Por qué el modelo '2+1' de la N-430 es una oportunidad (y el límite que Puertollano no puede permitirse cruzar)

Artículo de Opinión de Julián Gómez, exdirector y fundador de 'La Comarca de Puertollano'

La reciente aprobación provisional del estudio informativo para el acondicionamiento de la N-430 entre Santa Amalia y Ciudad Real ha levantado las alarmas en la comarca de Puertollano. Sin embargo, tengo que mostrar mi desacuerdo con quienes ven en este anuncio del Ministerio de Transportes —que contempla una inversión de 952 millones de euros para transformar 201 kilómetros— la sentencia de muerte definitiva para la opción sur de la Autovía A-43.

Un análisis riguroso de la letra pequeña del documento ministerial nos obliga a cambiar el diagnóstico: hoy por hoy, estamos ante una solución salomónica que, lejos de enterrar el eje Puertollano-Almadén, despeja el horizonte técnico para que la verdadera autovía de alta capacidad discurra por el sur. Miremos los datos, que en materia de infraestructuras suelen ser tozudos.

El norte gana seguridad; el sur mantiene la alta capacidad

El Ministerio no ha aprobado la construcción de una autovía convencional por el trazado norte de la N-430. Lo que ha puesto sobre la mesa es una "carretera 2+1 de altas prestaciones". Para quienes no conozcan el concepto, las vías 2+1 constan de tres carriles donde el central se va alternando para permitir adelantamientos seguros. Aunque incluya variantes y enlaces a distinto nivel para ir a 100 km/h, la realidad es la que es: el corredor norte se moderniza para atajar su insoportable siniestralidad, pero no se convierte en una autovía dual de calzadas separadas.

¿Por qué es esto una buena noticia para Puertollano?

Porque el Gobierno central resuelve el histórico dilema aplicando un reparto de cartas inteligente:

1. Para el norte (N-430): Una inversión masiva de seguridad vial que calma la presión social y elimina puntos negros, pero con menor impacto ambiental en zonas protegidas como la Siberia extremeña.

2. Para el sur (Puertollano-Almadén): Queda completamente libre la justificación de la Autovía A-43 como el único gran eje de alta capacidad y conectividad transversal que unirá el tejido industrial de Extremadura con el Levante español.

La Variante: El kilómetro cero ya está blindado

Siguiendo con mi optimismo innato, el argumento definitivo que desarma el pesimismo es el propio estado administrativo de nuestras infraestructuras locales. La variante de Puertollano (un tramo clave de 13 kilómetros que conectará la A-41 con la N-420, incluyendo ese monumental túnel bi-tubo de 1,7 kilómetros bajo la Sierra Decarada de la Santa) no es un simple parche.

Este proyecto, valorado en más de 110 millones de euros, cuenta con aprobación definitiva y tiene una matriz técnica inconfundible: está diseñado con características estrictas de autovía. El propio Ministerio de Transportes ha dejado negro sobre blanco que este tramo “se integrará en la futura Autovía A-43”. Nadie gasta más de cien millones de euros en horadar una sierra con un túnel de doble tubo si la planificación a largo plazo fuera dejar a Puertollano en un callejón sin salida. La variante es, a todos los efectos, nuestro kilómetro cero.

El contraescenario: ¿Y si al final abren una autovía por el norte?

Ahora bien, el análisis no sería riguroso si no evaluamos los riesgos. ¿Qué pasaría si la presión política cambia las reglas del juego y el Ministerio decide dar marcha atrás para construir una autovía convencional de doble calzada por la N-430?

Ahí el escenario para Puertollano cambiaría radicalmente y pasaríamos de la oportunidad a la máxima alerta por tres razones críticas:

- El argumento del "Eje Único" se derrumbaría: Si el Gobierno duplica el trazado norte, la justificación técnica y económica para construir dos autovías paralelas separadas por pocos kilómetros caería por su propio peso en Madrid y Bruselas. Conseguir fondos para el tramo hacia Almadén se volvería una utopía.

 - Aislamiento logístico y pérdida de competitividad: Puertollano mantendría su conexión con Madrid por la A-41, pero perdería el tren de convertirse en el gran nodo de paso del flujo de mercancías transversal. El tráfico pesado y el dinamismo empresarial se desviarían por el norte, restando fuerza a nuestro tejido petroquímico y tecnológico.

- Nuestra Variante se convertiría en un "glorioso ramal": Los 110 millones de la Variante no se perderían porque son necesarios para desviar el tráfico pesado de la ciudad, pero el proyecto sufriría un "tijeretazo" en su horizonte. Dejaría de ser el origen de una gran autovía nacional para quedarse en una circunvalación local de altas prestaciones conectada a una carretera convencional hacia Córdoba.

Más exigencia y menos lamentos

Precisamente por este riesgo, el modelo 2+1 actual no es una condena, sino un alivio técnico temporal: mientras en el norte se queden en tres carriles, la puerta de la autovía para el sur sigue abierta de par en par. Pero esa es nuestra línea roja. Si en los despachos de Madrid intentan transformar ese 2+1 en una autovía dual, la comarca de Puertollano tendrá que pasar de la propuesta a la movilización masiva.

La política de infraestructuras no se juega en el terreno de los agravios, sino en el de la complementariedad. Que los vecinos de la N-430 vayan a tener por fin una carretera segura —algo de justicia elemental dada la trágica lista de accidentes de esa vía— no resta valor estratégico a nuestro eje industrial.

La batalla no está perdida; simplemente ha cambiado de fase. Definido el 2+1 en el norte, la hoja de ruta para la comarca de Puertollano está más clara que nunca. Ya no hay espacio para la distracción de debatir qué trazado es mejor. Ahora toca exigir, con la fuerza de todos los agentes sociales, empresariales y políticos, que los presupuestos reflejen las partidas para licitar las obras de nuestra variante y continuar el diseño de la A-43 hacia Almadén. Está claro que nadie nos va a regalar nada. Por tanto: menos lamentos de trinchera, más lucha y más impulso al boletín oficial. Ahí es donde se ganan las variantes y las autovías.