Hay ciudades que llevan el fútbol en las venas, pero en Puertollano se lleva en el alma, fundido con el carbón de nuestra historia. El ascenso a la Segunda RFEF no es una casualidad; es el eco de los cánticos en el Cerrú, de aquellos que se negaban a rendirse, la recompensa a las tardes de frío, lluvia, alegrías y también sufrimiento y el fruto de una identidad que se hereda de abuelos a nietos.
Por eso este ascenso es muy especial, porque tras años de lucha y reconstrucción, de caer y volverse a levantar, el club minero demuestra que su sitio está en el fútbol de élite gracias a una gestión que comenzó con la incertidumbre del cambio de directiva y ha terminado con un doble éxito, el ascenso del primer equipo y también del filial. Está vez no se trataba solo de ganar un partido, sino de devolver a la ciudad el prestigio que su historia merece.
Gracias también al público que cada tarde ha estado fiel y expectante en el graderío creando un ambiente eléctrico con el que cada grito empuja el balón. La afición no ha sido el jugador número doce; ha sido el motor que ha mantenido viva la llama en los momentos más difíciles.
Y ahora ver al Calvo Sotelo subir es ver a todo Puertollano levantar la cabeza con orgullo. Es la prueba de que, cuando el esfuerzo se une a la pasión, no hay techo que valga.
"El fútbol en Puertollano no se explica, se siente. Porque ser del Calvo Sotelo es entender que, como ya hicieron nuestros padres y abuelos, por muy profunda que sea la mina, siempre se sale a la superficie para volver a tocar el cielo."
¡Enhorabuena a toda la familia azul! Que este sea solo el primer paso de un camino lleno de éxitos. ¡Aupa Calvo Sotelo!