Pedro y el lobo o el diablo viste de Prada

Artículo de Opinión de Enrique Buendía

Tras la vergüenza nacional de la riada de Valencia quise ocuparme del apagón general que fue la envidia de Europa por lo pronto que nos recuperamos del experimento renovable, pero sucedió entonces lo de los wasaps consentidos de Ábalos que muestran y demuestran el entramado moral de nuestra desgracia hasta que estando en esto apareció la fontanera moncloaca ocupada en linchar a los que se oponen a su desvergüenza, y tal como había hecho su patrón, favoreciendo el voto por correo se sospecha de 2023, tan democráticos ellos. Mientras continúa el procesamiento de su cúpula conocida como banda del Peugeot: Ábalos, Koldo, Santos Cerdán, y él mismo, con el resto de sus allegados y demás parentela, a la vista de las cloacas del gobierno, tan obscenas entre sus límpidos ideales, confirman que permanecer en la poltrona es la única garantía de Sánchez para no ser procesado. Esto es, por cierto, lo que debe significar el nuevo bulo de la bomba lapa adherida al sillón del presidente como una lapa y que amenaza con ser una bomba para todos. Se anuncia entre tanto el fallo del tribunal constitucional donde Pumpido el que se mancha la toga con el polvo del camino, avala la amnistía a los que antes se castigaba con el paredón. Ni los peores augurios de aquella moción de censura que los llevó al poder donde Ábalos gracias a una morcilla ilegal peroraba sobre la moral del gobernante a las recias filas, prietas, marciales, que despreocupadas tras sus batallones de información y agit prop marchan proPutin, propalestinians, proetarras, progolpistas, prochavistas...para alivio de conciencias prestadas de izquierdas y el sonrojo de sus víctimas. Parecía el final del cuento de Pedro y el lobo con tantas mentiras que cuando llegara el lobo de verdad nadie nos creería, pero la retahíla de desgracias: volcanes, terremotos, inundaciones, pandemias, hacen pensar en algún jinete del apocalipsis o bien el diablo viste de Prada recordando al Padre de la mentira, conocido por el Tentador o el Acusador en un país que sólo le queda el nombre, porque todo lo demás es carcasa. 

No conozco una generación más arrogante que la mía que trajo la constitución pensando en salvar a todos los parias de la tierra (tesis de Pio Moa), ni desde luego, otra más ignorante y lerda que la presente que piensan salvar el planeta con sus dogmas de andar por casa echando abajo la transición, cuyo riesgo al no despegar al presidente de la silla es un choque institucional que nos permite contemplar esta panorámica del abismo. Porque a ver, qué ideas perduran fuera de la evidente mafia que apoya al ocupa de la Moncloa sobre la energía nuclear que estima el mundo entero menos nosotros, o la añorada Rusia de sus compis, o el simpa constante en sus delitos constitucionales de los ERE, o de la amnistía que seduce a sus votantes de Castilla la Mancha, pongo por caso, junto a la extrema derecha golpista y filoterrorista que aprovechan  la ocasión para el menudeo de sus anhelos inconstitucionales, o los malos judíos que olvidando el progrom de 1.500 víctimas, éstas sí inocentes, del 7- O se amparan en los túneles bajo escuelas y hospitales para no devolver los rehenes violados, hambreados o muertos, siendo en el fondo una caterva de ideas fijas cuyos adalides andan entre putas y coca y me lo llevo pa la saca. Mientras se desangra la ilusión de mejorar el futuro las noticias nos abochornan hasta el punto de haber quemado la fe y la ilusión que entreveíamos entre unos y otros. Para los que aún se engañan con el cuento de la historia pasada sus modelos actuales no son distintos de los que fueron, valga el presente para conocer lo que fue la demonización de la vil derecha y la nobleza patriótica del frente popular. Conociéndolos, es verosímil que esto no acabe en sentencia de la justicia, sino más bien en una última jugada en la que apostarán en referendo por todo el estado en un retruque ventajista. Mientras los fuegos artificiales de la tecnología arrinconan las creencias básicas de nuestra civilización, la ideología es la prótesis de una opinión sincronizada en materia de ecología, de clima o de género como único alborozo para unas huestes huérfanas desde el telón de acero. Respecto al futuro de la vieja piel de toro oigo en las provincias con el apoyo de las privilegiadas y separatistas la risa de las hienas que no sabes bien por qué se ríen comiendo sólo carroña y jodiendo una vez al año. Nadie entiende el temblor que precede a la crisis generalizada que como mal de muchos, consuelo de tontos se generaliza por la Europa descabezada, los alucines de un presidente de Norteamérica y una unión soviética que sigue tras el imperio de la grande Rusia.

La tentación con los buenos artículos de opinión que leo y las investigaciones de los pseudo medios es parar el mundo, porque quiero bajarme. En verdad que pararse a reflexionar sobre el destino de nuestros actos, no ya del sentido de la vida más allá de las certidumbres religiosas, es conocer el vacío estrafalario de unos políticos que se llaman guardianes del pueblo y son lobos del rebaño. Esquilmados a impuestos, avergonzados por las desgracias naturales e inducidas de nuestros compatriotas, sea la riada de Valencia, el terremoto de Lorca, el volcán de la Palma, la condonación de los chorizos o el perdón a los que antes iban al paredón, las atenciones a los chicos de la bomba por dejar de matarnos, nada parece ser lo que era, sólo la estupidez de ministros que no juntan un buen bachillerato y la castaña pilonga de los que felices de no saber nada quieren imponer sus opiniones del siglo pasado apoyando este estado de cosas. ¿Qué vendrá después del desastre, qué haremos después de la orgia? No vale con alabar las virtudes que nos inculcaron de tranquilidad al borde de lo impredecible como durante el apagón, o la ayuda espontanea en las inundaciones o los atrasos ferroviarios, en vez de mirar la fe de quienes salvados en la esperanza con buen ánimo y trato respetuoso hacia su prójimo, no responden a los escándalos con escandaleras, ni a los bulos de campañas inducidas sino con el caritativo silencio, ni juzgando la guerra de nuestros padres, hacen del trabajo y el bien el levantamiento de un país, confiando en que el mérito y el sacrificio alumbren mejores resultados, corrigiendo con cariño y siendo pacientes cuando se preludian los peores presentimientos.

Quien se acordará de nosotros cuando las cosas que tengan que suceder sucedan, sino los que en absoluto resignados confían en la voluntad divina dada nuestra dependencia de los azares, aun cuando sea un gobierno en minoría que se ha hecho fuerte aliado con los peores esperan los días festivos en que acabe este oscuro paréntesis de quienes nos perdonan la vida apoyados en cuatro argumentarios que se imponen a fuerza de repetirlo. Sólo el buen juicio de algunos jueces detiene la desconfianza en las instituciones. Aun así, desnudos ante el destino confiamos en lo que nos salvó en otros tiempos. No es lo más meditado, ni lo más técnico, tal como envidiábamos en los grandes países, sino que resulta de la espontaneidad de los que bien queremos, aún si envenenados por las polarizaciones de los que el Acusador se defiende de su incompetencia.

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