El Cristo de la Cueva de Puertollano: una historia rocambolesca

Artículo de Opinión de José González Ortiz
ddddddd

Apareció en una cueva en el derribo de una casa

El “Cristo de la cueva”, un Sagrado Corazón de Jesús, fue hallado casualmente en el derribo de una antigua casa de la calle de la Estrella de Ciudad Real en agosto del año 1998. Se descubrió en una cueva de dicha vivienda donde la pala excavadora que hacía la demolición, sorprendentemente se quedó a escasos centímetros de la escultura cuando procedía al arrasamiento del inmueble. Se hallaba en el subsuelo, en lo que era la cueva o sótano de la casa. Estaba partida cerca de la base, le faltaba la aureola que debió ser metálica dorada, una mano y un dedo. Posiblemente fue ocultada en la pasada guerra civil del 36 para evitar su destrucción (En aquella época se destruyó a martillazos la Virgen de Alarcos por unos republicanos extremistas y se profanó y quemó la imagen de la Virgen del Prado de Ciudad Real. En Puertollano, otro Sagrado Corazón de Jesús se tiró al vacío desde lo alto de la torre de la iglesia de la Asunción). El hallazgo cogió al equipo de trabajadores que hacía la demolición con sorpresa y sin saber el porqué de la extraña imagen. La escultura estaba allí, tirada y oculta bajo tierra. No llegaban a comprender aquella situación. Impresionados nunca se habían encontrado en otros derribos con una imagen religiosa o algo que se le pareciera. La escultura descubierta, está tallada exquisitamente en piedra de arenisca blanca -piedra de Novelda-, en estilo barroco y de autor desconocido. Imagen que en su contemplación transmite espiritualidad, condescendencia y paz ¡Un Jesucristo que es un símbolo de amor divino! (Como lo define la iglesia). Su origen pudo estar en alguna Casa de Misericordia o Beneficencia, aunque algunos expertos restauradores consultados de imaginería sevillana y el escultor López-Arza asocian su posible procedencia a un Claustro monacal o Colegio religioso. Todos coinciden que es una bella escultura del siglo XIX.

La imagen fue rechazada

El propietario de la vivienda donde fue hallada la escultura, José Luis Fernández Aragón, la ofreció al Museo Municipal Elisa Cendrero del Ayuntamiento de Ciudad Real para que se restaurara y conservara, pero administrativamente no fue admitida (¡un funcionario insistió para que allí no se quedara!). Partida por las piernas me la traje en el coche hasta a mi vivienda de Ciudad Real donde la limpié y restauré uniendo las dos partes. En un patio de la casa estuvo veinticinco años hasta que decidí en el mes de julio del año 2023 donarla al Museo de Etnología de Puertollano. El dueño de la imagen, tras una serie de vicisitudes que no prosperaron, me la entregó decepcionado y desconcertado por el rechazo - ¡no ha sido admitida en ningún sitio! -se quejó. Me la regaló apurado, como última instancia para que hiciera alguna intervención en ella. La escultura terminó, como dije, en mi domicilio particular. Posteriormente, el propietario que la halló, José Luis Fernández Aragón, en el lugar que ocupó la vivienda demolida, creó una sencilla capilla personal con una placa de mármol en la entrada que reza: “Casa capilla del Espíritu Santo, dedicada a la Santísima Virgen de la Estrella y amparo y a nuestro padre Jesús de la humildad”. Capilla que en la actualidad está cerrada -olvidada, abandonada y desatendida- por indisposición y avanzada edad de su propietario.

¡Quizás todo fue pura casualidad…

El Sagrado Corazón de Jesús, una vez restaurado estuvo en el patio de mi vivienda veinticinco años, hasta que decidí donarlo al Museo de Etnología de Puertollano. El estar a la intemperie no eran buenas condiciones para su preservación (lluvia, escarcha, polvo, nieblas, calor extremo en verano…) y fue lo que me motivó hacer su donación al ser propietario y conservador de la escultura al Museo de Etnología donde en la actualidad está. Para transportar la imagen hasta este centro, se desplazaron un funcionario (Raúl Menasalvas Valderas director de los Museos municipales de Puertollano) y varios operarios del Ayuntamiento de Puertollano, siendo ayudado por un vecino cercano -Javier- que prestó su carretilla de mano para subirla a la furgoneta (al moverla de su sitio se partió de nuevo por la unión). En dicha furgoneta municipal se llevó hasta el Museo Etnológico. Llegó partida como se ha referido por la zona donde fue ensamblada. Una vez en el Museo de Puertollano volví a restaurarla, recuperarla uniendo las dos partes (cuerpo de la imagen y pies sobre una pesada base) ayudado por varios miembros de la “Asociación Cultural Portus Planus”, entre ellos Alfonso Gómez Cepas. Entonces me llevé distintos medios para su reparación (adhesivo adecuado para piedra, productos de conservación, instrumental…). La escultura pesa lo suyo. Tiene 1,40 m de altura. ¡Quedó como estaba!

Un accidente

En el tiempo que estuvo en mi domicilio (25 años), me acaeció un accidente sin consecuencias al que le he estado dando vueltas numerosas veces en mi cabeza y que en esta ocasión voy a referir y compartir por ser una situación extraña, inusual, no normal. Circunstancias en la que posiblemente intervino el destino, la suerte, mi agilidad o casualidad… ¡Se puede pensar lo que se quiera!: “Un día -entonces tenía menos años-, observé que en el tejado de mi vivienda varias tejas se habían desplazado de su sitio, se habían corrido en la zona alta que divide el tejado en dos partes (caballete). La casa unifamiliar tiene tres plantas (salón comedor, dormitorios y buhardilla). Subí gateando por una pequeña terraza al tejado con cierta pendiente poniendo el máximo cuidado de no romper tejas y caerme. Cuando posicioné las tejas en su sitio traté de regresar, bajar, y al moverme resbalé y caí del tejado hacia abajo rodando como una pelota y con cierto estrépito. ¡El ruido alertó a mi familia! Me salvó del golpe sobre las baldosas del patio una rama de un pino a la que me agarré desesperado en un último momento. Rama próxima al Sagrado Corazón de Jesús y que gracias a ese asidero pude hacer pie en el suelo sin contratiempos. En tierra firme comprobé curiosamente que no tenía ningún golpe ni rasguño al haber rodado por el tejado y después en la caída libre”. Mi esposa espantada no se lo creía. ¡Siempre he pensado que el Cristo de la Cueva, al que curé en varias ocasiones de sus heridas, me libró de darme un aparatoso trastazo contra el suelo! ¡Quizás todo fue pura casualidad…

Fotos: Autor y Esmeralda Aguirre Rodríguez

Comentarios