Puertollano: ¿Y si el problema no es solo la galeruca?
Cada verano Puertollano vuelve a enfrentarse al mismo problema: la galeruca del olmo. Las hojas aparecen devoradas, los insectos invaden balcones y ventanas y el Ayuntamiento anuncia un nuevo tratamiento fitosanitario para combatir la plaga.
La actuación es necesaria y debe reconocerse porque proteger el arbolado urbano y reducir las molestias a los vecinos es una obligación municipal. Sin embargo, el verdadero debate no debería centrarse únicamente en la fumigación, sino en por qué, año tras año desde hace ya una década, volvemos a encontrarnos en la misma situación.
La galeruca no aparece por casualidad. Suele afectar con mayor intensidad a árboles debilitados por el estrés térmico, el tratamiento con fitosanitarios, la falta de agua, determinadas podas, la compactación del suelo o el envejecimiento de los ejemplares. En otras palabras, la plaga puede ser el síntoma de un problema más profundo.
Una estrategia, no solo tratamientos
Hace ya un tiempo reflexionaba sobre la pérdida progresiva del arbolado urbano, los alcorques vacíos que, por cierto, aún siguen así y la necesidad de aumentar las zonas de sombra en una ciudad donde los veranos son cada vez más extremos. Todo está relacionado: un árbol sano resiste mejor las plagas que uno debilitado.
Muchos vecinos también comentan que este verano hay una presencia inusual de insectos. Parte de esa proliferación podría estar relacionada con la galeruca, aunque también pueden influir otros factores ambientales. En cualquier caso, sería deseable que el Ayuntamiento ofreciera una información más amplia y transparente sobre la situación.
El picudo rojo y el Paseo
Hace apenas un par de años, la principal preocupación eran las palmeras y el avance del picudo rojo. Se realizaron tratamientos y se perdieron numerosos ejemplares, pero hoy apenas se informa sobre la evolución de aquella plaga. ¿Se ha controlado definitivamente? ¿Se siguen aplicando medidas preventivas? Un balance ayudaría a conocer el estado real del patrimonio vegetal.
Y, ya de paso, también sería positivo conocer con más detalle el proyecto paisajístico del Paseo del Bosque. Se ha anunciado la plantación de más de 400 árboles y la conservación de buena parte del arbolado existente, pero un parque no se define solo por el número de ejemplares. Importan también los arbustos, las plantas ornamentales, los sistemas de riego y la distribución de las zonas verdes. Presentar ese proyecto de forma completa permitiría comprender mejor cómo será el futuro pulmón verde de la ciudad.
Mirar más allá de la urgencia
Más allá del tratamiento contra la galeruca, muchos ciudadanos se preguntan si existe una estrategia integral para proteger el arbolado urbano: un inventario actualizado, un seguimiento permanente de las plagas, planes de renovación de ejemplares deteriorados y criterios claros para introducir especies más resistentes.
Porque fumigar resuelve la urgencia, pero no evita necesariamente que dentro de un año volvamos a leer el mismo comunicado.
Puertollano necesita una política de conservación del patrimonio verde basada en la prevención, el mantenimiento y la planificación a largo plazo. Los árboles no son un elemento decorativo: proporcionan sombra, reducen la temperatura, mejoran la calidad del aire y hacen la ciudad más saludable.
Combatir la galeruca es imprescindible. Pero el verdadero reto no es ganar una batalla cada verano, sino garantizar la salud del patrimonio arbóreo de Puertollano con una estrategia global, transparente y de futuro. Esa debería ser la prioridad.