El desolador abandono de 'Las Cazoletas' en Puertollano: cuando la desidia institucional devora nuestro patrimonio

Cada año al llegar a estas fechas he de hacerme eco de lo mismo porque es lamentable, doloroso y profundamente penoso lo que sigue pasando sin que nadie le ponga remedio. Adentrarse hoy en día en el paraje de La Nava de Puertollano, específicamente en el rincón conocido popularmente como "El de las cazoletas", provoca una mezcla de indignación e impotencia. Lo que debería ser un orgullo para nuestra comarca se ha convertido en un auténtico monumento a la desidia. Un rincón histórico literalmente sepultado por la maleza, los rastrojos, el pasto descontrolado y, lo que es aún más alarmante, por la basura.

Vertidos tóxicos y peligrosos

Las impactantes imágenes recogidas sobre el terreno no dejan lugar a dudas. En las fotografías se puede apreciar una realidad intolerable: el paraje ha sido convertido en un vertedero improvisado donde proliferan vertidos tóxicos y peligrosos. Entre la vegetación seca yacen abandonados impunemente numerosos restos de Uralita (amianto), un material altamente nocivo que permanece expuesto al aire libre sin que ninguna autoridad mueva un solo dedo para su correcta retirada y tratamiento.

Un tesoro arqueológico único en la región

Resulta inconcebible este nivel de dejadez cuando se analiza el valor real del suelo que se está pisando. Según los registros oficiales de la propia administración (tal y como se detalla en el documento de catalogación de una de las imágenes que acompañan este texto, este espacio está incluido formalmente dentro de la Carta Arqueológica de la comarca como un elemento de indudable valor patrimonial etnológico.

No estamos hablando de un descampado cualquiera. Este paraje es el único yacimiento estudiado y exclusivo en nuestra demarcación. Un santuario ancestral que, además de haber sido un lugar de culto, contiene en su seno un sofisticado marcador astronómico del Solsticio de Invierno, una necrópolis o campo de túmulos, bastante bien conservado, que flanqueaba el recinto sagrado y restos de antiguas murallas defensivas.

¿Cómo es posible que un tesoro de esta magnitud arqueológica se encuentre en un estado de desamparo tan absoluto?
La respuesta es tan clara como decepcionante: porque nadie, ningún organismo oficial de los que ostentan las competencias, se preocupa lo más mínimo por su gestión, protección o mantenimiento.

Una fuente entrañable que languidece

A la incalculable pérdida histórica se le suma el agravio sentimental y natural. En el corazón de este entorno se encuentra una pequeña, entrañable y querida fuente agria, un elemento muy arraigado en la identidad local que hoy languidece olvidada y asfixiada por el paso del tiempo y el abandono. Mientras el entorno urbano e industrial sigue su curso en las proximidades, este oasis de agua y patrimonio se desmorona en el más absoluto de los silencios.
Nada parece impacientar ni molestar a quienes tienen la obligación legal y moral de custodiarlo. Hoy en día, la triste realidad es que la inmensa mayoría de quienes acuden al lugar lo hacen con total impunidad para deshacerse de sus escombros y chatarra. Son ya muy pocos los que se acercan guiados por el deseo de estudiarlo o movidos por la pura nostalgia de tiempos mejores. Y lo peor de todo: nadie aparece por allí para desbrozar la maleza, limpiar el entorno o dignificar el lugar.

Limpieza y puesta en valor

¿Hasta cuándo van a seguir mirando hacia otro lado nuestras instituciones? Permitir que el paraje de las cazoletas se pudra entre fibrocemento y maleza no es solo un delito contra nuestro pasado; es una alarmante muestra de la pobreza cultural con la que se gestiona nuestro presente. Urge una actuación inmediata de limpieza, vallado y puesta en valor antes de que el daño sea completamente irreversible.

 

 


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