Quiero analizar en este artículo la actuación que el Ayuntamiento proyecta llevar a cabo en nuestra Fuente Agria, un monumento histórico vinculado al manantial de aguas ferruginosas conocido desde hace siglos y auténtica seña de identidad de nuestro pueblo. La medida planteada —la instalación de pulsadores en los grifos para reducir el consumo o paliar el descenso de caudal— puede parecer, a primera vista, una solución sencilla. Sin embargo, precisamente esa aparente simplicidad es la que obliga a extremar la cautela.
La propuesta ha generado una controversia más que justificada. No son pocas las voces que advierten de que una intervención de este tipo, aplicada sin un análisis técnico profundo, podría tener consecuencias negativas sobre el propio manantial, el sistema de captación, las conducciones e incluso la calidad del agua. Reducir un problema complejo a una solución mecánica puede acabar agravando aquello que se pretende corregir.
Conviene recordar, además, que no estamos ante una situación nueva. La escasez de caudal en la Fuente Agria es un problema prácticamente endémico, que ya preocupaba hace más de un siglo. En enero de este mismo año publiqué en este medio un artículo en el que rescataba una noticia del siglo XIX sobre los estudios realizados entonces para investigar esta cuestión. La historia, por tanto, debería servirnos de advertencia frente a soluciones apresuradas.
Desde esta perspectiva, considero necesario aportar una opinión fundamentada. Lo hago desde una doble posición: por un lado, la que me proporciona mi formación profesional; por otro, una implicación personal directa, al ser hijo de quien lideró la última gran intervención en la Fuente Agria durante el siglo pasado, mi padre, Joaquín Holgado Soliva. Ese conocimiento de primera mano me obliga, más que me autoriza, a advertir sobre los riesgos de actuar sin la debida profundidad técnica.
Porque la cuestión no es si hay que actuar, sino cómo hacerlo. Y, sobre todo, si se está haciendo con el rigor que un enclave como la Fuente Agria exige.
1. Conclusión inicial clara
Sí: instalar pulsadores podría ser una medida problemática si se hace sin estudio previo, no tanto porque necesariamente vaya a “romper” el manantial, sino porque una fuente ferruginosa, carbónica e histórica no funciona como una red doméstica ordinaria.
La Fuente Agria está documentada como manantial ferruginoso y carbónico de origen volcánico, con más de 500 años de antigüedad, y el propio Ayuntamiento ha anunciado pulsadores junto con un nuevo estudio hidrogeológico para estudiar el acuífero.
2. Análisis hidrogeológico del cierre de grifos
El riesgo de que el agua “busque otra salida” no puede descartarse, pero depende de cómo esté configurada la captación.
Si el manantial funciona por surgencia natural, con un equilibrio entre presión, nivel freático, gases disueltos y punto de salida, cerrar o reducir la descarga puede alterar localmente el régimen hidráulico. En una captación robusta, esto quizá solo elevaría ligeramente el nivel interno o derivaría el agua a un rebosadero. En una captación antigua, con fisuras, conducciones históricas o materiales degradados, podría favorecer fugas, retornos o salidas secundarias.
Dicho de forma prudente: no es seguro que el flujo se desvíe, pero sí es técnicamente razonable exigir que se compruebe antes de cerrar caños que históricamente han tenido flujo continuo. Además, se ha informado de un caudal históricamente bajo, de unos 3,5 litros/minuto, y de que el nivel freático apenas alcanzaba la salida de los conductos, lo que hace especialmente delicado cualquier cambio hidráulico.
3. Riesgos químicos por aguas ferruginosas
Aquí el riesgo es bastante plausible.
En aguas ferruginosas, el hierro puede permanecer disuelto en condiciones reductoras y precipitar al entrar en contacto con oxígeno, cambios de pH, pérdida de CO₂, turbulencias o reposo prolongado. Si se instalan pulsadores, puede aumentar el tiempo de permanencia del agua en grifos, cámaras y mecanismos. Eso favorece depósitos rojizos, costras, lodos férricos e incrustaciones.
No significa que vaya a obstruirse todo de inmediato, pero los pulsadores tienen piezas móviles, muelles, juntas y pasos estrechos, precisamente los elementos más vulnerables a aguas con hierro, sedimentos o precipitados.
4. Riesgos microbiológicos y de estancamiento
También es un riesgo técnicamente razonable.
El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (U.S. CDC) advierte que los microorganismos pueden crecer en tuberías cuando el agua permanece quieta, y que los biofilms permiten a bacterias, hongos o amebas adherirse a las superficies internas. También señala que la lentitud o ausencia de movimiento del agua favorece microorganismos asociados a biofilm, como Legionella en determinados sistemas.
En la Fuente Agria el riesgo no debe exagerarse como si fuera una instalación hospitalaria, pero sí debe considerarse que el flujo continuo actúa como lavado natural. Si se sustituye por flujo intermitente, puede aumentar el “tiempo de residencia” del agua y con ello el riesgo de biopelículas, bacterias del hierro, olores, turbidez o alteración organoléptica.
5. Impacto sobre tuberías, grifos y pulsadores
El problema más probable no es un daño catastrófico al acuífero, sino un empeoramiento funcional:
pulsadores atascados por precipitados férricos;
juntas deterioradas;
reducción progresiva de sección útil;
necesidad de limpiezas frecuentes;
acumulación de agua envejecida en tramos muertos;
pérdida del carácter tradicional de fuente de flujo continuo.
Además, en 2025 se informó de que las primeras inspecciones no encontraron obstrucciones significativas en los caños, lo que sugiere que el descenso de caudal podría no deberse simplemente a un problema de grifería.
6. Datos técnicos que habría que conocer antes de actuar
Antes de instalar pulsadores deberían exigirse, como mínimo:
Caudal continuo actual por caño y caudal total, medido en distintas épocas.
Nivel piezométrico o nivel interno de la captación con caños abiertos y cerrados.
Existencia de rebosadero o alivio de presión.
Plano real de la captación, arquetas, cuba, conducciones y puntos de fuga.
Análisis hidroquímico completo: hierro ferroso/férrico, pH, conductividad, CO₂, oxígeno disuelto, alcalinidad, manganeso, sulfatos.
Análisis microbiológico, incluyendo bacterias del hierro y biofilm si procede.
Prueba piloto reversible, en un solo caño, con seguimiento de presión, caudal, turbidez, depósitos y calidad del agua.
Informe patrimonial, por tratarse de un elemento histórico y simbólico.
7. Alternativas posibles a los pulsadores
Podrían considerarse soluciones menos arriesgadas:
mantener flujo continuo, pero con caudal calibrado mediante reguladores adecuados para aguas ferruginosas;
instalar rebosadero técnico que permita que el manantial siga descargando aunque no toda el agua salga por los grifos;
derivar parte del flujo a un circuito visible o drenaje controlado;
limpieza y mantenimiento programado de conducciones;
recuperación o mejora de la captación si el problema es de nivel freático;
limitar usos abusivos mediante señalización y vigilancia, no necesariamente cerrando el flujo;
instalar pulsadores solo si son especiales para aguas con sedimentos/mineralización y con purgas automáticas.
8. Conclusión final y recomendación prudente
La instalación de pulsadores no debería ejecutarse como simple medida de fontanería. En una fuente histórica, ferruginosa, carbónica y con caudal ya disminuido, cerrar la salida continua puede introducir riesgos hidráulicos, químicos, microbiológicos y patrimoniales.
La recomendación prudente sería: primero estudio hidrogeológico e hidroquímico, después prueba piloto reversible, y solo finalmente decisión técnica. Si el sistema necesita seguir descargando para conservar su equilibrio, la solución no debería ser “cerrar el agua”, sino regularla sin impedir la descarga natural del manantial.