Sancho Panza y el futuro de Pedro Sánchez

Artículo de Opinión de Javier Holgado

En la novela Don Quijote de la Mancha, la obra más destacada de la literatura española y de las principales de la literatura universal, a través de sus aventuras y reflexiones, se ofrece numerosas enseñanzas que siguen siendo relevantes en la actualidad.

La Resistencia de Sánchez

La trayectoria política del actual presidente del Gobierno ha arraigado en la sociedad española —y en los medios— la percepción de que su mayor virtud es su capacidad para resistir. No cabe duda de que Pedro Sánchez ha sido capaz de superar con éxito distintos contratiempos, lo cual refuerza esta imagen. Sin embargo, la historia reciente de la democracia española demuestra que todos sus predecesores —desde Suárez hasta Rajoy— cayeron después de grandes escándalos o crisis, pese a que a todos pareció sonreírles el destino en sus primeros años en La Moncloa.

Hoy, los escándalos políticos se suceden con tal frecuencia que el horizonte de una crisis aún más grave ya no parece inverosímil. Cada vez son más las voces que reclaman un cambio profundo en las políticas y en el modelo de gobierno; una demanda transformada en emergencia nacional ante la sensación de pasividad institucional y manipulación pública que muchos perciben.

En este contexto, el futuro se presenta complicado para el presidente Sánchez, incluso recurriendo a su célebre manual de la resistencia. Es cierto, no obstante, que se ha rodeado de una guardia pretoriana y de un partido que han renunciado a la autocrítica y la coherencia ética, logrando una cohesión interna desconocida para otros líderes socialistas como González o Zapatero. Esta resistencia, fruto de la necesidad de supervivencia y del propio carácter de Sánchez, lo hace parecer inmune a los procesos judiciales que afectan a su entorno, tanto personal como político. Desconocemos si conseguirá agotar la legislatura, aun contando con el respaldo mediático y propagandístico del que goza. No obstante, su caso trae a la memoria un pasaje clave de la obra cumbre de Cervantes, que bien podría relatar su final.

La Ínsula Barataria, entre la ilusión y el desencanto

La Ínsula Barataria es uno de los destinos imaginarios en Don Quijote de la Mancha (Segunda Parte), de la que Sancho Panza fue nombrado gobernador. Cervantes emplea el término "ínsula", un latinismo para isla, como guiño a los libros de caballerías que mencionaban remotas tierras por conquistar y gobernar.

Don Quijote le promete así a Sancho:

"que se dispusiese a ir con él de buena gana, porque tal vez le podía suceder aventura que ganase alguna ínsula, y le dejase a él por gobernador dell[a]."

Sancho no olvida esa promesa y ruega a Dios en su fuero interno "que en ella ganase alguna ínsula" de la que su amo lo haría gobernador, como le había asegurado.

Y, casi sin planearlo, al igual que a Pedro Sánchez en las primarias del PSOE —donde sin aventuras bélicas, pero sí políticas, logró el liderazgo de su partido—, Sancho es investido gobernador de la fantasiosa Ínsula Barataria.

Este peculiar gobierno resulta ser un “lugar pequeño o de poca entidad”, aunque con más de mil vecinos, lo que en el siglo XVII suponía una villa de cierta relevancia. Y así, Sancho llegó a ejercer el poder, como Sánchez ha ejercido el suyo.

No obstante, el mandato de Sancho termina abruptamente tras una serie de peripecias; pese a su buen juicio y sentido de la justicia, queda exhausto y decepcionado por la realidad del poder, afirmando:

"Pensar que las cosas en esta vida van a ser siempre iguales no tiene sentido; más bien, parece que todo da vueltas y cambia continuamente. Solo la vida humana va rápido hacia su final, más rápido que el viento, y no vuelve a empezar, salvo en la otra vida, que es eterna y no tiene fin."

El destino de los gobernantes

Por sólidos que sean los manuales de resistencia, las guardias pretorianas, los apoyos mediáticos y la gloria personal, todos los presidentes siguen finalmente el mismo camino que sus predecesores: Suárez, González, Aznar, Zapatero, Rajoy. La historia enseña que todo poder es efímero y que, como Sancho en Barataria, tan solo se gobierna hasta que la realidad —siempre cambiante— impone su propio final.

Sancho, convencido de que no es apto para gobernar y deseando regresar con Don Quijote, finalmente decide abandonar su cargo —decisión bastante común entre los dirigentes, muchas veces propia y otras forzada— diciendo una de las frases que mejor lo retrata en la obra de Cervantes: 

“desnudo nací, desnudo me hallo, ni pierdo ni gano, quiero decir que sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo, bien al revés de como suelen salir los gobernadores de otras ínsulas” 

Adiós Sr. Sánchez!!, que el destino le depare un final acorde a sus méritos.

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