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Abrió sus puertas el 18 de mayo de 1999

Visita al Museo de la Ciudad, de Murcia

Por José Belló Aliaga

El edificio del Museo de la Ciudad se sitúa en un lugar privilegiado, junto al Convento de las Agustinas, Museo Salzillo, Museo Taurino, Centro Regional para la Artesanía y Jardín del Salitre.

Los contenidos están dispuestos en cada sala de izquierda a derecha siguiendo un orden cronológico, de manera que, en su recorrido, el visitante pueda descubrir la evolución histórica de la ciudad.

Recorrido por el Museo de la Ciudad, de Murcia

El edificio

El Museo de la Ciudad de Murcia está ubicado en la antigua casa de la familia López Ferrer. Los antecedentes del edificio se sitúan en el siglo XVI, cuando don Gil Rodríguez de Junterón, secretario del Papa Julio II y Arcediano de Lorca, mandó construirla. El aspecto que tenía en aquel tiempo, con sus torreones, sirve de emblema al museo. Ya en el siglo XIX la casa fue modificada, conservándose hoy su fachada amarilla con seis balcones y su gran puerta central. El edificio posee en su parte posterior un huerto de origen hispano-musulmán, el antiguo Huerto Cadenas, regado por las aguas de la acequia Caravija.

La llamada Torre de Junterón, del siglo XVI, se remodeló en 1868. Ese año se sustituyeron las torretas del segundo cuerpo y se abrió una puerta hacia el huerto situado en la parte posterior de la casa. El edificio pasó a ser de titularidad municipal en 1987 y poco tiempo después fue remodelado y acondicionado para albergar el Museo de la Ciudad, que abrió sus puertas el 18 de mayo de 1999.

Planta baja

En la planta baja empezamos por conocer el espacio natural en el que se creó y fue desarrollándose la ciudad. El valle medio del río Segura, circunscrito entre la sierra de Carrascoy-El Valle y la costera norte, ha sido lugar de diferentes asentamientos desde época prehistórica; de hecho, tenemos constancia de la presencia humana ya en época argárica. Sin embargo, no será hasta el siglo IX cuando podamos hablar de la ciudad de Murcia, fundada bajo dominio musulmán, así como del nacimiento y desarrollo del sistema de regadío y de la huerta. En esta sala alcanzamos el siglo XIII, un momento de cambios profundos con la conquista castellana. Dos maquetas centrales nos ayudan a entender el entorno geográfico de Murcia y la configuración de la ciudad en época andalusí.

La creación de la ciudad y de la huerta

Murcia, la Mursiyya musulmana, fue fundada por Abderramán II el domingo 25 de junio del año 825. El objetivo del emir de Córdoba era dominar el territorio de Tudmir desde el centro del valle, junto al río y en un cruce de caminos secundarios entre Cartagena y el centro de la Península, y entre Levante y el sur. Algunos historiadores apuntan la posibilidad de que ya existiera un pequeño lugar poblado en esta zona, cuyos orígenes se remontarían a una villa romana denominada Murtia por la existencia de humedales y de gran cantidad de mirtos.

Desde ese momento Murcia fue configurándose como una ciudad musulmana más dentro de la organización administrativa de al-Andalus. Estaba dotada de murallas, mezquitas, alcázares, baños, talleres, tiendas, cementerios, alhóndigas… Murcia floreció al compás de su huerta, un espacio económico, cultural y social que fue creado por la puesta en cultivo del territorio circundante gracias a una extensa red de acequias, que tienen su nacimiento en el paraje conocido como la Contraparada, entre las actuales pedanías de Javalí Nuevo y Javalí Viejo. Desde allí, las acequias mayores Alquibla y Aljufía despojan al Segura de parte de su cauce para regar uno de los territorios más fértiles de España.

El glorioso reinado de Ibn Mardanish

Del periodo andalusí, la historia de Murcia ha reservado un espacio esencial a Ibn Mardanish, el llamado Rey Lobo, uno de los personajes más destacados del panorama político peninsular durante el siglo XII. Su reinado, entre los años 1147 y 1172, supuso una etapa de esplendor socioeconómico y cultural para su capital, Murcia. Cincuenta años antes, en 1091 las tropas almorávides del norte de África entraron en la Península y conquistaron fácilmente todo al-Andalus, incluido el reino murciano hasta la desintegración de su imperio. Ya en la centuria siguiente, los Banu-Tahir siguieron siendo los jefes políticos de la ciudad, pero tras la conquista de Murcia por las tropas del rey zaragozano Ibn Hud, es Ibn Mardanish quien asume el gobierno.

Con Ibn Mardanish, Murcia vivió durante 25 años su momento histórico de mayor esplendor. Fue sin duda quien llevó a cabo los más ambiciosos proyectos para construir fortalezas, palacios y residencias a la medida de su prestigio y poder. Buen ejemplo de ello lo encontramos en los restos del palacio llamado Dar al-Sugra, construido en el arrabal de la Arrixaca, hoy Museo de Santa Clara.

En la huerta, a escasos kilómetros de la capital, mandó levantar el Qasr ibn Sad, hoy conocido como Castillejo de Monteagudo, muy vinculado al castillo del mismo nombre, del cual conservamos en el Museo el arranque de un arco con distintos tipos de decoración en yeso. Precisamente en tiempos del Rey Lobo, nació en Mursiyya el que habrá de ser uno de sus hijos más ilustres: Mohidin Ibn Al-Arabí, el célebre Abenarabi. Se trata de un místico, poeta, filósofo y teólogo que nació en nuestra ciudad en 1165 y murió en Damasco en 1240. De Abenarabi se conserva una obra literaria compuesta por cerca de cuatrocientos títulos, algunos de los cuales influyeron en autores posteriores como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús.

El reinado de Ibn Mardanish concluyó con el asedio de las tropas almohades, que poco a poco se hicieron fuertes en todo al-Andalus. Antes de morir, el propio Rey Lobo recomendó a sus descendientes que trataran de pactar una rendición ventajosa con los líderes enemigos.

Planta primera

En la primera planta se muestran las transformaciones que experimentó la ciudad desde el reinado de Alfonso X el Sabio hasta el XVIII, así como otros elementos fundamentales de su historia, como la trascendencia del cultivo del esparto y de la seda, el cambio de patronazgo cristiano, el escudo de la ciudad o la convivencia de la vida urbana con la rural, materializada en el entorno de la huerta.

Uno de los hechos curiosos sucedidos a finales del siglo XVII es el cambio de patrona: la Virgen de la Fuensanta sustituye a la Virgen de la Arrixaca.

Como complemento del discurso cronológico, en esta planta cuentan con dos salas temáticas: la de Alfonso X está dedicada a la figura del rey Sabio y a su relación con Murcia, mientras que la Sala del Imafronte profundiza en el lenguaje artístico y en el mensaje histórico de la fachada principal de la Catedral de Murcia. Además, en esta planta se ubica una de las dos salas para exposiciones temporales con las que cuenta el Museo.

La transformación de la ciudad en el siglo XVIII

La historia de la ciudad de Murcia en este siglo encuentra a sus personajes más significativos en la religión con el obispo Belluga, en la política con el conde de Floridablanca, y en el arte con Francisco Salzillo. El primero de ellos ejerció una extensa labor benéfico-social y se convirtió en el defensor de Felipe V en la disputa por la sucesión a la Corona Española tras la muerte de Carlos II. Por esa lealtad murciana capitaneada por Belluga, Felipe V le concedió a la ciudad la séptima corona de su escudo y un león con una flor de lis en el centro rodeada por la leyenda «Priscas Novissima exaltat et amor» -la última corona exalta el amor con el que fueron concedidas las anteriores-.

En cuanto a don José Moñino, el popular conde de Floridablanca y ministro de Carlos III puso todo su empeño en llevar a cabo mejoras urbanas, lo que facilitó la renovación y el engrandecimiento de la ciudad. En esos años se proyectó la Plaza de Camachos con plano de remodelación de Jaime Bort, aunque luego se modificó en la práctica; también se construyó el puente de piedra -hoy, Puente Viejo- con diseño de Toribio Martínez de la Vega; se completaron las obras del Reguerón, nombre que recibe el río Guadalentín o Sangonera a su paso por la huerta de Murcia, para desviar sus avenidas y llevar su conexión con el Segura aguas abajo de la ciudad; se efectuó el empredado de calles, el alumbrado público y la mejora de los caminos de la huerta y los que dan acceso a la ciudad… Pero quizá las dos obras de más envergadura fueran la construcción de un nuevo Palacio Episcopal en 1748, y la del nuevo imafronte de la Catedral en sustitución de otra fachada del siglo XVI que amenazaba ruina.

No podemos olvidar las casas y palacios que se van construyendo por las «estrechas, pero cuidadas calles», como por ejemplo el Palacio de los Fontes, actualmente sede de la Confederación Hidrográfica del Segura, el Palacio Fontanar y el de los Fajardo, derribado para apertura del Paseo Alfonso X el Sabio. Por otro lado, en el aspecto económico del siglo XVIII hay que destacar el incremento espectacular de la crianza del gusano de seda, lo que facilita la correspondiente industria, aunque la actividad prioritaria sigue siendo la agricultura.

Francisco Salzillo, el genio creador

Por último, hay que mencionar a Francisco Salzillo (1707-1783) escultor e imaginero barroco de relevancia internacional cuya obra se conserva en el Museo del mismo nombre. De sus afamados trabajos destaca el Belén de más de 500 piezas que hizo para Jesualdo Riquelme Fontes, así como los pasos procesionales que se pueden contemplar por las calles del centro de Murcia en la mañana del Viernes Santo. En el Museo de la Ciudad se puede conocer cuál es el proceso de elaboración de las figuras de belén, artesanía que desde aquella primera iniciativa de Salzillo ha perdurado en algunas pedanías murcianas como Puente Tocinos y Alquerías. El Museo además expone las piezas más conocidas de la copia que José Nicolás Almansa hizo del belén de Salzillo.

El recorrido por la sala termina con el «rincón del tinajero» en el que presentamos la colección etnográfica de José Alegría, una colección de loza y mobiliario del siglo XIX, además de hacer referencia también a las graves riadas que asolaron la huerta murciana, como la de Santa Teresa en 1879, y al regalo que hicieron los valencianos a Murcia por el apoyo que se brindó a Valencia en una terrible riada en los años 50 del siglo XX: una copia de la Virgen de los Desamparados, patrona de la ciudad de Valencia.

Planta segunda

La segunda planta del museo está dedicada a la Murcia de los siglos XIX y XX e incluye dos salas temáticas: una se centra en la artesanía del belén y la otra en la industria conservera y del pimentón. La maqueta de la sala central sirve para que el visitante pueda conocer los edificios más relevantes del siglo XIX y el enorme desarrollo urbano de la ciudad durante los últimos 50 años. Las fiestas más populares, como la Semana Santa, El Entierro de la Sardina y el Bando de la Huerta, una selección de piezas escultóricas o algunos ejemplos de arquitectura contemporánea, junto a otros hechos destacados del siglo XX, completan el discurso.

Cambios y evolución urbana de la ciudad de Murcia

El Siglo XX

El crecimiento que la ciudad iba cobrando en el siglo XIX con la regulación de las cuencas fluviales y el derribo de la muralla medieval que permitió la expansión de casco urbano, no tuvo continuidad al ritmo esperado a comienzos del XX. Si bien es cierto que el Plan General de Obras Públicas produce el ensanche y adoquinado de cuatro de los principales accesos a Murcia: Alcantarilla, El Palmar, Espinardo y Monteagudo. El alumbrado eléctrico, el teléfono y líneas regulares de autobús mejoraron las condiciones de vida algunas pedanías.

En este ambiente de renovación surge la invención del autogiro, por obra del ingeniero murciano Juan de La Cierva.

Tras la guerra civil se produce un cambio en la forma de vivir, de la mentalidad ciudadana, lo que en otro sentido supone la modificación de la imagen dieciochesca que hasta entonces había conservado Murcia.

Se fundan centros de enseñanza como la Escuela de Comercio, el Conservatorio Profesional de Música, la Escuela de Arte Dramático la Escuela de Maestría Industrial y cuatro grupos escolares. (ilustran está etapa diversos instrumentos procedentes del Instituto Alfonso X el Sabio).

En 1915 se crea oficialmente la Universidad Literaria que convierte a la ciudad en cabeza de distrito universitario. En este siglo aparecen también el Centro de Edafología y los Museos de Bellas Artes, Arqueología y de Salzillo.

Mediado el siglo grandes avenidas dan la posibilidad a la ciudad de expansionarse a través de la Gran Vía, Ronda Norte y Ronda de Levante.

El centro comercial y económico cambia y se traslada desde las muy tradicionales calles de Trapería y Platería hacia la Gran Vía. La apertura de esta avenida supuso la destrucción de los Baños Árabes de la Calle Madre de Dios.

La ciudad mira hacia el futuro, «desde sus nuevos puentes» obras de Javier Manterola y Santiago Calatrava, desde el nuevo Auditorio y Centro de Congresos, así como desde el edificio de ampliación del Ayuntamiento, proyectado por Rafael Moneo.

José Belló Aliaga

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Entrada al Museo de la Ciudad de Murcia
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El Museo de la Ciudad abrió sus puertas el 18 de mayo de 1999
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La Murcia Musulmana
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Infraestructuras relacionadas con el agua
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La Muria Cristiana. Edad Media y Renacimiento
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Alcázar
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Genealogía básica de Alfonso X
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La primera patrona de la ciudad Santa María de la Arrixaca
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La artesanía del esparto y de la seda fueron los motores de la economía a través de los contactos con los mercaderes genoveses
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En la primera planta se muestran las transformaciones que experimentó la ciudad desde el reinado de Alfonso X el Sabio hasta el XVIII
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La historia de la ciudad de Murcia en este siglo encuentra a sus personajes más significativos en la religión con el obispo Belluga, en la política con el conde de Floridablanca, y en el arte con Francisco Salzillo
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En el Museo de la Ciudad se puede conocer cuál es el proceso de elaboración de las figuras de belén, artesanía que desde aquella primera iniciativa de Salzillo ha perdurado en algunas pedanías murcianas como Puente Tocinos y Alquerías
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La segunda planta del museo está dedicada a la Murcia de los siglos XIX y XX e incluye dos salas temáticas: una se centra en la artesanía del belén y la otra en la industria conservera y del pimentón
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La maqueta de la sala central sirve para que el visitante pueda conocer los edificios más relevantes del siglo XIX y el enorme desarrollo urbano de la ciudad durante los últimos 50 años
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Las fiestas más populares, como la Semana Santa, El Entierro de la Sardina o el Bando de la Huerta
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La ciudad mira hacia el futuro, «desde sus nuevos puentes» obras de Javier Manterola y Santiago Calatrava, desde el nuevo Auditorio y Centro de Congresos, así como desde el edificio de ampliación del Ayuntamiento, proyectado por Rafael Moneo
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Selección de piezas escultóricas
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Vista de la exposición
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Arquitectura contemporánea
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Algunos hechos destacados del siglo XX
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