El mismo día que se celebraba el último Pleno municipal con el vergonzoso debate sobre el cambio de nombre del estadio 'Ciudad de Puertollano', le comentaba a uno de los políticos participantes que conocía a Manuel Serrano, porque había trabajado con él en la radio durante algunos años, y que no me extrañaría en absoluto que al final renunciarse a que se le pusiese su nombre a esta infraestructura deportiva.
Así ha sido finalmente y no me ha extrañado porque no esperaba menos de él. Creo que es la decisión más acertada ante la utilización política de lo que debería de ser un homenaje y un reconocimiento a la inestimable labor que Manuel Serrano ha llevado a cabo durante gran parte de su vida con el deporte local.
Como él mismo dice ha debido ser muy difícil tomar esa decisión, pero era la más lógica para una persona honesta, consecuente y, por cierto, no muy dada a las alabanzas.
Es un orgullo que una instalación de ese tipo lleve tu nombre pero queda empañado cuando nuestros políticos no han sabido estar a la altura a la hora de hacerlo.
No quiero culpar a nadie en particular, pero sí a todos en general porque, aunque el fondo era muy bueno y más que justificado, las formas no han sido ni mucho menos las que deberían haber sido.
Que en una comisión informativa previa no se llegue a ningún acuerdo y que posteriormente se utilice políticamente su nefasto resultado, es para hacérselo mirar y para pedir disculpas ahora que está tan de moda que entre ellos se exijan disculpas a la más mínima oportunidad y se muestre esa exigencia como un trofeo de cara a la ciudadanía, de la que esperan lo tengan en cuenta a la hora de depositar su voto en la urna.
Aplaudo la sabia y a la vez dolorosa decisión de Manuel Serrano, se veía venir. Mientras espero que nuestros políticos actúen en consecuencia y si no saben cómo hacerlo mejor no actúen. Y mejor que no den pábulo a la tentación que seguro les asalta de exigirse pedir disculpas mutuamente, todos al unísono, por este capítulo vergonzoso y bochornoso que quedará escrito para siempre en los anales de la historia de la mala política local.