Media España no se resigna a morir

Bandera España
Artículo de Opinión de Enrique Buendía
 

El título es una frase del jefe de la CEDA (Confederación española de derechas autónomas), Gil Robles que se libró de milagro la noche de julio del 36 en que fueron a buscarle por no estar en casa, mientras la escolta socialista de Prieto cazaba a tiros en el coche de su detención al jefe de la oposición, Calvo Sotelo, dando principio al levantamiento y la guerra. Puede que hoy parezca que las cosas no lleguen a tanto, pero conociendo el carácter del PSOE como el escorpión que no puede evitar picar a la rana que lo trasporta por el rio, terminarán por ahogarse ambos, y recuerda a Julián Besteiro cuando advertía a sus correligionarios por lo que hacían llevando a una guerra civil que no estaban seguros de poder ganarla. Las maniobras orquestales en la oscuridad contra los jueces y ocupando otras instituciones del Estado o por citar lo penúltimo, la entrega de Pamplona a los filoetarras llamando progresistas y demócratas a los hijos de la ETA, la mejora definición es de Carmelo Tajadura, progreso es a progresista como cartera es a carterista.

Lo mejor de esta insólita situación es que vamos todos a quedar retratados, tanto los votantes socialistas que sostienen el experimento de un frente popular contra la siempre asquerosa derecha, como los voceros que han descubierto la democracia parlamentaria y creen que lo legal es siempre legítimo, como si el partido nazi hubiera ascendido sin los votos y las leyes habilitantes de las que hoy acompañan al PSOE, cabeza de la revolución para escándalo de su antiguos jefes. No sólo vamos a perdonar a los que dieron el golpe, sino que vamos a tener que pedirles perdón por haberles condenado.  Si la democracia es el régimen en el que no hace falta un baño de sangre para cambiar de gobierno, se da aquí la paradoja de que lo que se negocia hoy para continuar un gobierno son causas propias de una guerra, como la pérdida de la soberanía nacional y el cambio de la Constitución, sólo para aparentar que no se ha cambiado de régimen.

El historiador Juan Pablo Fussi considera esto el fracaso de una generación, y algo hay, pues ni los mismos antifranquistas de los tiempos de Franco, hubiéramos imaginado que al modelo del Moscú del 36, seguiría el radiante experimento de la Venezuela actual, donde 7 millones y medio de ciudadanos vagan como sombras por la selva desechados de su patria. A los políticos, profesores y periodistas que alababan el cambio sin saber muy bien en qué consistía les toca coincidir con los intérpretes del País que no nos considera una nación y la SER que trata de ese No ser mismo, junto a los que, hoy como entonces se relamen con volar esta nación. Tuve oportunidad de ver en la tele estos días pasados una película La revolución silenciosa, que trata de un instituto en la república democrática alemana (qué coincidencia de los totalitarios todos de blasonar como democrático lo que es pura y dura exhibición de que el Partido nunca se equivoca) ante la represión de Hungría del 57. Ver los métodos contra los adolescentes por escuchar una radio extranjera o hacer un minuto de silencio por la represión encaminó al aparato totalitario, sea comunista sea fascista la misma mierda es, nos lleva a olvidar el cariz de estos salvapatrias en pro del proletariado, del fhürer o como los ideales que tienen sojuzgada a Iberoamérica del grupo de Puebla cuyo representante es Zapatero, dan ganas de gritar con Miley: ¡Viva la libertad, carajo!

Debíamos haberlo sospechado con el discurso en mayo del 21 del inquilino de la Moncloa en el 43 congreso de la UGT a favor del Lenin español, Largo Caballero, que al mismo Stalin aseguraba el descrédito entre nosotros del parlamentarismo, ni causa alarma, que algún historiador extranjero defina nuestra peculiaridad nacional por los separatismos que debieran ser zanjados como fundamento del orden constitucional. Territorios donde si no continúan matando es para no dejar de vivir conforme a los valores de libertad e igualdad ante la ley socavando el espíritu de la Carta Magna. Como expresó Fernando Savater, la ETA mataba por algo, y ese algo es el que estamos malviviendo, desterrando la lengua común, o inventando una historia cuyos libros labran la semilla de la discordia futura, y mientras escuchamos en sus estertores la superioridad de sus lenguas y razas que hemos de sufragar, dejando la soberanía en mano de ese 6 por ciento del voto del separatismo nos condenamos a morir ahogados por el carácter de un iluminado que no puede ser corregido ni sancionado. ¿Qué le diré yo mientras tanto a mis hijos en algún Cuéntame cómo pasó si triunfan estos supremacistas y comunistoides, en cuyos aparatos de propaganda y agitación afirman que nunca debimos existir y que si nos comportamos nos harán su colonia favorita? Pero lo cierto es que, si un país extranjero invadiera Cataluña, pongo por caso, no dudaría en defenderla a muerte. ¿Sería distinto si me desposeyeran unos paisanos envalentonados? Se me ocurre la vieja canción de John Lennon Give peace a chance, dad una oportunidad a la paz.

Ha venido a resaltar la naturaleza de este gobierno ante el ataque monstruoso de Hamás, (Jamás digas Hamás) lo que pintamos en la escena internacional apoyando a los que se ensañan contra dos símbolos de Israel, los jóvenes pacifistas de un festival y aquellos kibutzs socialistas, donde degüellan o calcinan a bebés con sus mujeres tras violarlas, como un acto de legítima defensa con la intención de hacer imposibles las negociaciones de Israel con los sunnitas de Arabia saudita en los “acuerdos de Abrahán”. Si en Paliwood rodaban escenas de cadáveres que se levantaban de las parihuelas, para que pudieran emitirlo durante las comidas en los hogares europeos como prueba para solicitar ayudas, aquí los efectos especiales no de una producción gore, sino de una diabólico plan a dejar de rehenes a su propio pueblo para que se haga imposible la reconciliación. No diré que Palestina no existe sino el odio chiita de Irán y otros estados árabes y que Israel es algo más que un símbolo de este acoso en el único estado democrático y liberal de la zona que proporciona empleo y amparo a muchos de ellos. Europa los purgó y desterró y ahora los mata con su vana compasión en vez de hacerles un sitio en sus instituciones económicas y de defensa. ¿Les suena raro que sean las universidades de Harvard, vanguardia de la progrez de la que nos llega todo, las que protagonicen el apoyo a Palestina?

Enrique Buendía García