Desde mi otero

Artículo de Opinión de Félix Calle, doctor en Economía y Empresa
Félix Calle, doctor en Economía y Empresa
Félix Calle, doctor en Economía y Empresa

Hace pocos años el entorno económico, especialmente en EEUU, sufrió un movimiento sísmico que hizo demandar ansiolíticos en las farmacias como hacía mucho tiempo. Apareció la figura de la “estafa piramidal”. 

¿Qué cosa es esta, se preguntará alguien? Consiste en captar efectivo de las personas ofreciéndoles el pago de altos intereses, a veces más del doble de los que puedan pagar las entidades bancarias en base a la confianza depositada en el gestor de sus fondos.

¿Por qué se llama pirámide? Porque es necesario que los nuevos inversores superen a los existentes, de tal manera que la base de la pirámide la constituyen los últimos participantes mientras que la cúspide la forman los primeros inversores; estos últimos cobran los intereses irreales con las aportaciones de los nuevos accionistas.

¿Cuándo surgen los problemas? Cuando ya no haya suficientes nuevos inversores y por tanto, no pueden cubrir ni los intereses prometidos ni la devolución del capital inicialmente aportado. Es lo que se llama una estafa.

También es conocido bajo el nombre de “Esquema Ponzi”. El tal Ponzi (Carlo) fue un inmigrante italiano que allá por 1920 se dio cuenta que los cupones de correos internacionales españoles se podrían vender muy bien en EEUU ya que las variaciones que se producían en el tipo de cambio del dólar producían mayor margen. El Sr. Ponzi llegó a pagar intereses del 100% a tres meses y como a este plazo cumplía a la perfección con su compromiso se fue creando gran popularidad al mismo ritmo que el aumento de clientes. Ni qué decir tiene que jamás compró un solo cupón, pero reembolsaba los intereses de las inversiones con los nuevos clientes. Hasta que intervino el Estado gracias a la denuncia formulada por el diario Boston Post quienes nunca creyeron que la práctica financiera del italiano estuviera revestida de legalidad alguna; así que le dieron pasaporte de vuelta a Italia. Y los incautos inversores se quedaron únicamente con el envoltorio, lo perdieron todo.  El Estado como es lógico no cubrió el descalabro, no salió al rescate, se trataba de operaciones privadas con asunción del riesgo inherente.

Existen al menos cuatro clases de pirámides, pero por no asumir el riesgo de ser tedioso, me centro en dos:

1. Pirámides abiertas. Los inversores conocen la estructura del negocio y no pueden quejarse del engaño o estafa.

2. Pirámides cerradas. Tipo del Sr. Ponzi, donde interviene una persona o institución que trata de ganarse la confianza del inversor y venden la imagen de gran gestor de capitales. También se ha llegado a utilizar medios físicos como los sellos de correos.

¿Quién es el campeón mundial de la estafa piramidal? Bernard Madoff. Ostenta el honor de haber constituido la mayor pirámide de la historia, estafando la “pequeña” cifra de 50.000 millones de dólares. Lo más sorprenderte de este asunto es que hizo creer a todo el mundo, los ricos de Florida se peleaban por querer ser atendido personalmente por Madoff, que había inventado un algoritmo con el que nunca se equivocaba al invertir en bolsa y estaba en situación de prometer una rentabilidad del 18% con independencia de que el mercado subiera o bajara. La nobleza europea también entró al trapo.

Final previsto, detenido. Final menos previsto, suicidio.

Estoy de acuerdo con la tesis del economista Paul Krugman, Premio Nobel de Economía 2008, cuando dice que los Estados tienen establecidas pirámides.

¿Se referirá acaso a la Seguridad Social?

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