¿Se imaginan a un presidente de gobierno como el nuestro en un país protestante? ¿Verdad que no?, yo tampoco. Este es el enigma que he perseguido en los anteriores artículos y cuya resolución no vislumbro. El sórdido espectáculo de este tío, expulsado por pucherazo de su propio partido y luego en gira con la banda del Peugeot robando a nivel de estado con las mascarillas de la pandemia no lo recoge el guion de cine de ninguna república, pues hubiera sido juzgado ya desde el principio de su meteórica carrera por copiar la tesis antes de vender el país a un prófugo. ¿Comprenden ahora la sentencia evangélica de que “quien hace en lo poco, lo hace en lo mucho”? No debiera entonces escandalizarnos que en otros países también cristianos no pasen ni una sola mentira a un hombre público. Estupefactos como estamos ahora ante el descrédito infinito de este aprendiz de brujo donde el vértigo de la mentira no le sigue a la zaga de su administración nefasta, la corrupción de sus subordinados a la contumacia tras siete cochinos votos, el escándalo de cerrar el parlamento ilegalmente a embolsarse millones mientras caían ciento treinta mil compatriotas, de tal modo que si nos avergüenza España -al menos a lo queda de España- es precisamente por gente como él, tiranuelos con más cuento que Calleja y menos vergüenza que un gato en una matanza. Precisamente, a veinte años del 11 M, recordamos a Rubalcaba diciendo: “Los ciudadanos no nos merecemos un gobierno que nos mienta”, se empieza a difundir el próximo paso del ilustre meapilas con un referéndum contra el rey y una republiqueta donde él de presidente conceda a los salvapatrias militantes un rincón soberano para su autonomía y cohecho. Para bochorno de los que nos levantamos cada día con el oprobio y el cambalache de estos perillanes, la historia de nuestra democracia quizá empezó a joderse cuando después de dos mandatos consecutivos del PP sucedió el mayor atentado de Europa providencialmente (¿) a tres días de las elecciones donde la impericia de unos y la pericia de los otros acabó con el compromiso de exigir juntos justicia para casi 200 muertos y 1.500 heridos, en vez de cargar los socialistos contra el gobierno de la nación, hecho imposible igualmente en esos otros países del entorno que ante la garra del terror hacen piña con el gobierno al frente, antes que desangrarse.
El nuevo presidente de la conferencia episcopal española, Luis Argüello opinaba que “cuando nos quejamos de la situación actual, los católicos hemos de tener en cuenta que hemos sido mayoritarios hasta hace cuatro días”. Dicho así, resulta ser el intríngulis que he tratado de desentrañar sobre nuestra peculiaridad cultural. Poco antes había dicho el arzobispo a propósito de la amnistía, ese supositorio a toda la nación administrado arteramente en fases de ocultación, silencio, rumor, y penetración magistral con aspavientos, que debiera haber sido una amnistía a la inversa, es decir, que nos perdonaran a los que la concedemos el favor de no volver a intentar de nuevo lo que hicieron, pero este acicate no debió de importarle en la negociación a un ser tan inmoral como el que nos dirige. Los fines de su voluntad de poder justifican cualesquiera medios que utilice, pero como recordó Maquiavelo “el que escoge los medios escoge los fines”. ¿Merece este pueblo la esclavitud de su dictadura al ser someterlo a engaño, perversión y traición y antes de que espabilemos tengamos que llamarnos a rebato cuando el cortejo fúnebre pase por nuestra puerta? Y si el sumun de la justicia parece ser llevarlos al juzgado, fíjense en la retahíla de errores que lavan las culpas de nuestros gobernantes que me viene en un WhatsApp: “Un error judicial anula la causa por blanqueo de capitales contra el marido de la directora de la Guardia civil. Un defecto de forma deja impune una ayuda ilegal de 27 millones de euros en los ERE. Se cierra la causa del hermano de Ximo Puig por un error del juzgado. La juez archiva por un error el caso Isofotón que salpicaba a 3 ministros de Sánchez. Archivado el caso Plus Ultra por un error administrativo. Piden los registros de visita del tito Berni en el congreso y los han borrado por error y los emails en el caso Koldo y los han borrado también por error. Piden los datos de la fundación FIAPP por corrupción del partido socialista y dicen que han sido hackeados y que no los pueden recuperar. Ahora desaparecen los móviles del caso del mediador que involucran literalmente a medio gobierno por corrupción que estaban custodiados en una caja fuerte de la policía nacional”, y que de nuevo recuerdan al político florentino: “Un pueblo que acepta pasivamente la corrupción y los corruptos no merece libertad. Merece la esclavitud. Un país cuyas leyes son indulgentes y benefician a los bandidos no tiene vocación de libertad. Su gente es esclava por naturaleza. Un pueblo cuyas instituciones, públicas y privadas están en gran parte corrompidas, no tiene futuro”.
Los votantes de la izquierda parecen ser los auténticos creyentes de una religión de descreídos, sea por el peso o la pose de la PSOE,sa. Mientras las evidencias científicas demuestran que el materialismo es una teoría irracional, los que sólo creen en la voluntad de poder se empesebran dentro de esas opiniones coincidentes y sincronizadas se dice, que aparecen tras de algún escandalo descubierto a la empresa de contratación, de tal manera que quien hoy se informe sólo por la tele, quitando en parte, la noche de antena 3 de Vicente Vallés, se encuentra en un fácil cambio de país, no digamos si se sirve de los progubernamentales Lo País y la radio Ser, deudores de tantos millones como esperan conseguir con su apuesta sobre la falta de destino occidental de nuestra nación. Desde las campañas del no a la guerra y nunca mais del Prestige que consolidaron el pacto del Tinell para excluir a la derecha del gobierno, todas las campañas de propaganda y agitación continúan con la ruina a cámara lenta con el ilustre intermediario de grupo de Puebla Jose Luis Rodríguez Zapatero hasta este prodigio de corrupción, traición y mala fe que amenaza con sacarnos del muro a los extremos derechos por denunciar que sus cohechos no dan puntada sin hilo. Su misión, desentendiéndose de una nefasta administración, parece ser la de conducirnos como los trenes que no pasan por los túneles a golpe de escándalo y ficción. Qué lejos y qué difícil queda el consejo cristiano de Sócrates de que “es preferible sufrir el mal a cometerlo”.
Rubén Manso escribía en Voz Populi “El poder de perdonar los pecados” que “es el poder más grande que existe y que ya no tiene la iglesia católica, sino el PSOE perdonando (Chaves y Griñán) y a los que no, le quedan retenidos (Zaplana, Rato, Rajoy y al hermano de Ayuso)”. En la clase política alternan unos a otros, los bandidos de golpes de estado redimen a los de la sangre derramada, los de la corrupción a los que malversan fonfos públicos, y como ocurrió durante la II república estos hechos serán los que figuren en el frontispicio, que si las votaciones vienen mal dadas como en 1933 pues se rebelan contra ella con el PSOE y la Esquerra a la cabeza, o haciendo trampas como en las elecciones de febrero del mismo 36 que encaminaron a la guerra que predicaron y que perdieron y que ahora quieren con artes parecidas volver a ganar. Demuestran así lo que creen de la alternancia en el gobierno, pues una vez que se agarran ya no lo sueltan y tratan de convencernos con sus terminales mediáticas que son los legítimos por su odio racial contra los que anteponen la ley por encima de todo y a los que someten con su lawfare, mientras ellos y sus chanchullos permanecen en la fe verdadera por sus intenciones inmejorables, que juzgan acreditadas para retener como Maduro y Fidel el poder para siempre.
Cada vez me resulta más difícil escribir estos artículos, pues la mera enumeración de los delitos cometidos rellenaría sin comentario ninguno las dos páginas para aturdir a cualquier creyente. Si no tuviéramos el compromiso y el juramento de defender a la patria terrena de sus asechanzas bastaría tener la esperanza de Javier Aranguren que asegura que “en el cielo habrá una intimidad tan grande que solo nos entrarán ganas de reír”. A mi me pasa lo mismo cuando oigo a la Inchaurrondo, al gran Wayomin, a Ébole y demás mantas del gobierno, incluyendo nuestra exalcaldesa de Puertollano, aunque no sea muy caritativo por mi parte, pero en fin todos somos pecadores… “Vinieron los sarracenos /y nos molieron a palos /que Dios ayuda a los malos/ cuando son más que los buenos” decía la coplilla.
Mientras tanto, Usque tándem abutere patientiam nostram, Catilina? ¿Hasta cuándo vas a abusar de nuestra paciencia, Catilina?