Puertollano: El Santo Voto, por Enrique Buendía

Artículo de Opinión de Enrique Buendía

Cuando la peste negra a mediados del siglo XIV azotaba Europa y pasó de 200 vecinos/familias a sólo 13 (70 personas) la población de Puertollano “… quienes atribulados y afligidos ofreciendo voto principal, celebraron el desposorio de María Santísima con el aventurado San José, quedó consagrado el sacrificio de 13 vacas en un banquete comunitario cuyo voto se cumple todos los años el día de la octava de la Ascensión del señor a los cielos”. La carne guisada y repartida entre los vecinos para prevenir las enfermedades celebra como fiesta local 48 días después del Domingo de Resurrección una hermosa costumbre de siglos de nuestros antepasados, aunque sin encomendarse a los cielos por la supervivencia quede la cáscara de la tradición en una calderada anecdótica y la santidad del voto confundida con el signo de los tiempos sea ofrecer el futuro al ídolo progresista en una dolorosa decadencia.

Esta colaboración mía en las páginas de la Comarca comenzó precisamente con el cambio de gobierno local, y en vez de juzgar el municipio cuyos logros más dependen de la buena voluntad de los hombres que de las proclamas ideológicas con que se acompañan, me inclino a considerar los entuertos generales de la nación por el riesgo de que pase ésta también a mejor vida como otra tradición traicionada. A pesar de que no encontrar palabras ni razonamientos que abran los ojos a los que consideran Santo persistir en el voto y no en la causa común que nos convoca, no cabe duda de que la votación en los ayuntamientos no llegará a cambiar el Estado como ocurrió en la II república, ni sucederá “la redención de las provincias” por la que clamó Ortega y Gasset. Por eso me ocupo de lo más perentorio creo, convencido de que los cambios y confirmaciones de los gobiernos locales reflejan más a los partidos nacionales de los que son concesionarios como en otro tiempo denuncié. ¿Qué decir entonces de los episodios nacionales del gobierno Sánchez del que gracias a algunos hombres buenos, jueces y juezas, queda la esperanza de que acaben sus maniobras orquestales en la oscuridad que atiborran de tópicos la política como que lo único bueno es que con él nunca gobierne la pérfida derecha? Estos que ahora van caminito del juzgado y puede que de Jerez declarados pertenecientes a una organización criminal parecen ser los únicos  que se ocupan de los pobres cuando al revés de lo que se decía antes, no hay nada más tonto que un obrero los vote a menos que pretendan sustituir a los empresarios en la prestación de servicios y trabajos. Hablan con desprecio del capitalismo, como si viviéramos en Jauja que es lo que aparentan sus gobiernos, y son un juego de títeres educados en la agitación y en la trola que dan trabajo nada más que a putas y camellos con el dinero de todos, pagando gustosos la fontanería con tal de salir incólumes de la traición de desguazar la herencia de lo común, aunque los que los alentaban en la prensa disimulen al desenmascarar hombres e instituciones intervenidos en miserables cloacas. Por la ley por la que habría que luchar como por nuestras murallas, decía Heráclito de Éfeso, han estallado estos escándalos flagrantes que esconden sin embargo como los antiguos dirigentes del PSOE se temen no solo un cambio de voto sino de bota, igualados a los regímenes caudillistas en que se apoyan para en un retruque final proponer un plebiscito de autodeterminación como indica la última jugada del constitucional donde hemos de pedir perdón por el intento del pasado golpe de Estado para aconsejar el definitivo según la ralea de sus socios, mientras etarras y golpistas hacen las leyes de cumplimiento universal.

Después de todo se han apropiado del espacio público hasta tal punto que llaman ultras a los que defienden el sentido común, máxime si son creyentes en Dios y en la patria, no siempre en este orden, en el mérito y en el valor como atributos de la igualdad bajo la ley, en el convencimiento de que el recambio de poder ha de hacerse sin llegar a una guerra y que como Sócrates prefieren sufrir la injusticia a cometerla, considerando pues, que el arte de la prudencia en gobernar debe ser previsible, no esas escandaleras sobrevenidas por necesidad de no perder el puesto, cuando el juego es más importante que los jugadores. Los derechos, que si están dentro de la constitución son legítimos y aberrantes si son la libre expresión de anhelos que dañan el bien común, ahora que los ultraizquierdistas se alían con la extrema derecha separatista y con el PSOE a la cabeza siguen los métodos bananeros que preludian, por lo que se escandalizan de que nos escandalicemos de no poder hablar en su lengua materna los hijos de los españoles y han de usarse pinganillos para dejar de entenderse, olvidando que no son sus opiniones sincronizadas las dignas de respeto, sino los hombres. Desde que no se levantaron al paso de la bandera norteamericana se han hecho unos aventureros con la ideología de un librillo de fumar, convertidos en el camello diplomático de los narcoestados mesoamericanos, según la feliz expresión del director de Libertad Digital, ejemplo de patriotas y maestro de toreros. Por más que se deleiten en la locura, antes que estopa del peor incendio, hemos de procurar ser lo mejor que ha de conservarse, pues como dicen, los de antes seguimos siendo los mismos.

Ya es grave que los partidos se hayan convertido en partidas diciendo unos “Yo el pueblo”, lo cual es un insulto a la inteligencia, y otros que a rebufo de los desmanes populistas parecen avergonzarse de los valores y creencias de sus votantes y no del rumbo de la nación avergonzados de que se entregue el Sahara, el Peñón o las provincias vascongadas y la Cataluña española, por no hablar del papelón internacional que nos aguarda con semejante contubernio. Qué clase de engendros se han infundido en la población para que de pronto quieran despreciar cuanto identifica nuestra tradición y se regale a chantajistas cuanto sus hombres sin merma habían guardado declarándonos sus herederos. No hay más que ver a los antiguos redactores del PAIS o los dirigentes del PSOE renegando del cariz que van tomando las cosas para comprender que de aquellos polvos de los que se ufanaban vienen estos lodos. Para mí el progresismo representa el grado cero de la política, y viendo además que por sus frutos los conoceréis todas sus campañas que la gente toma como alto pensamiento e insuperable moral sólo es agitación y propaganda de los que echan de menos el telón de acero. Siendo, sin embargo, grave lo presente no alcanzamos a ver la desconfianza que desanima la relación política tanto respecto a la constitución como al predominio moral de los que se enorgullecían de ser los únicos en tenerla y que publicados sus audios no se reconocen ni ellos mismos. El nivel de obscenidad es tal que aquellos que odiaban a la España católica como fuente de todos los males patrios repiten los trágicos sucesos del frente popular en el odio desenfrenado a la religión proponiendo una más alta política con el desprecio de su moral mientras ponen sordina a sus incesantes desmanes civiles. No llegan a Besteiro, que tras los principios radicales comprendió con el tiempo que debía separarse para no engordar la bestia.

Desde el bobo solemne de Zapatero que hurgó en la herida de la guerra al siniestro ladino Sánchez que juega al desguace nacional amañando algún plebiscito, no es la izquierda socialdemócrata que sedujo al cambio político de la transición sino la que sucumbe al odio africano de expulsar a la mitad de la población a las tinieblas exteriores de la política, justo a quienes en educación, economía y ley natural, obedecen a regañadientes cuando ese casi millar de asesores alardea de frente popular redivivo ante una acomplejada oposición. Quizá como en el cuento del que ardiendo su casa pregunta si dispone de otra casa para vivir no debiéramos preocuparnos sino de reemplazar los mecanismos políticos cuando acabe la pesadilla, pero tal degradación de la democracia supone el puro impulso de poder que más que canallas parecen fantasmas que han resuelto confundir la memoria. De ahí que el aunamiento de los partidos de derecha deja una inquietud inevitable.  Dado que siempre es la misma tergiversación de la ley como apaño en vez de las murallas que nos protegen, (pretendiendo nuevos jueces para el cambio de régimen, denegando el robo de 650 millones a los parados de Andalucía, siendo un colmo la ley de amnistía redactada por los mismos delincuentes a los que se premia con volver a intentar lo que antes se pagaba con el paredón). Sin un anhelo firme de justicia las grandes referencias políticas peligran con hundirse con este desenfreno institucional. Lo que se llama el combate cultural ayudaría a evitar la hegemonía de ideologías más que de ideas a las que la misma derecha parece incapaz de oponerse. Si lo que ha pasado es de todos, habría que en silencio escuchar la terrible lección que nos afecta: basta un sujeto cómplice para que toda la arquitectura institucional se desplome, así que lejos de escuchar la inmisericorde retahíla de la izquierda hacia una nación que desprecia, el respeto por la ley, por lo que significa y sobre todo por la capacidad de ahormar la obediencia debiera atenerse a una discusión más avisada.