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Artículo de Opinión de Alfonso Castro, periodista de Puertollano

Un carnívoro cuchillo

Alfonso Castro.-Después de un largo tiempo, de años, apartado, huidizo, sin hacer textos opinantes, me ha zarandeado felizmente esta tarde el latido de intentar volver a las andadas, enfrentándome a mis dormidas neuronas para ofrecerles en este caso algunas reflexiones a partir del recuerdo que me dejó un tema musical que, sin buscarlo pretendidamente, hace escasos meses, se me cruzó en Youtube, debido en un primer momento quizá a la fuerza y la rotundidad de su título: Un carnívoro cuchillo, que resultó ser un triste poema que no conocía de Miguel Hernández, escrito poco antes de la Guerra Civil, de su obra El rayo que no cesa.

Los adaptadores e intérpretes de la canción eran los cantautores Begoña Olavide –a la que no conocía- y Javier Bergia, a quien tuve la suerte de escuchar una noche en el ya extinto pub Pachamama, de Ciudad Real. Un concierto imborrable en el que Bergia tuvo el cariñoso y generoso detalle de rememorar y cantar piezas del compañero muerto (suicidado concretamente, al parecer) hacía tiempo: el también cantautor Hilario Camacho, el querido Hilario con el que departí en ocasiones, cual fan encantado, en Madrid, Puertollano y Ciudad Real.

La canción formaba parte de un CD que ambos intérpretes publicaron en 2020, a partir de una suscripción de crowfunding, con un puñado de poemas de Miguel Hernández.

Escuchar las dulces voces de Javier Bergia a la guitarra eléctrica y de Begoña Olavide al salterio en un videoclip fue un sobresalto maravilloso, que sorpresivamente me caló muy hondo, con una cadencia y un lirismo que no escuchaba tal vez desde mis audiciones lejanas de cantantes y grupos que también me impactaron lo suyo, como Leonard Cohen, Aguaviva o Vainica Doble.

Fue tal la emoción, el shock que la canción en letra, música e interpretación me produjo que a bote pronto no dudé ni un instante en mensajearla desde mi móvil a varias personas queridas de mi entorno, a quienes tampoco resultó indiferente la pieza musical.

En este carnívoro cuchillo, de sonoras reminiscencias lorquianas, están todas las esencias de la lírica del enorme poeta oriolano: el amor, el desamor, la pena, el infortunio, el sentimiento trágico de la vida, la tirana violencia… y el presentimiento de la muerte. Esa terrible muerte homicida que acabaría llegando muy pronto, en la cárcel de Alicante, a su desdichada y corta vida.

Recomiendo, pues, escuchar esta bella canción a quienes me estén leyendo, con el deseo de que les pellizque fuerte el alma, tanto como a mí.

Alfonso Castro, periodista de Puertollano

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