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El Museo fue creado definitivamente en 1941 por decreto ministerial gracias a la iniciativa del ministro de Educación, Ibáñez Martín, de Juan de la Cierva desde el Ministerio y Emilio Díez de Revenga, en su condición de presidente de la Cofradía de Jesús

Visita al Museo Salzillo de Murcia

Por José Belló Aliaga

La visita comienza en la plaza de San Agustín, la tradicional antesala de la iglesia y museo. Totalmente remozada por Yago Bonet, el arquitecto ha pretendido una regeneración del entorno urbano y remarcar el carácter representativo y ceremonial de un espacio que congrega una vez al año a miles de personas que se acercan a contemplar la formación del cortejo procesional y la salida de los pasos de Salzillo de la iglesia de Jesús.

El arquitecto ha incorporado la plaza como punto de partida del recorrido museográfico y al transformar el espacio en escenario de espectáculos efímeros y de tradiciones solemnes como son el canto de los auroros la tarde del jueves santo y la misma procesión barroca de la mañana siguiente. Sobre el pavimento de la nueva plaza se han incluido el farol y la campana, símbolos que portan los auroros.

Un azul añil decora ahora las paredes de iglesia y museo como reminiscencia del color de las antiguas casas murcianas y que parece cambiar según la tonalidad que tenga el cielo en cada momento, por lo general un brillante azul tostado por el intenso sol mediterráneo.

Recorrido por el museo Salzillo de Murcia

Recorrido interior

El arquitecto ha desmantelado por completo todo el interior del edificio de los años cincuenta y su anexo posterior para presentar un espacio majestuoso y muy bien iluminado gracias a sus lucernarios, que permiten un uso racional de la luz natural y la mejor estabilización de las condiciones de temperatura y humedad.

El edificio se ha puesto al servicio del proyecto museográfico, con un itinerario único, de arriba abajo, siguiendo los presupuestos lecorbusianos del Mundaneum con el objetivo de crear “el escenario de un teatro sacro como apoteosis escultórica”.

El recorrido comienza en la segunda planta, espacio destinado a la historia del museo, donde también se encuentra la biblioteca especializada en escultura barroca.

Exposición Salzillo, testigo de un siglo (2007)

Si por algo se ha caracterizado el año 2008 es por haber seguido inmerso en las obras de transformación y remodelación que se iniciaron con la exposición Salzillo, testigo de un siglo (2007).

Tras la celebración de la exitosa muestra se hacía necesario un cambio de discurso expositivo y la mejora de las condiciones de exhibición, de conservación, almacenamiento, investigación y difusión de la institución. Las obras, basadas en el proyecto del arquitecto Pablo Puente y de María Teresa Marín, comenzaron en julio de 2008 con algunas novedades como la introducción de un sistema de aire acondicionado y un montacargas, enriqueciendo las condiciones de conservación y exposición de los pasos en la iglesia de Jesús, así como la mejora de las comunicaciones del museo de cara al acceso de discapacitados y el traslado de obras de arte desde las zonas de depósito a las propiamente expositivas.

El proyecto de replanteamiento museográfico no solamente respondía a la necesidad de contar con mejores salas de almacenamiento y un nuevo espacio más apropiado para la realización de exposiciones temporales, sino también a la mejora de la presentación expositiva de la colección de Bocetos de forma individualizada y del Belén.

Éste último vuelve a tener su sentido narrativo original al disponerse en diorama.

Retratos de Salzillo

Un retrato de Salzillo, realizado por Juan Albacete, da la bienvenida a los visitantes. Académico e idealizado, el escultor es representado a la usanza del siglo XIX y sostiene en sus manos un pequeño boceto en barro. Estaría basado en el considerado tradicionalmente como autorretrato del artista, del que era propietario el Conde de Roche: un dibujo a lápiz en el que aparece todavía joven y de medio cuerpo y en el que, posteriormente, se habría añadido en la casaca la venera de la Inquisición. La Cofradía conserva una postal del fotógrafo Almagro de este retrato, que hace pareja con otro dibujo de Juana Vallejos, la esposa del escultor.

Retrato en la Biblioteca Nacional

Realmente el retrato más cercano a su tiempo se conserva en la Biblioteca Nacional y fue realizado por el pintor Joaquín Campos, contemporáneo de Salzillo y compañero suyo en la Escuela Patriótica de Dibujo. Lleva un pañuelo en la cabeza, un tocado a la usanza huertana y con lo que serían las ropas de taller, una versión hogareña del artista, anciano y enflaquecido, como la ha descrito Pardo Canalís.

Salzillo pintor

Una pequeña vitrina acoge algunas de las obras que, según la tradición, fueron pintadas por el propio Francisco Salzillo, entre las que se encuentra el autorretrato del escultor y de su esposa, el grabado de la Virgen del Patrocinio o el boceto de la Virgen de las Angustias de Lorca. En el grabado ya firma con la grafía Salzillo (con “z”), que volverá a utilizar más tarde.

Origen

El origen de este museo se remonta al siglo XIX. Por aquel entonces, la vida y obra de Francisco Salzillo se vieron pronto envueltas por leyendas populares propias del gusto romántico. Los turistas extranjeros hacían una parada obligatoria en la iglesia de Jesús donde se custodiaban los cada vez más famosos pasos realizados por el artista para la Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús, que los sacaba en procesión todas las mañanas de viernes santo, cumpliendo con una tradición originada en 1601.

Muchos de aquellos primeros turistas no dudaban en calificar de “museo” a la pequeña iglesia de planta central y esa impresión quedó recogida en el libro de visitas de la Cofradía, cuyas páginas conservan los comentarios de personalidades de la época como CanalejasPérez GaldósMariano Benlliure o Emilia Pardo Bazán. Ésta última sintió la necesidad de dar a conocer los escondidos tesoros de la ermita considerando que:

En esta ciudad donde se conserva el aspecto árabe, como ya no se puede encerrar a las mujeres a la usanza mora, se encierra y se esconde el arte. El arte debe ser de fácil acceso, para que eleve y mejore a los que lo contemplan”.

Estas bellas palabras, escritas en el álbum de firmas, venían a resumir el clamor general que durante varios años ya, pedían con urgencia la creación de un museo dedicado al escultor.

Tras la segunda mitad del siglo XIX y los tiempos de la desamortización, los pasos y la iglesia de Jesús fueron restaurados por los escultores Sánchez Tapia y Sánchez AracielJavier Fuentes y Ponte, erudito y académico, se encargó de elaborar el informe de una primera rehabilitación al ser firme partidario de transformar la iglesia en museo para mejor observación y estudio de las obras sin perjuicio de su uso devocional. También organizó diversas exposiciones temporales que posibilitaron un mejor conocimiento histórico-artístico del escultor.

La fotografía, medio revolucionario para la reproducción de obras de arte, también sirvió para la mejor difusión de las imágenes de Salzillo. De la mirada de fotógrafos como CliffordLaurent RoudeBolarínJuan AlmagroyBelda ya en el siglo XX, surgieron bellas imágenes que, en álbumes, colecciones de postales, recordatorios y esquelas, fueron circulando de mano en mano.

Primeros proyectos

Ya en el periodo entre 1909 y 1919 el político murciano Isidoro de la Cierva, promovió la creación de un museo, testigo recogido por la Cofradía, que encargó un primer borrador de proyecto al arquitecto José Antonio Rodríguez que no llegó a ejecutarse. La superficie prevista hubiese sido tres veces mayor que la actual.

Tras otros intentos fallidos en la II República, el Museo fue creado definitivamente en 1941 por decreto ministerial gracias a la iniciativa del ministro de Educación, Ibáñez Martín, de Juan de la Cierva desde el Ministerio y Emilio Díez de Revenga, en su condición de presidente de la Cofradía de Jesús.

Proyecto del Museo Salzillo de José Tamés propuesto en 1950

José Tamés Alarcón, arquitecto conservador de monumentos de la Dirección General de Bellas Artes, fue el encargado de realizar el proyecto en 1950, ejecutado por Eduardo Jiménez Casalins. Las obras consistieron en un edificio de nueva planta de tres pisos y la transformación de la iglesia para uso museístico. Ante el mal estado de su cimentación se consolidaron sus ocho pilares y se ensancharon las capillas, tras quitar los antiguos retablos. Desprovista de todo adorno se facilitaba la visita al público por su interior y la salida de los pasos para la procesión. Toda la iglesia estaba decorada con las pinturas de arquitectura fingida del italiano Paolo Sístori, pero ante el mal estado de algunas partes y por afán de homogenización se quitaron las de las capillas y el pintor Mariano Ballester rehizo las de la cúpula.

En 1956 Manuel Jorge Aragoneses fue designado asesor museográfico por el Ministerio de Educación, y el Belén, bocetos y otras obras de Salzillo y su escuela, depositadas en el Museo Provincial de Bellas Artes al nuevo Museo. El Belén, de más de quinientas piezas, fue instalado en un diorama de treinta metros lineales en una sala en forma de “L” que se iluminaba con luz natural cenital indirecta.

Abierto al público en 1960

En 1960, con el historiador Juan Torres Fontes al frente de la institución, el Museo Salzillo abría definitivamente sus puertas al público.

El Museo vio ampliar sus terrenos en la década de los años setenta, cuando se instaló en su frente norte la fachada renacentista del Palacio Riquelme, antes sito en la calle Jabonerías de Murcia.

Murcia Restaura

Ya en los años noventa, bajo la dirección de Cristóbal Belda, se llevó a cabo el programa Murcia Restaura, gracias al patrocinio de organismos públicos y de empresas privadas como la Fundación Cajamurcia que posibilitó la restauración completa de las colecciones museográficas. El Ministerio de Cultura se hizo cargo, a su vez, de las pinturas murales de la iglesia. Grandes exposiciones difundieron internacionalmente la obra de Salzillo y, del mismo modo, se puso en marcha el proyecto de rehabilitación y renovación arquitectónica que, finalmente, ejecutaría el arquitecto gallego Yago Bonet.

En esta intensa campaña de restauración, Murcia Restaura, fue crucial el patrocinio de la Fundación Cajamurcia, junto a entidades públicas como la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia y su Ayuntamiento. Estos años coincidieron con la dirección al frente del Museo del catedrático de Historia del Arte Cristóbal Belda Navarro.

Entre las exposiciones destacan la del Belén de Salzillo en el Palacio Real de Madrid, en 1998; y la exposición Fantasia Ispanica di Natale en 1999 en el Braccio di Carlomagno en San Pedro del Vaticano de Roma.

Siglo XXI

Bajo la dirección de José Cuesta Mañas (2000-2004) se llevó a cabo la remodelación del Museo Salzillo. El nuevo proyecto arquitectónico permitió incidir en la iglesia de Jesús como teatro sacro al poner en uso las tribunas con sus balcones abiertos para permitir al visitante vislumbrar desde lo alto la gran apoteosis que le espera al final del recorrido al contemplar las famosas escenificaciones pasionarias, en un efecto muy propio del barroco. Como señala el mismo arquitecto, el museo ha sido concebido como “/un itinerario en el tiempo y en el espacio, un laberinto de emociones, de memorias y de conocimientos/”..

El edificio fue inaugurado por la Infanta Cristina en octubre de 2002

La iglesia de Jesús, considerada como un joyero de esculturas desde el siglo XIX, sigue fascinando a sus visitantes y su esencia barroca ha quedado integrada perfectamente con la arquitectura de un nuevo milenio propuesta por Bonet, rica en líneas, vacíos, paredes blancas de estuco veneciano y, sobre todo, la luz, la gran protagonista. El edificio fue inaugurado por la Infanta Cristina en octubre de 2002, gracias al patrocinio de la Fundación Cajamurcia, la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia y su Ayuntamiento.

En 2009, según proyecto de Pablo Puente y de María Teresa Marín, se modificó el discurso museográfico, con nuevas secciones dedicadas a la rica historia de la cofradía de Jesús, a la obra desaparecida de Salzillo a través de la fotografía antigua y con la recreación de un taller barroco para la mejor comprensión de las técnicas de la talla de la madera. También cuenta con una nueva sala de exposiciones temporales y salas de depósito acondicionadas para las obras almacenadas.

En la actualidad, tras más de sesenta años de existencia, el Museo sigue en pleno proceso de renovación en su gestión y en sus instalaciones museográficas para hacer llegar al variopinto público que lo visita el arte de Francisco Salzillo.

Salzillo en Murcia

Ya en vida Francisco Salzillo fue considerado por sus contemporáneos como “celebrado escultor de España” y “escultor del mayor crédito de estos reinos”. Con su obra se cerraba el importante episodio de la escultura barroca española

La figura de Salzillo en Murcia irrumpía con fuerza tras más de un siglo y medio en el que la escultura había sufrido una gran fractura tras la desaparición de los grandes maestros del renacimiento. Tuvieron que venir artistas y obras de arte de otros lugares para que la escultura sufriera un nuevo impulso a finales del siglo XVII y comenzara a encaminarse hacia una edad de oro. Se importaron obras procedentes de Génova y Nápoles que arribaron por los puertos levantinos, como la Virgen de la Caridad de Cartagena y la Virgen de las Maravillas de Cehegín. El estraburgués Nicolás de Bussy, que trabaja en Murcia por estas fechas, traería consigo la expresividad del mundo centroeuropeo; el escultor de Capua, Nicolás Salzillo el optimismo vital napolitano y el marsellés Antonio Dupar la elegancia del clasicismo francés con sus formas delicadas y la calidad luminosa de sus colores. A la vez, buenos tallistas de retablos como los hermanos Caro estaban elevando en esos momentos el nivel artístico local.

El padre de Salzillo, Nicolás, llegó desde Nápoles a Murcia hacia finales del siglo XVII tras su etapa de aprendizaje en el taller de Aniello Perrone. Su legado más importante no fue sólo el ser responsable natural de la formación de su hijo sino también el haber puesto al alcance de su sensibilidad los logros del mundo napolitano, de maestros o escultores de su generación que trabajan en Nápoles a finales de siglo, como Patalano, Fumo y Colombo.

La escuela de escultura local se consolidaba definitivamente cuando en la Catedral de Murcia se derribaba el viejo pórtico renacentista y empezaba a acometerse el imafronte barroco de Jaime Bort.

En ese extraordinario ambiente de actividad artística irrumpió con fuerza la figura de Francisco Salzillo. Su vida y su obra alcanzaron pronto gran fama y fueron difundidas gracias al estudio realizado por Ceán Bermúdez en 1800, tan sólo diecisiete años después de la muerte del escultor.

Escultor plenamente identificado con el medio cultural y religioso que lo rodeaba

Los historiadores de la época de la Ilustración difundieron la imagen de un escultor plenamente identificado con el medio cultural y religioso que lo rodeaba y alabado por un público sencillo que se conmovía fácilmente y que pronto lo elevó a la categoría de genio. La imagen de genio aislado, no exenta de un halo romántico, le presentaba como un hábil artesano reducido a su ámbito local sin contacto con el exterior. Es a partir del trabajo de Sánchez Moreno, ya en 1945, cuando la figura de Salzillo es situada en su justo lugar y se rompe esa aureola de genio aislado en su medio natural. Actualmente la figura del escultor ha rebasado esos prejuicios, pues su obra da a entender que las raíces de su formación son mucho más amplias.

Biografía de Francisco Salzillo

Siempre se atribuyó a Ceán Bermúdez el honor de haber redactado la primera biografía escrita de Salzillo. Sin embargo, hoy sabemos que los datos facilitados por el ilustrado amigo de Goya tuvieron como fuente de información la que redactara el matemático murciano Luís Santiago Bado para la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Este personaje ilustrado coincidió con Salzillo en la Escuela Patriótica de Dibujo de la Sociedad Económica de Amigos del País, dirigida por el escultor desde 1779 hasta su muerte en 1783.

Francisco Salzillo nació el 12 de mayo de 1707 en Murcia, hijo del italiano Nicolás y de la murciana Isabel Alcaraz. De esta unión nacieron ocho hijos. Francisco era el mayor de los cuatro varones. Consta que fue bautizado en la iglesia parroquial de Santa Catalina de Murcia.

El niño creció entre los útiles del taller de su padre, realizó sus primeros estudios en el colegio jesuita de La Anunciata y se formó en el arte de la pintura con el presbítero Manuel Sánchez. En la escultura se reveló como un verdadero maestro del color, por lo que mostró la doble condición lograda por todo artista, la de ser “escultor de la pintura o pintor de la escultura”.

Según se viene aceptando tradicionalmente, ingresaría en el convento de los dominicos, permaneciendo allí hasta la fecha de la muerte de su padre, 1727, en que ha de hacerse cargo del hogar y taller familiar. Fuese novicio o no, lo cierto es que durante toda su vida fue un hombre bastante religioso, como queda patente en sus obras. Como lo relata Sánchez Moreno, “poco a poco, las enseñanzas prácticas aprendidas del progenitor y del clérigo Sánchez fueron convirtiéndose en geniales frutos escultóricos que acrecían y pregonaban la fama del apellido paterno hasta hacerla superior a la lograda por el finado D. Nicolás”.

Escultor y Modelista de la Ciudad

Relatan sus biógrafos que quiso marchar a Roma para perfeccionar su arte pero que hubo de desistir ante los ruegos de su madre. Un año después de la muerte de ésta, en 1745, se casa con Juana Vallejo, con la que tuvo una sola hija que los sobreviviera, María Fulgencia.

Fue Inspector de la Inquisición de pinturas y esculturas religiosas en el distrito de Murcia. En 1755 el Ayuntamiento lo distinguió con el título de Escultor y Modelista de la Ciudad. En 1763, a la muerte de su esposa, fundó en su propia casa una Academia particular, el precedente inmediato de la organizada por la Sociedad Económica de Amigos del País.

A lo largo de su vida tuvo multitud de encargos por todo el antiguo Reino de Murcia y fuera de él, por lo que su numerosa obra está repartida por las provincias de Murcia, Alicante, Albacete y Almería, pero, sobre todo, como reseña Sánchez Moreno, en “la ciudad en donde nació y trabajó hasta descansar en su suelo, gran museo de aquellas, distribuidas en iglesias y conventos”. En el taller trabajaron sus hermanos José, Inés y Patricio, José López y Roque López, éste último, su más afamado discípulo.

Sus patronos fueron fundamentalmente las cofradías religiosas, como la de Jesús en Murcia y la california en Cartagena. El aristócrata Jesualdo Riquelme le encargó el famoso Belén y, entre las órdenes religiosas, cabría resaltar a los dominicos y franciscanos, próximas a la familia de Salzillo. En el convento de Capuchinas es donde el escultor quiso ser enterrado, precisamente, con el hábito de San Francisco, al producirse su muerte en 1783. Su entierro constituyó una manifestación popular de duelo.

Como señala Pardo Canalís, su biografía nos revela “un hombre fervoroso, trabajador infatigable, amante de su hogar y apasionado de su vocación de artista (…) Feliz en su rincón, ni envidiado ni envidioso, desligado de intrigas y ambiciones”. Esa es, ciertamente, la imagen tradicionalmente transmitida desde los tiempos de Bado.

El Belén de Salzillo

Encargado por el noble murciano Jesualdo Riquelme en 1776, este Belén de 556 figuras inmortalizó la Murcia del siglo XVIII a través de sus protagonistas.

En este universo popular, el artista supo intercalar de forma magistral la tipología rural española dieciochesca, compuesta por gañanes, vendedores ambulantes, músicos callejeros, mendigos, campesinos, ganaderos, cazadores, con la delicadeza y solemnidad de los episodios bíblicos.

Las fisionomías, los personajes, las formas de vestir, los oficios, el gran realismo de sus gestos y expresiones, se reunen y muestra al visitante un espectáculo visual dificil de olvidar.

El Belén fue realizado por Francisco Salzillo entre 1776 y 1783 y completado por su discípulo Roque López y su taller. Quedaría concluido en 1800.

Realizado en la última etapa de la vida del escultor, esta magna obra es fundamental en su producción. Si los pasos para la Cofradía de Jesús estaban pensados para salir a la calle y manifestaban una religiosidad muy peculiar que se traducía en determinados colores, gestos y movimientos corporales, el Belén es una obra que da paso a otra nueva forma de contemplación, en un escenario más reducido y ante un tiempo más festivo como era el de la Navidad.

Técnica

Las figuras tienen un tamaño de unos treinta centímetros y están modeladas en arcilla, pero también las hay en madera, con lienzos y telas encoladas. Están ricamente policromadas, incluso directamente sobre la arcilla, con un modelado menudo, ligero y preciosista dentro de la tradición rococó.

El color es un instrumento jerarquizador y los pinceles de distinto grosor permitían transitar desde la suavidad de las sedas a la tosquedad de los tejidos de los pastores. El rayado del estofado da un aire de suntuosidad a mantos y túnicas de las figuras sagradas. Predominan los azules, rojos y verdes, combinados con los oros. Los ángeles son las figuras más elegantes, como el Ángel de los Celos (Sueño de San José), síntesis perfecta de plástica y color en los que la silueta traduce una sensación de inmaterial levedad.

Autoría

Salzillo dio las directrices básicas para la culminación del conjunto y realizó los Misterios principales. A una primera fase, entre 1776 y 1783 corresponderían los grupos de la Anunciación, Sueño de San José, Posada, Lectura del romance, Anuncio a los Pastores, Nacimiento, Cortejo de los Reyes Magos, Camino del Templo, Purificación y Huida a Egipto.

A la muerte de Salzillo, en 1783, Roque López tomó la responsabilidad de la finalización del Belén, hasta que, en 1798, cuando muere Jesualdo, ya estaba hecha la guardia herodiana y el palacio de Herodes. A partir de 1800 hizo el grupo de La Degollación de los Inocentes.

Es difícil determinar las colaboraciones y niveles de responsabilidad de los miembros del taller de Salzillo. La fuente documental más importante para calibrar esta cuestión es el protocolo de Atienza o inventario realizado tras la muerte de Jesualdo Riquelme en 1798 por Roque López y el pintor Joaquín Campos. Allí se citan a artistas como José López y Pedro Collado, el carpintero que realizó el Pórtico del Nacimiento.

Amplia galería de tipos humanos

En el Belén convive una galería muy pintoresca de personajes contemporáneos a Salzillo, presentes en la pintura costumbrista, los tapices y en el mundo castizo de comedias y sainetes. En este universo popular conviven los rudos pastores y gañanes con la refinada nobleza local. Contrastan las actitudes solemnes y graciosas de los pajes, con sus coloridas libreas, medias de sedas y elegantes sombreros frente a las rudas pieles de los pastores o los harapos del lazarillo. Y junto a ellos se hacen presentes los delicados seres sobrenaturales, como los movidos ángeles o los personajes sagrados, con sus túnicas siempre ricamente estofadas y doradas.

Se muestran en el Belén una amplia galería de tipos humanos, con retratos increíblemente realistas a pesar del tamaño menudo de las figuras, en un diverso muestrario de gestos, como el estrábico y moreno posadero, o los campesinos que escuchan atentamente el romance o el mensaje que anuncia el Nacimiento de Jesús, el Ciego tocando la zanfona mientras parece ser burlado por su lazarillo y su simpático perrito, el viejo del calentador, de rostro sereno frente a los trágicos rostros de las madres que defienden a sus hijos… Retratos de una época que traducen costumbres y tradiciones, como el Desollador viejo del grupo de los carniceros, los Músicos, Cazadores… Cuenta Ceán Bermúdez que Salzillo daba cobijo en su casa a mendigos a cambio de que posaran para él. No extraña por tanto que el Belén sea así un espejo de las costumbres contemporáneas, un rico muestrario de oficios y temperamentos que estudió del natural, así la Vieja con la cesta de huevos, el pastor con la aceitera y la vinagrera.

Gran variedad de trajes

Hay una gran variedad de trajes, desde los típicamente locales, de lisos jubones o bordados guardapiés, como se ve en la Degollación de los Inocentes, hasta en las brillantes armaduras de la soldadesca romana. Del mismo modo el Belén está poblado por toda una extraordinaria variedad de la fauna existente en la zona, como las aves migratorias que anidaban en el Mar Menor, los diferentes tipos de toros, cabras, ovejitas…

Salzillo se basa en los evangelios de San Mateo y San Lucas y respeta escrupulosamente la cronología desde la Anunciación hasta la Huida a Egipto. En una secuencia continua sus principales protagonistas ocupan el lugar que les corresponde en la narración mientras el resto de los elementos podían cambiar de emplazamiento.

El Palacio de Herodes

Como fondos están las impresionantes arquitecturas como el Palacio de Herodes, verdadero trasunto de toda la arquitectura palaciega del momento. La casa de María es la vivienda típica de la Murcia del XVIII, la de Santa Isabel, una casa de huerta. Para el Nacimiento se escogió un pórtico en ruinas y para el templo de Salomón, el carpintero Carrión, la familia que tradicionalmente ha custodiado los pasos de Salzillo, ideó este precioso templete de planta centralizada basado en San Pietro in Montorio de Roma. De la casa de María se han conservado incluso este preciosista mobiliario rococó que debió insertarse en el Belén durante el siglo XIX.

Este impresionante conjunto se configura así como el mejor exponente del Belén español del siglo XVIII.

Moldes

El Museo Salzillo también es propietario de los moldes de algunas figuras del Belén y que realizaron José Nicolás Almansa y varios colaboradores, entre los que se encontraba Pedro Chico. El encargo fue realizado por Manuel Guillén Cerezo y de él se hicieron tres copias. Una de ella es propiedad del Ayuntamiento de Murcia.

Pinturas de Paolo Sístori

A través de los balcones de las tribunas, abiertos tras la remodelación del museo, el visitante puede contemplar las pinturas murales realizadas en 1792 por el pintor milanés Paolo Sístori, gracias al último Bailío de Lora de la Orden de Malta, que costeó varias remodelaciones, como la misma apertura de las tribunas.

En realidad, el aspecto actual de las pinturas de Sístori está prácticamente modificado, después de las diferentes reparaciones del siglo XIX, con las intervenciones de Carlos Marín en 1866, Mariano Ramón en 1894 y, sobre todo, la de 1955 tras las reformas arquitectónica de la iglesia. La última restauración ha sido llevada a cabo por el equipo de Juan Ruiz Pardo, del Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura en dos fases, entre 1996 y 1998.

Los pasos

Los pasos que Francisco Salzillo hiciera para la Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús son conservados y venerados en la iglesia primitiva del mismo nombre. En cada capilla se sitúa un paso que representa una escena de la Pasión, un Misterio, como tablaux vivants de cada uno de los episodios acaecidos hasta el camino del Calvario.

La Cena. El paso de la Cena nos lleva al Evangelio de San Juan, cuando Cristo anuncia la traición y, con sus palabras crea un clima de estupor, un juego de tensiones y expresiones en cada uno de los apóstoles en torno a la mesa.

La Oración en el huerto. El paso de la Oración es uno de los conjuntos más representativos del barroco español, por su calidad y novedad compositiva e iconográfica. Recoge el momento en que Jesús se retira con Pedro, Santiago y Juan al huerto de Getsemaní, y es consolado por un ángel con las alas aún desplegadas que acaba de posarse en la tierra.

El Prendimiento. El Beso o el Prendimiento está compuesto por dos escenas fundamentales. La primera representa a un Judas infiel, de rasgos demoníacos, como es propio de la fisiognomía moralizadora del barroco, que besa a un Cristo majestuoso y sereno. En la segunda San Pedro ha derribado a un suplicante Malco.

Los Azotes. El de la Flagelación o Azotes fue realizado por Salzillo en 1777, al final de su vida. La serenidad de la figura de Cristo contrasta con la brutalidad de los sayones.

La Verónica. Como dama contemporánea el canon es el propio de Salzillo, de acuerdo a una estructura dimensional de la imagen resuelta en proporciones medianas, un módulo propio de la cultura rococó. Artistas murcianos han ido regalando paños a la Verónica a lo largo del tiempo.

La Caída. Fue encargada por Joaquín Riquelme a Salzillo en 1752. Fue el paso que definitivamente convenció a la cofradía de la necesidad de la renovación de todo el cortejo escultórico. Su éxito se explica por su difícil composición, eje lateral, fuerte expresividad y movimiento, así como por la gran calidad de las figuras.

San Juan. Es el modelo ideal de la escultura barroca española del siglo XVIII por su perfecta unidad de forma y color y fue ejecutado como La Verónica en torno al año 1755.

La Dolorosa. Fue realizada en 1756. Es una imagen de vestir, por lo que Salzillo se concentró en el rostro, que debía expresar el profundo dolor y amargura ante el destino. Con sus brazos abiertos, mirada desconsolada dirigida hacia el cielo, pálidas carnaciones y lágrimas de cristal, se acentuaba el dramatismo de la figura.

Nuestro Padre Jesús Nazareno. Es el titular de la Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Según la tradición fue traída de Italia por el padre agustino Butrón y su origen ha estado siempre envuelto de leyenda. Es, por tanto, la única imagen que no pertenece al maestro Francisco Salzillo.

José Belló Aliaga

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Entrada al Museo Salzillo
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Campana, símbolo de los Auroros, en el pavimento de la plaza de San Agustín
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Vestibulo inferior, entrada al Museo Salzillo
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Vestibulo superior, inicio de la visita
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Proyecto del Museo Salzillo de José Tamés propuesto en 1950
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Inauguración del Museo Salzillo en 1960
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Juan Torres Fontes enseñando el Belén de Salzillo
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Instalación de la fachada del Palacio Riquelme en el Museo Salzillo en la década de los setenta del siglo XX
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Croquis del Museo Salzillo realizado por el arquitecto Yago Bonet
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Retrato de Salzillo, por Juan Albacete
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Retrato de Francisco Salzillo por Joaquín Campos (Biblioteca Nacional)
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Imagen del Belén de Salzillo, detalle del Nacimiento
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Imagen del Belén de Salzillo, detalle de un pastor
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Imagen del Belén de Salzillo, detalle de un palafrenero del cortejo de los Reyes Magos
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Palacio de Herodes del Belén de Salzillo
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Portada de la iglesia de Jesús (siglo XVII)
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Sala del Belén
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Pinturas de Sístori, vista desde la Sala de Tribunas
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Interior, Sala de los Bocetos arriba y Sala del Belén abajo
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Sala de Tribunas
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Túnica Sala de Tribunas
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Belén Napolitano del Siglo XVIII
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Recreación de un taller de escultura
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Sala de bocetos
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Niño de pasión
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El paso de la Cena
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El paso de la Caída
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