujer

En un exquisito acto de la delegación de AFAMMER con motivo del 8 de marzo
Foto de familia al término del acto el pasado viernes
Foto de familia al término del acto el pasado viernes

La delegación local de AFAMMER en Almodóvar del Campo, Asociación de Familias y Mujeres del Medio Rural, celebró el pasado viernes la quinta edición del homenaje con que viene rindiendo sentido homenaje a mujeres que han sido referentes en el municipio y en la comarca al hilo del Día Internacional de la Mujer que se conmemora el 8 de marzo.

Un evento que este año, como dijo la presidenta del colectivo, Carmen Cervera, rompía con la tradición de los nombres propios para dedicar un tributo colectivo a “la pastora del Valle de Alcudia”, en una cita que contó con el respaldo de un Teatro Municipal con lleno casi total, del Ayuntamiento y de los colectivos AMPACE y Balálita.

La cita, cuidada hasta el más mínimo detalle para que fuera toda una catarsis de memoria, arte y reivindicación social sobre los derechos de la mujer, sí comenzó con el repaso que presidenta y vicepresidenta, Aurora Rey, hicieron de ediciones anteriores y sus homenajes a las hermanas Puldain, María Teresa Villa, Luisa Boada o Francisca Rico.

Así se dio paso al elemento central del singular reconocimiento colectivo de este año, trazando primero el contexto histórico que situaba el origen del pastoreo en el Valle de Alcudia en el siglo XIII, bajo el impulso de la Mesta, y de quienes cuidaban los rebaños, una figura, a menudo analfabeta, pero de una sabiduría vital inmensa.

Figura que, en su más pura vertiente femenina, no solo cuidaba del ganado en los parajes adehesados, sino que fue el pilar silencioso que sostuvo el folclore, la gastronomía y la cría de los hijos mientras trabajaba la tierra de sol a sol, en condiciones extremas y sin más auxilio que la experiencia heredada, como recalcaron las anfitrionas de AFAMMER.

Y tras uno de las dos piezas que durante la velada interpretaron dos miembros de Balálita, por el escenario se fueron sucediendo el mismísimo Miguel de Cervantes que, interpretado por Jesús González, compartió con los asistentes el origen de su fascinación por la pastora Marcela, tal que un encuentro fortuito en la Fuente del Alcornoque, mientras se disponía a remojar unas migas junto a su amigo, el ventero Felipe Ferreiro.

Este último, por cierto, recibiría luego más adelante por voz de Carmen Cervera, un tierno recuerdo y a quien quiso calificar como “el último gran guardián del Valle de Alcudia”, un cervantista de alma, cuya leyenda sigue viva en los parajes de toda la comarca por cuanto así la defendió junto a su no menos emblemática Venta de la Inés.

Y tras los lamentos del pastor que no ve correspondido su amor por la protagonista de la noche, Crisóstomo, a quien daba vida Mari Ángeles Lajara y la ira de su amigo Ambrosio, encarnado por José Fernando de Gregorio, fue Marcela, la pastora cervantina a la que daba vida Andrea Muñoz, quien tomó el escenario tras atravesar la vereda central del patio de butacas al que irrumpió cantando su participar manera de concebir la vida

Su interpretación fue un alegato atemporal sobre la libertad, una defensa de su derecho, y el de toda mujer, a no ser propiedad de nadie, desmitificando el amor romántico como una imposición y reclamando la soledad de los campos como el espacio donde, finalmente, en su caso, ella sí pudo ser dueña de su propio destino.

La dimensión más artística y cultural tomó el relevo de la mano de Silvia Palmero, quien como presidenta de AMPACE quiso profundizar primero en cómo su abuelo, el maestro Alfredo Palmero, utilizó sus pinceles para inmortalizar esa misma libertad en la figura de Marcela.

Explicó que su retrato no es una simple estampa bucólica, sino una afirmación de la identidad propia de Marcela, de mirada intensa y firme que refleja una belleza consciente, no complaciente, capaz de elevar a la mujer rural a un icono de dignidad, siguiendo el espíritu con que AFAMMER quiso impregnar el homenaje a las mujeres rurales este año.

Silvia también defendió que, cuando un pueblo protege su legado artístico, como hacen en este caso el Museo Palmero y el flamante Centro Cervantino, preserva el pasado y, a la vez, construye el futuro, recordando que Marcela “nos sigue mirando desde el lienzo para advertirnos que la libertad femenina es una historia que se escribe cada día”.

En esa misma línea de empoderamiento, Rocío Santos, presidenta del grupo Balálita, cuyos compañeros Edicio Ruiz y Jacinto Monescillo fueron los intérpretes musicales del acto, aportó la visión más auténtica de la mujer rural contemporánea en una intervención llena de ejemplos de mujeres cercanas en su vida que rompieron moldes.

Reivindicó sus genes, heredados de mujeres que trabajaron dentro y fuera de casa mucho antes de que el actual concepto de “conciliación” existiera y definió a la mujer rural a través de tres pilares, “el tesón incansable”, “la resiliencia genética” como capacidad de transformar el dolor en un escalón para sobrevivir y, sobre todo, esa "semilla de libertad" que llevó a las mujeres a luchar por derechos.

Rocío hizo también un llamamiento claro en torno a la lucha por la igualdad, significando que no es un capricho del presente, sino un legado que se debe mantener con valentía.

Y el alcalde, José Lozano, cerró el bloque institucional con una intervención en la que quiso reconocer la labor de las mujeres como esas “raíces que fijan y retienen la población al territorio” y, desde su condición de hombre, pidió perdón públicamente por el olvido histórico que ha invisibilizado a la mujer en las tareas agrícolas y ganaderas.

Denunció la trampa del lenguaje que siempre dejó a la mujer en un segundo plano, calificando de “injusto” que se hablara de ellas como alguien que simplemente “ayudaba” en las tareas del campo, cuando, en realidad y como hoy se reconoce bien alto, era la titular del trabajo y el motor incombustible del hogar.

Con un firme compromiso, Lozano García aseguró que el Ayuntamiento tiene la obligación moral de retirar cualquier freno que impida a las mujeres, desde las hoy abuelas que vivieron la dureza del campo hasta las jóvenes emprendedoras que hoy asumen la cotitularidad de explotaciones, a poder desarrollar sus aspiraciones vitales.

El acto concluyó con una estampa de familia en la que, previamente, Carmen Cervera desveló un homenaje que no se había incluid en el guion para sorprender a que, tiene por su “aliada”, Aurora Rey Aragón, en un colectivo que tiene alcance comarcal y cuya masa social, tras siete años ya de andadura, suma casi 600 personas.

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