Desde mi otero
Admito que profeso devoción por Joan Robinson, una magnífica economista nacida en 1903 y reconocida por la mayoría de la comunidad docente e investigadora como la mujer que más ha significado en la ciencia económica en el siglo XX.
Tiempos extremadamente injustos para que cualquier mujer pudiera hacer carrera en su profesión y la economía no era ajeno a ello, ya que eran muy pocas mujeres quienes se dedicaran a esta ciencia social ante el arraigado sexismo de la época, de tal manera que no consiguió ser profesora de universidad hasta el mismo año que se jubiló su marido, también economista y docente. Una pelea constante hasta que encontró su lugar en la cultura académica profundamente sexista que reinaba en Gran Bretaña.
Hasta ese momento ya había adquirido gran reputación, por ello, la consideran la economista académica más importante del mundo.
En base, como digo, del entorno que le tocó vivir, fue Keynes quien se percató de su valía a pesar de su juventud incorporándola a su equipo colaborando estrechamente y discutiendo con el mismo maestro las nuevas ideas macroeconómicas. Se le considera la fundadora de una corriente teórica: el PostKeynesianismo. Esta corriente mostraba su preocupación por la distribución de las rentas, los problemas del crecimiento económico, el desarrollo de las economías del tercer mundo y emergentes, así como el papel predominante de las finanzas, no en vano el hecho de haber residido en la India durante tres años le sirvió para dejar al descubierto su lado más humano. Como si lo hubiera fundado ayer mismo, las preocupaciones siguen vigentes. Lo que los economistas llamamos “el divorcio de la realidad”.
Escribió varios artículos que siguen siendo motivo de discusión académica y una carta muy interesante: “Carta de una economista keynesiana a un economista marxista (1953)”. Entresaco algunos párrafos de la misma: “Debo advertirle que le será muy difícil seguir esta carta. No porque sea difícil, al menos así lo espero (no le importunaré con fórmulas algebraicas, o curvas de indiferencia), sino porque le resultará tan desconcertante que no sabrá como tomársela… Al ser yo una economista burguesa, el único interés que puede tener en escucharme es enterarse de qué tipo particular de insensateces voy a decir ahora. Peor aún, soy una keynesiana de izquierdas. Casi podría decirse que soy keynesiana de izquierda por antonomasia… Si posee, aunque solo sea un poco de dialéctica, comprenderá que la frase “soy keynesiana” tiene un significado completamente distinto, cuando la pronuncio yo, que si la dijera usted”
Genial, no tiene desperdicio su claridad unida a su ironía. Tenía tal capacidad de análisis que afrontaba cualquier situación económica, lo que no evitó que se creara más de un problema. Inteligente, gran carácter, gran luchadora por la justicia social de los marginados, adorada por sus amigos en la misma medida que el odio de sus enemigos. Es lo que trae consigo el espíritu crítico.
El hecho de estudiar economía por mi parte es un tanto largo de explicar, la razón que esgrimió Joan Robinson para hacerlo, con su exquisita ironía fue el siguiente: “El propósito de estudiar economía es aprender a evitar ser engañada por los economistas”
No fue mi caso, pero cuando leí hace muchos años su razonamiento me pareció que solo por este hecho, todos deberíamos tener un mínimo de conocimiento de la materia y no dar credibilidad absoluta a cuanto opine cualquier economista que se tercie, que de todo hay en la viña del Señor.
Dejó un gran legado, pero nunca le otorgaron el Premio Nobel (o Premio del Reichsbank sueco, impulsado por el Banco Central de Suecia), lo que se ha considerado como el trato más vejatorio, triste e injusto que deliberadamente se haya producido.
Félix Calle, doctor en Economía y Empresa