El grisú mata de nuevo, como también lo hizo en Puertollano

Artículo de Opinión de Julián Gómez, exdirector y fundador de 'La Comarca de Puertollano'

El asesino grisù de las minas de carbón ha provocado hoy la muerte de cinco mineros y otros cuatro han resultado heridos en la mina asturiana de Cerredo. Un trágico y lamentable accidente que trae a mi memoria el duro ejemplo de mi padre, de muchos familiares y de tantos otros mineros que se jugaban cada día la vida en los distintos pozos de nuestra ciudad.

Aún recuerdo cuando mi padre contaba en un programa de Castilla La Mancha Televisión como bajaban a la mina a un canario en su jaula acompañando a los mineros para descubrir la existencia del gas si el animalito moría.

Por eso viene a cuento recordar aquí graves accidentes mineros y un magnífico y entrañable monumento conocido popularmente como "el de las viudas" aunque su nombre y dedicatoria es a los caídos en el trabajo, que está injustamente ubicado en un lugar nada céntrico aunque lo único que tiene de bueno es que está muy próximo a la iglesia dedicada a la patrona de los mineros, Santa Bárbara.

24 muertos en dos explosiones

El 13 de octubre de 1953 tuvo lugar una explosión de grisú en el pozo Calvo Sotelo de Puertollano, lo que provocó la muerte de once mineros. Tras este trágico accidente se llevó a cabo una suscripción popular para recaudar fondos con el fin de erigir un monumento en honor a los caídos en el trabajo. En apenas unas semanas se recogieron las 500.000 pesetas necesarias y cinco años después, el 20 de julio de 1958, se inauguró el monumento en las inmediaciones de la antigua plaza de toros y del actual mercado municipal con la presencia de diversas autoridades de ámbito nacional.

Nada hacía presagiar que, tres meses después, la historia se volvería a repetir, pues sobre las seis y media de la tarde del sábado 18 de octubre de 1958 tuvo lugar una nueva explosión de grisú en el plano 37 del mismo pozo Calvo Sotelo, a unos 350 metros de la superficie. En aquella ocasión otros doce mineros perdieron la vida y durante toda la noche se trabajó intensamente para recuperar los cadáveres, que fueron introducidos en ataúdes y, a primera hora de la mañana del día siguiente, trasladados en una ‘caravana muda’ hasta El Poblado, en el que se instaló la capilla ardiente. Ya por la tarde, una impresionante manifestación de duelo acompañó a los féretros hasta el cementerio.

Sirva este triste recuerdo como homenaje y muestra de solidaridad con los mineros asturianos y sus familias que hoy han sufrido el mazazo mortal del grisú asesino.

Descansen en paz los fallecidos y que tengan una pronta y satisfactoria recuperación aquellos que han resultado heridos.

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