Desde mi otero

Artículo de Opinión de Félix Calle, doctor en Economía y Empresa
Félix Calle
Félix Calle

Si diseñas tu futuro para ser algo en política, vivir a costa de los ciudadanos, profesionalizarte, que te regalen prebendas en forma de cargo público, solo has de tener en cuenta una premisa: NO PIENSES.

Una vez que has conseguido no pensar, el siguiente paso es practicar el arte del peloteo, palmero asiduo, asentir a todo lo que te digan los de arriba, aquellos que tienen la potestad de tu promoción; intenta estar a la altura de las circunstancias, anula el instinto del sentido común, compite en el zoo político con otras fieras; déjate domar. Pero, ante todo, NO PIENSES.

¿Aguanta tu estómago todo esto? Sigue delante, establece una relación de perrito fiel e intenta argumentar lo que no tiene explicación moral ni ética a cuantos te rodean en el día a día. Se llama sobrevivir. No importa que tengas que soportar su presencia gélida.

Mientras tanto, en la oscuridad de la noche ponte a afilar los cuchillos y elige a tus victimas nada más aparezcan las primeras luces del siguiente día. Piensa en el epitafio de tus competidores.

Error: no te relajes un solo momento, tienes mucha competencia. Que tu osadía no tenga límites.

Jolgorio. Ya tienes tu “carguito”, perdón, tu “cargazo” con unas retribuciones que jamás hubieras soñado en una hipotética actividad laboral o profesional externa en la que debes demostrar tu valía, competencia, liderazgo y credibilidad. Lleva implícito la correspondiente cuota de poder.

Has triunfado, no te has realizado como persona, pero has triunfado. Has puesto mucho cuidado en barrer todos los trocitos que dejaste en el camino al éxito. Bueno, algunos se han quedado debajo de las alfombras, pero eso no lo digas, silencio tenso, aborregado, ni siquiera cuando camines por las calles de tu ciudad, bastante tienes con las miradas inquisidoras de quienes te pagan el sueldo.

¿Conoces un grupo humorístico-musical llamado “Les Luthiers”? Este grupo, reconocido internacionalmente como grandes humoristas tiran de fantástica ironía y surtiéndose de la cruda realidad promocionan un concurso: ¡EL QUE PIENSA, PIERDE!

Muy revelador ¿verdad?

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