Lo feo, lo malo y lo peor

Artículo de Opinión de Enrique Buendía
 
Congreso de los Diputados
Congreso de los Diputados

En esta hora lúgubre para la patria el estupor general crea tal desazón por los insultos e improperios al siniestro inquilino de la Moncloa que a la inquietud sigue el escalofrío, y a éste, la desesperación. Da igual que salga al mundo a insultar a judíos y alemanes o que encierre en el cuarto de las escobas a los del Ibex después de haber vendido los medios gubernamentales que eran aplausos a su persona, o que las ocurrencias de sus ochocientos sesenta y tantos asesores visiten en Falcon los rincones de la península por no poder andar por la calle, o que ocultos más de 300.000 empleados públicos apoyen el sindiós presente esquilmando el presupuesto con su maquillaje comunista, pues este príncipe de la mentira a base de infiltrarse en las instituciones corrompe cuanto toca, sea el Tribunal Constitucional de Cándido Conde de los Pumpidos o el CIS con la tenaza de Tezanos, pues no se trata de un cúmulo de desaguisados lo que necesitamos comprender sino la grande hazaña que persigue acabar con la alternancia.

Pues si está FEO que un partido clave para el bipartidismo, siga a un tipo mentiroso y tras él, todo un pueblo con el aplauso unánime de quienes nos representan habiendo jurado defender las leyes, sin duda, lo que más abochorna después de las razones sentimentales de los que le siguen votando es el arriendo de los 7 votos, siendo ya acreedor de ese 1,6 por ciento separatista que se han jurado contra el Estado y la Nación borrar más de 500 años de historia. Esa unanimidad contra la soberanía nacional, discerniendo entre terrorismo bueno y malo a conveniencia para una amnistía redactada por los mismos delincuentes, supone pedir perdón a los que en otro tiempo se sentenciaba al paredón, arrepentidos de juzgar sus crímenes e incluso con el lawfare que hará pensarse las sentencias a los jueces e indica el proceloso cáncer del Estado de derecho, el gran regalo de la izquierda a nuestra democracia con su justicia alternativa. Que no haya un solo voto o una voz discrepante de algún patriota ante el interés personal del que siendo sorprendido haciendo trampas en votaciones internas fue expulsado, pone de relieve la catadura moral de los que blasonan no ser de derechas. Dos nombres han venido a ilustrar las vidas ejemplares entre quienes se revuelven contra el cieno. De una parte, las críticas en Fitur de nuestro ínclito Page hablando del extrarradio de la Constitución, y cuyo comportamiento pasado me recuerda al de los cuclillos que en un lugar ponen los huevos y en otro ponen los gritos. Y de otra, la expulsión de Fernando Savater de ese periódico de la mañana que ilumina los desmanes de la llamada izquierda sociológica española. El mismo Savater reconoce lo que otros hace tiempo advertimos preguntándonos qué hacia este buen escritor entre tales compañías: ”Me da un poco de miedo criticar las tonterías porque yo he creído en otras semejantes” dice del medio gubernamental El País, cuya deuda material no es inferior a la moral con el socialismo catalán cuyas ínfulas venenosas contra la nación, mediante editoriales que hacen digeribles los tortuosos pasos de los gobiernos progresistas, los convierte en verdaderos intelectuales orgánicos. Como han echado a Jaime Peñafiel del Mundo se ha sugerido, cambiar a Savater al Mundo y a Peñafiel a El País. Pero fuera de bromas, Partido y Periódico, adalides de una hegemonía moral que ha calado en sus votantes alientan la dictadura necesaria para establecerse partidos como Junts y Esquerra, no digamos de los portavoces de la Eta, éstos que desde hace ya cincuenta años presumían de dar carnés de democracia, hoy la hacen inviable.

Lo MALO, sin embargo, no es el espectáculo bochornoso de un periódico gubernamental o de un partido que haría mejor en repasar la historia en vez de recomendar la memoria democrática, sino la infantería mediática de la profesión periodística y su incultura consuetudinaria que son el germen y el riesgo de repetir la historia. Lo decía el mismo protagonista que comandó la matanza de la casa cuartel de Zaragoza y el Hipercor de Barcelona en el documental “No me llaméis Ternera” (Llamadme carnicero) al follonero Évole: “No hace falta la Eta porque ésta ya se ha disuelto en el entramado social”. Efectivamente, después de expulsar un cuarto de millón de personas de las urnas y de la vida del País vasco, una sociedad acomodada al crimen de los que hacían explotar a españoles burlándose de necesitar zapatos de charol para ver las bombas en los bajos del coche, esos asesinos en serie esperan ahora volver a sus casas para olvidar a los que no se pueden levantar de sus tumbas. ¿O acaso esperan que la república socialista euskaldún se suavizará con los que, si ya no matan, tampoco dejan vivir? Cómo me recuerda este frente popular redivivo el del año 34 tras haber anulado el delito de malversación y de pedir perdón por juzgar el golpe de estado, donde los socialistas y la Esquerra, acostumbrados a ocupar el poder se levantar contra la Republica que tanto aman con efusión de sangre y la quema de conventos que serán el preludio de lo que vendrá. Hoy como ayer, y es lo más grave, la Ley es para los otros y en retorcerla buscan su vigencia. Como su amor a los pobres que no cesa de fabricarlos -se ha cuadruplicado la cifra del riesgo de pobreza en los comedores sociales- con ese maquillaje de preocupación por lo público, o mejor dicho de lo estatalizado, ponen en peligro la transición política que nos alejó de las trifulcas tumultuarias y las venganzas personales y que como denuncia Miley en Argentina es el modelo de países hispano americanos destrozados por esa retórica.

Lo PEOR viene tras de lo MALO, como éste llegó tras de lo FEO. De ahí que cualquiera se sienta movilizado antes que tener que lamentar lo que ya no tenga remedio. Algunos se preguntan si serán reversibles los pasos que nos encaminan a un cambio de régimen donde sólo esté permitido ser separatista o comunista desorejado, ya que es imposible un régimen bipartidista como los de nuestro entorno entre una socialdemocracia y un partido conservador. ¿Correrá el Psoe la suerte del partido socialista francés que casi desaparece, cuando no es posible sortear el pulso de este Pedro Páramo que avanza a golpe de mandoble, cuyos propósitos son trampas, sus actos parecen amenazas, y su risa luciferina por no obtener los votos de la disolución esconde un afán de permanecer a costa de lo que haga falta? Si este hombre pasa a la historia, seguro que no pasaremos nosotros como pueblo, como nación, o como federalismo asimétrico en manos de las castas más reaccionarias basadas en la sangre o en la lengua. Lo peor sin duda después de reponernos del déficit económico característico de sus políticas, será el desastre premeditado de la educación que tardarán generaciones en desaprender las chorradas que pasan por iluminaciones progres de lo woke. Despertaremos, Dios sabe cuándo de lo que el informe PISA declara fracaso precisamente en las regiones del bilingüismo, sin libertad de enseñar en la lengua materna que los tratados internacionales señalan como imprescindible.

En su voluntad de poder parece imposible de comprender al Partido, al periódico y a la ciudadanía que sólo en España es posible la libertad, hasta el punto de poderla ejercerla de manera disolvente. Sólo España acoge la palabra democracia al punto de horadar la educación nacional con dictaduras flagrantes. Sólo en España se mantiene la igualdad que fue siempre nuestro deje cultural y moral. Por eso España es lo que nos moviliza y merece la pena su significado. Si Bismarck afirmaba que España era muy fuerte después de tantos siglos de tratar de hundirla, hoy la unidad es necesaria para los mismos que fantasean con separarse. Véanse los 70 millones de euros que reclaman como deuda histórica en las negociaciones del prófugo que habremos de abonar. No me extraña que la gente tenga tan mala opinión de la política si se trata de un juego de malabares donde un hombre con cara de tahúr es el rey del juego.

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