Desde mi otero
A pesar de que mi llegada a la economía fue casual, ha sido el hilo conductor para establecer una perspectiva social que me ha permitido investigar, dentro de mis posibilidades y conocimientos, sobre la desigualdad social, en definitiva, todo aquello que tuviera algo que ver con la moral.
Decía Adams Smith, uno de los padres de la economía clásica, que “ninguna sociedad puede prosperar y ser feliz si en ella la mayor parte de sus miembros es pobre y desdichado”. De lo que se deduce que son los Estados responsables de atender todas las demandas sociales, el problema entiendo yo, es que estos se encuentran en su mayor parte monopolizados por grupos de élite.
Hablar de pobreza es sinónimo de hambre, naturalmente, pero no menos de la escasez extrema del agua, de sed, otro factor primordial del estado inhumano en el que se encuentran.
Los últimos estudios del Banco Mundial señalan que 2000 millones de personas en el mundo no tiene acceso a servicios de agua potable de manera segura, 3600 millones no cuentan con servicios de saneamiento seguro y 2300 millones carecen de instalaciones básicas para lavarse las manos.
Si el crecimiento económico depende en gran medida del agua, aquellos países afectados por la escasez extrema no tienen posibilidad alguna de subsistir decentemente, no digo ya lo esencial para la salud si nos atenemos al estudio que verifica el fallecimiento anual de 446000 niños menores de 5 años debido a enfermedades diarreicas, relacionados con el saneamiento e higiene.
Un buen día del 2020 nos levantamos con la noticia de la cotización en bolsa del agua en Wall Street. El capitalismo feroz ha puesto sus tentáculos a remojar. Ha dejado de ser un derecho común para convertirse en una mercancía más, con aplausos por parte de varios economistas vendiéndonos parabienes y ventajas de esta mercantilización (será para los inversionistas, subrayo), sin tomar en consideración las desventajas que me atrevo a señalar por ser las más notables:
- Especulación. Por si alguien no se ha enterado, el mercado de valores es especulación pura y dura. No se puede permitir que se especule con este recurso. No se puede dejar en manos de unos pocos la llave de apertura y cierre del suministro siendo conscientes que las consecuencias son globales.
- Desigualdad. Mayor agravamiento de la situación. Problemas para la equidad en su acceso.
- Dependencia económica. Más vulnerabilidad de los países pobres.
Siempre nos han contado que el derecho humano al agua es imprescindible y no es menos cierto que el 28 de julio de 2010 a través de la Resolución 64/292 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, reconoció explícitamente el derecho humano al agua y al saneamiento, reafirmando que un agua potable y limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos.
Mientras, el Banco Central se ha comprometido a proteger el agua para las personas y el planeta. ¿Cómo?
Félix Calle, doctor en Economía y Empresa