España levante Valencia, Valencia levante España

Artículo de Opinión de Enrique Buendía

Aún aturdidos por el desbordamiento del puto barranco del Poyo, donde cañas y barro como una lengua sucia y fría anegó aquel martes negro a medio centenar de pueblos y a centenares de desaparecidos en la oscuridad de la noche y junto al desamparo de los muertos ¡ay virgen de los desamparados! la rapiña de bandas de hienas, clamando por el ejército de un país tan gentil con las desgracias ajenas y tan miserable con las propias. En este panorama desde el puente no sabes qué te descorazona más si la fuerza del agua imprevisible, “lo inevitable nunca ocurre; siempre ocurre lo inesperado”, dice Keynes, o la ausencia de un estado que de ser el primero del mundo en constituirse como moderno desoía la llamada de alarma en uno de los lugares de mayor emprendimiento y que sigue ausente dos semanas después gracias a sus compromisos separatistas. Lo cierto es que estos desbordamientos de las estribaciones de los montes universales hacia las llanuras de anegamiento del Levante, se conocen desde el siglo XIV con una periodicidad de 30 a 70 años, aunque la magnitud de la presente “como si el rio Ebro cruzara por medio de una ciudad” dijo un teniente general, y los 20 años sin realizar infraestructuras hídricas entre ellas la presa de Cheste que hubiera salvado a la mayoría, hacen inútiles las alarmas donde no llovía que no hubieran podido impedir la masacre de la riada. ¿Quién daría los 150 millones que se necesitan a cuatro años vistas de las elecciones sin un Estado previsor? La mayor desazón contemplando el fracaso del gobierno que no se da por aludido para la emergencia nacional acusa al mismo estado de las autonomías donde se duplican y triplican funciones sin soluciones de ingeniería mundialmente reconocidas bajo el mando de políticos incapaces ante las catástrofes. Se evitan responsabilidades echando culpas al bulo catastrofista del cambio climático, el cual justifica sueldos y orientaciones políticas como renaturalizar los ríos sin limpiar los cauces, sirviéndose si fuera preciso de mano de obra desempleada, hasta derribar un centenar de presas por mor de la mínima intervención, así que incapaces de predecir lo del siniestro martes, explican lo que nos pasará dentro de un siglo, y olvidando la historia imponen “sus mitos y dogmas de la izquierda referidos a la ideología de género, el negacionismo de la biología y la propaganda alarmista sobre el cambio climático”(Santiago Navajas).

Esta DANA al ser televisada se hace radicalmente contemporánea, cuya primera característica es que aparecen antes los medios de información que los socorros. La segunda es que servidas las imágenes y la proliferación de datos se centra la discusión en la eficacia instantánea de las alarmas a todas luces insuficientes como han reconocido los pueblos afectados donde ni siquiera llovía como en Paiporta, pues normalizado el lenguaje de Danas en vez de Gotas frías no han pasado de ser borrascas pasajeras. La tercera nota son los bailes de parte y contraparte en la interpretación buscando el relato que conforme a conciencias pobres barriendo para casa con sus prejuicios. En este caso, una coincidencia más viene a rematar la faena, y es que mientras el PSOE apañaba el Consejo de Radio TVE antes que los recursos de un estado de alarma, ya con muertos sobre el tablero, Carlos Mazón comía durante tres horas con la periodista Villaplanas para confiarle la televisión valenciana. De manera que parece ser una ley contemporánea: son más importantes los medios que los remedios. Recuerden otros casos como el día anterior a las elecciones del 11 M la matraca de “los terroristas completamente rasurados y con tres pares de calzoncillos, según tres fuentes bien informadas”, que vendía Antonio Ferreras, siguiendo con las miguitas de pan para confundir la opinión pública mientras llamaban asesinos a los gobernantes en manifestaciones de la Complutense por el mayor atentado político de Europa, caso insólito entre los países de nuestro entorno, hasta terminar con las botellas de champan celebrando su victoria. Hasta el día de hoy, este agitador que puso a Zapatero al frente de los destinos de este país en el que siguen, ahora en el linchamiento de Mazón, no ha revelado alguna de sus tres fuentes. O bien, aquella expresión alborozada de Angels Barceló viendo llegar los restos del Prestige a las costas de Galicia: “Por fin ha llegado el chapapote” que auguraba el uso de las tragedias a beneficio del relato y que a muchos nos ha desanimado del trajín democrático la voluntad de poder de algunos partidos. La tragedia moderna frente a las antiguas consiste en el uso frío y sucio de la política mediante los pasos orquestados de asesores para cambiar lo evidente de la primera impresión por el relato de componendas ante un público populista poco instruido y con ganas de pasar página. La realidad virtual en la que lleva navegando este gobierno corrupto hasta el tuétano y vendido a bildutarras y golpistas, cuyos pactos políticos impidieron ver al ejército, el pueblo en armas, en Valencia por no contrariar el programa de hundir la nación, y que deja sin unidad de mando los trabajos de reconstrucción.

Las desgracias televisadas son pues, el plato fuerte en el menú de una voluntad torticera de poder y consta de cuatro fases: la primera es desechar lo evidente y contraponerlo a las intenciones tacticistas de la pelea electoral con la ayuda inestimable de los medios favorables que mediante oscuras insinuaciones terminan siendo la realidad por increíble que parezca del adversario, como en la crisis del Prestige, o la del 11 M, o la de las mascarillas del COVID, -en juicio todavía, comprometida la presidenta del Parlamento y el ministro Torres, que favorecidos por ello, no debían sustituirse por las mejores de la Comunidad de Madrid acusadas de insolidarias (¡), las mascarillas fake de sus negocios en exclusiva, y aunque de los 130 a 150 mil fallecidos dos tercios fueron de su responsabilidad, ganaron los asesores de imagen que al fin y al cabo entienden bien cómo se maneja el negocio. Uno de estos asesores del ejecutivo es famoso por justificar la mentira como necesaria, algo que acaba con todo lo que creíamos saber de nuestra civilización con cínicos tan avispados. Sirviendo al relato, agotado finalmente el tráiler de imágenes que sin parar como las aguas anegan nuestra atención, es hora de pasar a la verdad que nos han preparado y que tanto conforta a los prosélitos después de las dudas del primer momento, pues con el masaje de los mensajes salen ganadores. Quizás por eso, todavía no se han enterado porqué han perdido ante Trump, así los que peor votan en España dan lecciones de cómo habrían de votar en la democracia más antigua del mundo, o por qué luchan los judíos en vez de dejarse matar tras el 7 O, cuando se ha quintuplicado la población en Palestina que califican de genocidio. Lo de menos es la verdad, sino en adiestrarse en votar lo que indica la voz de su Amo.

En esta tormenta perfecta de Valencia sólo es digno de alabanza el ejército de voluntarios llegados de todas partes de la comatosa España y que sustituyen el fracaso de las instituciones, pues huido el jefe de gobierno por cobarde o por traidor, los jóvenes con su cubo y pala recuerdan la urgencia de socorrer a los compatriotas, la esencia de la nación. ¡Magnífico ejemplo y metáfora de nuestro pueblo, no de ahora, sino de siempre! En esta sangre joven se derrama la esperanza de un estado de las autonomías que sólo vale para un personal, como se ve en el Consejo de ministros, que no podrían valerse por sí mismos para ganar un sueldo fuera de echarse culpas unos a otros, como el bulo de culpar de “bien organizados grupos de extrema derecha” a los voluntarios que socorrían a las víctimas que avergonzados por sus disparates fueron los únicos que arrimaron el hombro según confirmó la investigación de la guardia civil. A este tenor, conviene señalar otros aspectos desde el puente, como que junto a las voces reclamando la unidad de mando con la presencia del ejército en los primeros momentos algunas vecinas hablaban de la voluntad de Dios, pues de uno y otro dependen las condiciones del desastre, pero los tiquis mikis laicistas ningunean sus bendiciones al país que extendió el catolicismo por todo el orbe, mientras en los famosos EEUU se impetra su ayuda sin escándalo. Independientemente de esto, quedará en la retina la imagen del rey y de la reina que sabiendo de la indignación conversaron con los que se sienten abandonados solicitando su perdón. Extraño país éste donde te crujen a impuestos y te despachan con dos paparruchadas progres. Ojalá que para todos crezca la esperanza al borde del abismo.

Decía Ortega que en el Levante se hallan los restos del hombre antiguo en España y quizás habría que aprender de sus rutilantes Fallas esa voluntad indomable que después de la destrucción levanta cada año en sus fiestas las nuevas ofrendas. Falta le hace a España Valencia y su ejemplo, porque los pancatalanistas y comunistas ya han solucionado el drama con una manifa violenta que es su forma de prometer remedios a nuestros males. En ausencia de la ayuda, venían muchos de Barcelona con Luis Llach y la congresista que decía que no le pagaban en el cargo por recoger agua a visitar la colonia. Si en los que lanzaron un palo de fregona al jefe de gobierno se vio qué clase de extrema derecha eran los peligros que teme el susodicho, qué buenas metáforas nos ha brindado esta terrible tragedia pues hablando de las deficiencias de nuestra juventud tan denostada han entendido lo que el capitán al cargo de la nave parece no entender lo que es una nación, y cuya frase, fruto de su exquisita sensibilidad pasará a los anales de la infamia: si quieren más ayuda que la pidan.