Yo también vi el fútbol

Artículo de Opinión de Chema Fabero

Y claro: yo también vi el fútbol. Me refiero, por supuesto, a la final del domingo entre las selecciones de España y de Argentina. Pero vamos a lo que vamos, ahora que ha pasado un necesario tiempo prudencial y los arrojos nacionales no parecen tan ardorosos.

Reconozco, y vaya esto por delante desde ya, que mis conocimientos al respecto de la disciplina balompédica son a todas luces menores que los que pueda tener el último profesional del asunto (sea este auxiliar de utillería o encargado del botijo, si lo hubiera) y sin duda también menores que los de cualquier aficionado de los muchos que andan opinando por aquí y por allá, tantos de ellos ilustrados a conciencia en la lectura canónica del Marca o el Mundo Deportivo. Pero es que parece que el partido que pusieron en mi televisión fue otro bastante distinto. Quiero decir que yo no vi agresores (casi terroristas, se ha llegado a decir) afanados en desmembrar salvajemente a los jugadores del equipo contrario ni vi confabulaciones extradeportivas ni vi, Dios mediante o no, al Espíritu Santo vestido con ninguna camiseta roja o albiceleste. No digo que no pasara, pero yo no lo advertí. Por el contrario, vi a un equipo que cuando le correspondía atacaba con todas sus armas y a otro que, cuando tocaba, defendía con todas las suyas, enzarzados ambos en un deporte que por lo general me ha parecido siempre bastante tosco, más propenso a los trompicones que a los elegantes pasos de ballet, aunque de vez en vez pueda uno distinguir ciertos detalles de algo parecido al arte. Pero no descartaré que mi ceguera se deba al cariño que siento por unos y por otros. Qué sé yo. El domingo por la mañana leía en el diario El País un escrito de Jorge Valdano que me pareció tan oportuno como para hacerlo mío. Sólo cambiaré aquí el orden de los factores patrios, a saber: porque ganó España, estoy alegre; si hubiera ganado Argentina, no estaría triste.