Cuando en Puertollano había fábrica de hielo y gaseosas
A finales del pasado siglo un grupo de alumnos de 1° de Bachillerato del Instituto de Enseñanza Secundaria Juan de Távora de Puertollano obtuvo el primer premio del concurso de arqueología industrial gracias a un magnifico trabajo educativo sobre las tres fábricas de hielo existentes en Puertollano entre los años 1930 y 1990, pero centrándose especialmente en la que Florian García Moreno compró a Emilio Porras conocida después como la fábrica de hielo y zumos Florian, que además producía las gaseosas Gran Vía y Escandalosa.
Las autoras de este trabajo fueron Paz Molina Rodríguez, Marta Mozos de Pablo, Ruth Rosa Criado y Noelia Vázquez Carrilero, con la colaboración de los profesores Ángel García Cáceres y Macarena Fernández Rodríguez.
Dado el alto valor social de este estudio, además de su indudable interés histórico-industrial, lo reproduzco a continuación en su totalidad.
Fabrica de hielo
1. Introducción
En los años treinta y cuarenta, en la vida cotidiana, no hace falta decirlo, había bastantes menos comodidades que en la actualidad. Los alimentos eran mucho más perecederos y las posibilidades para almacenarlos y conservarlos muy deficientes. No había frigoríficos ni cámaras refrigeradas tal y como las conocemos hoy en día. Con anterioridad a la utilización del hielo como conservante de los alimentos se utilizaban otros recursos, como el de cuevas subterráneas, o aberturas hechas en las faldas de las montañas en las que la nieve permanecía bastante tiempo, lo que permitía introducir alimentos o bebidas para conservarlos frescos y en perfecto estado; estas aberturas eran denominadas "pozos de nieve", de los que aún en la actualidad quedan restos en muchas poblaciones de España. Otra manera de conservarlos, muy socorrida, era la de introducir los alimentos en cubos y dentro de pozos. En Puertollano esta última era la solución más extendida. Hubo pozos en las casas de Puertollano porque eran prácticamente imprescindibles, debido a la carencia de agua corriente hasta que se comenzó a extraer de la huerta de Patón (espacio comprendido desde los Salesianos hacia el cerro). Por estas razones, se hacía necesaria una manera más eficiente de conservar los alimentos. Para el consumo diario, la necesidad de hielo era básica.
2. Metodología
Nosotras decidimos realizar este trabajo porque nos llamó la atención que no se hubiese tratado antes de este tema y nos pareció realmente interesante.
Para la realización de este trabajo no nos hemos basado en ninguna fuente escrita, sólo en los testimonios de personas que trabajaron en la fábrica.
El trabajo consta de varios puntos. Se realiza, en primer lugar, una panorámica histórica en la que se indica cómo apareció la fábrica y cómo se fue expandiendo. Tras ésta, se pasa a explicar su funcionamiento, es decir, qué materias primas se utilizaban, qué maquinaria, cual era la mano de obra, el funcionamiento de la maquinaria y una explicación de cuánto se producía y a cómo se fue vendiendo. Así, en este trabajo, se expone un dossier con la documentación gráfica en la que se observa cual es el estado actual de la fábrica. Se incluyen, además, un plano a escala de la fábrica, en el cual se observa la situación de la maquinaria y las instalaciones relacionadas; otro de Puertollano para situar la fábrica así como las otras dos que se implantaron también en Puertollano; un último plano indica los puntos de venta en los alrededores de éste. Por razones de espacio hemos decidido prescindir de este último apoyo gráfico.
3. Panorámica Histórica
3.1. Origen
La primera fábrica de hielo de Puertollano comenzó a funcionar en 1930 y era propiedad de los hermanos D. Emilio, D. Juan y D. Manuel Porras. En esta fábrica trabajó varios años como empleado D. Florián García Moreno durante los meses de verano, compaginando este trabajo con el de carpintero en las minas. Don Florián García Moreno era natural de La Carolina (Jaén) y contrajo matrimonio con Doña Rosario Camacho Balbuena, natural de Horcajo. Ambos llegaron a Puertollano en 1920. Terminada la guerra civil, D. Florián compró la fábrica a D. Emilio en 1941, que a la sazón era el único propietario que quedaba con vida. Esta fábrica empezó como un pequeño negocio familiar pero, debido a la fuerte demanda, se fue ampliando, tanto que en la campaña de verano llegaban a tener hasta treinta y siete trabajadores, entre los que se encontraban la familia de D. Florián (los padres y sus once hijos) y parte de la familia más cercana procedente de Puertollano, Santa Elena, La Carolina, León y Canfranc. A la fabricación de hielo se le unió rápidamente la producción de gaseosa.
3.2. Expansión
La fábrica, ya propiedad de D. Florián, se trasladó a la calle Gran Capitán y, durante mucho tiempo, fue la única productora de hielo de Puertollano.
Más tarde, las dos fábricas fueron trasladadas por última vez reuniéndo-lse en un único local, formando ambas partes de un mismo negocio. El local en el que se vendían gaseosas tenía su entrada en la avenida Primero de Mayo, donde se encuentra actualmente el comercio Andrés e Hijos, y la fábrica de hielo se accedía por la calle Alejandro Prieto.
En el nuevo local se instalaron cámaras de reserva de hielo y cámaras frigoríficas, para el almacenamiento de carnes y otros alimentos de varios comercios, que consistían en cámaras de almacenaje en las que se metían bloques de hielo para mantener los alimentos en perfectas condiciones.
En 1945 la fábrica se amplió para hacer posible una mayor producción de hielo.
La idea tuvo dos seguidores que crearon fábricas de hielo en Puertollano, éstos eran D. Francisco Pérez Racionero (que instaló su fábrica en la calle Ricardo Cabañero, enfrente de la actual Cruz Roja) y D. José Belló Chinchilla (en la calle Cañas),. Esta última dejó de funcionar a la muerte de su dueño.
La fábrica que nos ocupa estuvo funcionando durante bastante tiempo, hasta que la demanda de hielo disminuyó debido a que empezó a extenderse la venta de frigoríficos para uso familiar y en los comercios de alimentación se comenzaron a instalar cámaras frigoríficas muy completas e innovadoras. Se cerró definitivamente en 1990, aunque la fabricación de hielo había cesado en 1987, pero quedaron y quedan aún sus restos materiales y los recuerdos de los trabajadores que nos hacen ver cómo hemos ido evolucionando y que hubo antes de lo que conocemos ahora.
4 Funcionamiento
1.1. Materias primas
La fábrica funcionaba con energía eléctrica y las materias primas eran el agua, el amoniaco y la sal común. El agua que se utilizó en un principio era la obtenida de las huertas de Patón, que llegaba canalizada hasta la fábrica. El amoniaco se compraba a "Coromina Industrial" de Valdepeñas. Más tarde, cuando comienza a funcionar el complejo industrial, se empezó a comprar a ENCASO (Calvo Sotelo), en botellas de treinta litros de capacidad cuyo peso ascendía a casi cien kilos debido al revestimiento de hierro. Se solían utilizar unas tres por temporada. La sal se compraba a bajo precio a unos camiones que la traían de Andalucía procedente de secaderos de jamones. Más tarde se empezó a adquirir a D. Francisco Mozos, en la calle Numancia, en sacos de 50 Kg.
4.2. Maquinaria
De la maquinaria formaban parte:
Cangilones o moldes: Se llenaban de agua para la fabricación de hielo. Había grandes y pequeños, los grandes tenían una capacidad de 25 Kg. y los pequeños de 12.
Dos recipientes: Estaban recubiertos por chapa de dos milímetros. Cada uno tenía su propio mecanismo con su motor, sus tuberías etc. Uno de los tanques era más grande que el otro, el mayor se instaló en 1941, y el pequeño en 1945 con la ampliación de la fábrica.
Cámara frigorífica: Estaba dividida en dos zonas, una para la reserva de hielo cuando había mucha demanda y otra como cámara de almacenaje de carnes y otros alimentos.
Tuberías concéntricas: En la pared cercana a cada recipiente y también dentro de ellos, había una cadena de tuberías concéntricas, es decir, una tubería dentro de otra. Por la tubería interior circulaba el amoniaco líquido, y por la exterior el agua.
Motores: No sólo existían los motores visibles, también había otros dentro de los recipientes, que eran bombas de agua.
Compresores: Se utilizaban para comprimir el amoniaco líquido, y así transformarlo en gas.
Rampas: Cada recipiente contaba con una abertura al principio para poder introducir los moldes y unas rampas para facilitar su extracción.
Cortador de bloques: Al lado del recipiente mayor había una mesa cortadora de bloques, que permitía cortarlos a la medida requerida una vez extraídos de los cangilones.
Carrillo desmoldeador y cabestrante elevador: Servía para sacar los cangilones del recipiente; sacaba once de una vez y el elevador los transportaba de un recipiente a otro por medio de carriles.
Carrillo para el transporte: Transportaba tres o cuatro bloques de hielo.
Cuadro de mandos: El cuadro de mandos ponía en marcha el compresor y las bombas de agua.
Manómetro: Servía para medir la presión del amoníaco.
4.3. Mano de obra
Los primeros años en que la fábrica fue propiedad de D. Florián, la mayoría de los trabajadores, como ya hemos reseñado, eran familiares que venían de distintas zonas de España. Todos los trabajadores comían en la misma fábrica y la mayor parte de ellos incluso dormían allí.
Los hombres se dedicaban al reparto de gaseosas, sifones, sacar el hielo y meterlo en las cámaras; mientras que las mujeres fregaban botellas, despachaban y llenaban gaseosas y sifones, labor en ocasiones peligrosa, porque a veces explosionaban; una de las hijas, Angelina, perdió un ojo al estallar un sifón.
Con respecto a los salarios, reseñar que, en los años 40 era de unas 200 pts. al mes, incluidas comida y cena; a las mujeres, era costumbre que al final de temporada se les comprara algo de ropa o de ajuar. A su vez en los años 60, cuando ya no había tantos familiares trabajando, se cobraba un sueldo alrededor de unas 2.000 pts mensuales; en los 70, el salario oscilaba entre 33.000 y 36.000 pts. Finalmente, a punto de desaparecer la fábrica, en los años 80 y 90 se cobraba cerca de unas 60.000 pts mensuales.
Los horarios de trabajo fueron siempre de ocho horas diarias o de 40 a la semana (siete horas de lunes a viernes y las cinco restantes el sábado).
Para trabajar con el hielo se hacía necesario el uso de un mandil y unos guantes de goma, amén de ropa de abrigo si había que permanecer en la cámara frigorífica durante mucho tiempo.
4.4. Funcionamiento
Para la fabricación del hielo se llenaban de agua los cangilones o moldes y se introducían y se sacaban de los tanques a mano, aunque a partir del año 1965, cuando tres de los hijos de Florián, Angel, Manolo y Florián, se quedan con el negocio, esta tarea se realiza con la ayuda de un cabestrante elevador.
Mediante los mandos de control se accionaban las bombas de agua y los compresores, que ponían en funcionamiento las tuberías concéntricas de tipo intercambiador (una tubería dentro de otra), en las cuales circulaba por la parte interior el amoniaco y por la parte exterior el agua, circulando ambos fluidos en sentido contrario.
En el agua de los tanques se echaba sal para que no se congelase; ésta se encontraba en contínuo movimiento y a una temperatura de unos 19°. Para evitar que hubiera demasiada sal en el agua se medía su densidad con un densímetro. Las tuberías concéntricas estaban situadas a cada lado y por dentro de los tanques.
El amoniaco líquido (NH3) era el elemento fundamental para la congelación del agua de los moldes. Los motores y compresores intervenían en la gasificación del amoniaco (al comprimirlo pasaba de líquido a gas). Al transformarse el gas en amoniaco producía las frigorías (unidad de medida, opuesta a una caloría) que provocaban el enfriamiento del serpentín (cadena de tuberías concéntricas), que circulaba por el interior de los tanques, de tal forma que enfriaba la salmuera y ésta congelaba el agua de los moldes. Este amoniaco gaseoso iba de nuevo al condensador y, una vez líquido, volvía a su depósito.
El agua de los moldes de cada tanque tardaba doce horas en realizar su total congelación.
Una vez finalizada, se extraían los moldes con ayuda del elevador y se rociaban con agua corriente para poder desprender el hielo de los cangilones y las barras se volcaban sobre unas rampas de madera. Terminada esta operación, se procedía a la clasificación de los bloques para saber cual de ellos iba destinado a la cámara frigorífica, que estaba dividida en dos zonas, una de reserva de hielo, para cuando había mucho consumo y otra como cámara de almacenaje de carnes y otros alimentos, muy usada por todos los cazadores que acudían a la zona y que almacenaban allí sus trofeos. Tras realizar la clasificación de bloques se cortaban en diferentes tamaños con el cortador de hielo, a la medida adecuada para cada necesidad.
4.5 Producción y venta
El hielo se vendía en Puertollano y en gran parte de la comarca. Para que este soportara el transporte se envolvía en paja. La distribución se realizaba por distintos medios de transporte: venían desde Fontanosas y Almadén con camiones, se enviaban por ferrocarril a Argamasilla, Aldea del Rey y Calzada de Calatrava; y por tren de línea eléctrica a Almodovar y la Garganta.
El hielo también se utilizaba rallado, mezclado con esencias y metido en moldes para fabricar polos que hacían las delicias de los chiquillos en el Paseo San Gregorio durante las tardes de verano. A estas tareas, y a otras muchas, se dedicaba la sacrificada abuela Rosario acompañada de su hijo Ángel la mayor parte de las veces.
Además del hielo, en la fábrica se producían gaseosas de sabores y natural, se fabricaba "sifón", y se vendían todo tipo de refrescos, vinos, leche, etc... Llegó a ser famosa la bebida de fabricación casera llamada "Jumate" que era un refresco a base de extracto de regaliz, que no tenía nada que envidiar a los actuales refrescos de cola y que se vendía en botellas de treinta y tres centilitros. Éstas tenían cierre de bola, que se quedaba encajada en la boca de la botella y para abrirla sólo había que empujarla hacia el interior; se dejaron de utilizar por cuestiones de higiene, el cierre de este tipo fue sustituido por el tapón de corona (los conocidos platillos).
Algunos días se llegaban a vender hasta 5.000 botellas de treinta y tres centilitros. El 18 de julio era el día del año en que más se vendía; la vez que más se recaudó fue en 1947, que se hizo una venta de 14.000 pesetas.
Los días de diario se solían vender, directamente a los consumidores unas doscientas barras de hielo; alrededor de 50 cajas de gaseosa (seiscientas botellas) y unas cuarenta o cincuenta cajas de leche. Además, se servía a los comercios (cantidades como por ejemplo 100 o 200 cajas de leche semanales) y a la mayoría de los bares de Puertollano (vino, refrescos etc.)
Resumiendo, la fábrica de hielo resultaba en verdad un negocio muy rentable, los beneficios mensuales, por ejemplo en los años setenta, oscilaban alrededor de cuatro millones y medio brutos, unos cincuenta y dos anuales.
5. Conclusiones
Como hemos visto, se trata de una pequeña fábrica bien estructurada que nada tiene que envidiar a las grandes industrias contaminantes de la actualidad. Ubicada en el centro de Puertollano con escasos residuos y gran producción de hielo, elemento muy útil en su tiempo.
A simple vista, podría no entenderse la utilidad de esa pequeña y vieja fábrica abandonada, cubierta de polvo, ya que no pudo adaptarse a las nuevas tecnologías; pero fue un gran ejemplo de progreso y utilidad en aquellos tiempos que, debemos recordar, no son tan lejanos, a pesar de parecérnoslo debido a la vertiginosa velocidad con la que han ido apareciendo nuevos y novísimos avances para hacernos la vida más fácil y cómoda. Aquí reside en parte la utilidad de esta fábrica: en facilitar los quehaceres cotidianos de Puertollano durante aquellos años.
Llegaron nuevos avances y sustituyeron a los viejos, pero no por esto debemos despreciar ni quitarle mérito a las labores de aquellas personas que hicieron la vida más fácil en el pasado.
6. Fuentes
Para la realización de este trabajo hemos contado con el testimonio directo de las personas que trabajaban en la fábrica de hielo, quienes amablemente respondieron a nuestras preguntas. Su testimonio, es pues, la principal fuente de información y se trata de una información fiel y veraz pues son los auténticos protagonistas de una actividad que, debido a los nuevos avances técnicos ha quedado en desuso. Estas personas son las siguientes:
-D. ÁNGEL GARCÍA CAMACHO, empresario propietario y trabajador de la fábrica de hielo, de 75 años, en la actualidad jubilado y vecino de Puertollano.
-D. ÁNGEL GARCÍA CÁCERES, profesor de enseñanza secundaria, vecino de Puertollano, hijo del propietario y durante muchos años trabajador en la fábrica de hielo.
Agradecimientos:
Agradecemos a los profesores Ángel García Cáceres y Macarena Fernández Rodríguez su inestimable colaboración e interés.