Desde mi otero: titulados sin títulos

Artículo de Opinión de Félix Calle, doctor en Economía y Empresa
Félix Calle
Félix Calle

Te tomas unos días de descanso vacacional tratando de olvidar los continuos casos de corruptelas y otras “yerbas” y sin darte cuenta te meten en la mochila cual polizones, a los pícaros por no llamarlos sinvergüenzas, que falsifican sus curriculums sintiéndose impunes al descrédito del ciudadano, obteniendo, de paso, rédito en forma de carguito o cargazo político. Sin olvidar que, al ser cazados, reciben por parte de algún/a ministro/a un despido propio de una eminencia universitaria a cuenta de los falsos títulos. Corte de mangas para el tendido.

Hay cosas que ocurren en nuestro país que no suceden en otros de nuestro entorno. Parecen haber entrado en competencia PSOE y PP, para ver quien falsifica más y mejor sus conocimientos, quién tiene más másteres y licenciaturas no cursadas. Y algún que otro doctorado plagiado sin pudor. El papel lo soporta todo. Incluso hay quien, listillo él, declara poseer una titulación en una especialidad que en la fecha de su obtención tal cosa no existía. Algo así como trece años antes. Jo, la cara más dura que el cemento armado. Mientras “diseñan” su vida profesional y/o estudiantil experimentan una subida de testosterona inversamente proporcional a la vergüenza que desalojan.

Pasa en política, en la empresa privada no. La persona buscadora de empleo en el sector empresarial, además de una entrevista personal, ha de aportar documentos fehacientes que justifiquen su trayectoria de estudios. Es normal, está en juego su dinero en alguien que al menos teóricamente conforma el perfil que requiere el puesto de trabajo.

¿Por qué no se hace en política? En mis años de político municipal aporté mi curriculum, además de mi titulación y másteres que había cursado, todo ello publicado en la página web del Ayuntamiento. ¿Qué problema podría haber?

En Alemania, la ministra de Defensa y el ministro de Educación dimitieron de sus cargos al descubrirse que habían plagiado su tesis doctoral. Lo mismo que en nuestro bendito país. Ya va siendo hora que dejemos la sorna a un lado con aquello que “somos el país de los pícaros”. Maldita gracia.

Volviendo a esos titulados sin títulos, demuestran una falta de respeto para aquellas personas que por circunstancias de su vida no hayan podido o querido estudiar. Se avergüenzan de estos últimos, de pertenecer a ese “colectivo” como si fueran infectos transmisores de una pandemia apocalíptica. Los desdeñan y como si de un deshonor se tratara intentan demostrar su valía cogiendo lápiz y papel para asegurarse el futuro. Como muy bien dice el magnífico periodista José Aguilar: “vivimos entre malvados y estúpidos”

Qué falta de respeto para aquellos que hemos tenido la suerte de poder estudiar. Muchas horas de sacrificio personal, económico, familiar, social, para que el “ínclito farsante” nos iguale, al menos, en conocimientos académicos.

Soy totalmente inclemente con ellos, por ser ellos injustos con los demás.

Escribiendo estas líneas me viene a la mente aquel soneto de Quevedo de título “ Valimiento de la mentira”: Mal oficio es mentir, pero abrigado: eso tiene de sastre la mentira, que viste al que la dice; y aún si aspira a puesto el mentiroso, es bien premiado”

Dicho queda D. Francisco, con su venia.

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