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Artículo de Opinión de Luis Pizarro

Puertollano: Adiós, Manuel Marín Crujera, ‘gloria de los azules’

Luis Pizarro.- Manuel Marín era un jugador tan fenomenal que la primera vez que dejó una gran impresión en Puertollano ni siquiera pertenecía al Calvo Sotelo. Fue el 1 de junio de 1966 cuando el Díter de Zafra, al que pertenecía Marín, ganó 1-0 al Moscardó de Madrid, en la la promoción de ascenso a Segunda División, partido jugado en el Cerrú. Aunque luego caería eliminado por el Calvo Sotelo de Andorra, aquel partido le sirvió para fichar por el club de Puertollano, junto a sus compañeros Tomares y Agüero. Su llegada, con apenas 23 años, fue un gran acierto de los técnicos azules porque incluso se llegó a decir que lo quería el Valencia (con el que había hecho una prueba satisfactoria) y el Sabadell.

Cuando en la quinta jornada se lesionó Larrea, Rafael Yunta, el entrenador, no lo dudó, y el 15 de octubre de 1966, Marín debutó en Burgos (0-0). A partir de ahí el joven Marín, cuajando partidos espléndidos, se convirtió en el coco que anuló a los mejores delanteros contrarios y fue un fiel guardián de los dos grandes porteros compañeros suyos: nada menos que Arbea y García Fernández. Hasta qué punto su rendimiento fue bueno que, en abril de 1967, Francisco García, Fran, comentó la formación de una posible selección de Segunda División, y dijo que si alguien había visto un medio de cierre mejor que Marín, que levantara el dedo.

Después, en Puertollano vivió una gloria detrás de otra, incluida la gran temporada en la que se rozó la Primera División, y el enfrentamiento en Copa contra el Real Madrid. Se podrá decir que también formó parte del conjunto que descendió en 1971, pero Marín nunca sufrió el más mínimo rechazo y, con frecuencia, se oía en la grada: ¡Otro gallo cantaría si hubiera once hombres como él! Hubo muchos jugadores míticos en el Calvo Sotelo que podríamos recordar, pero, sin duda, él es uno de ellos, hasta el punto de que algunos que lo vimos jugar, todavía observamos en la retina la potencia y el vigor que desplegaba; la seguridad que desprendía. Luego llegarían el Logroñés y el Cádiz, pero –me atrevo a asegurarlo– nada fue como lo vivido en Puertollano, donde pasó quizá cinco de los mejores años de su vida, entre la admiración de todos los aficionados.

Se nos ha ido muy pronto. Que la tierra le sea leve a este gran jugador que se enfundó nada menos que 157 veces la camiseta del Calvo Sotelo en partidos oficiales (146 de ellos en Segunda), llegando a conseguir 7 goles, a pesar de su posición defensiva. Estoy seguro de otra cosa: muchos en Puertollano lo recordaremos mientras vivamos.

Luis Pizarro

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