El errado periplo de la izquierda

Artículo de Opinión de Enrique Buendía

He tenido ocasión estos días pasados de saciarme de vergüenza al conocer el origen moral de la pareja reinante entre puticlubs, casas de lenocinio y saunas de chaperos de tal modo que el manifiesto excretado por el club de la ceja en su apoyo me ha parecido el lacito de la tarta de boñiga que sirven en este sindiós que nos gobierna. El casi centenar de abajo firmantes de la reelección de Zapatero en 2008 con Almodóvar, Ana Belén, Javier Bardem al frente et alii, guiñándonos el ojo que avalaron la ruta chavista hoy sirve a la ristra de chorizos, fontaneros, zurupetos, ocupas y manteros como champiñones en la oscuridad y basura de la política progresista. ¿Tú también Joan Manuel? ¿No te basta la cantidad de chiquillos que en la escuela pública de tu tierra no pueden hablar en su lengua materna contraviniendo los derechos de los niños por la ONU y ahora negocian las regiones más ricas romper la caja común de la solidaridad interterritorial? Allá los incondicionales con su respaldo a lo incalificable creyendo que son adelantos sociales, pero el bochorno es el de toda una generación que sin más conocimiento que la ilusión puso en manos del socialismo la redención de la patria, aunque la vergüenza no esté al alcance de todos los libres. En vez del discurso de Manuel Azaña tras el desvarío de la II República Paz, piedad, perdón salen en defensa de un guerrillero constitucional Sánchez , sostente mientras cobro, con tan ridículos motivos de fondo y forma que aseguran que la guardia civil le persiguen por su alto valor ético y no por sus chanchullos innúmeros y que en vez de juzgar la justicia los golpes de estado tenga que pedir perdón por maltratarlos o que la iglesia no los defienda por sus avances sociales, y dado el acoso que sufren por los medios que investigan el sinfín de corrupciones lo que busca son nuevas elecciones que ganaría la sórdida derecha. lo que llaman bulos son las causas penales que le rodean. Qué plantel de mandarines de la cultura toman el suicidio de la izquierda por épica alborada, ya no leen siquiera los numerosos artículos desde Savater a Albiac pasando por más de una docena de buenos articulistas abochornados por el errado periplo de la izquierda patria. Gobierno en minoría al mejor estilo leninista, bajo el manoseado sintagma de los derechos sociales y la defensa del progresismo a ultranza acabará con nosotros como con lo que queda de la Constitución con los vicios pintipuros de la peor dictadura. Se miente revolucionariamente al electorado, se junta con los peorcitos ultras de cada casa movidos por el desprecio de la nación para avasallar símbolos y referencias de cuanto era patrimonio común aún para los que ni siquiera fueron reinos sino provincias y condados, al grito de que llegan los malos de la derecha amenazan con discursos a los que no se molestan en ver, pensar o leer.

Del lastimoso periplo de la izquierda, que en Francia y en Italia es inexistente, lo que aturde es el concepto de igualdad de este partido desaparecido durante la dictadura, con total irresponsabilidad en lo que pasó antes y lo que vino después sigue imponiendo la memoria pasada como ocultando las intenciones evidentes de tal manera que sepan sus votantes semicultos o semianalfas lo que anda en juego Y que no se oculte tras la batalla democrática pues sus impulsos como parte del relato que venden es la coartada para apalancarse en el poder como demuestra en Libertad digital Santiago Navajas. La izquierda que desprecia la idea nacional cuando sólo donde resiste España está asegurada la libertad y el repertorio de los derechos cívicos resulta el cumplimiento izquierdista más acabado de la aspiración de los menos beneficiados. En sus campañas de descalificación se sirven del agitprop en vez de la transparencia cuando están sometidos a los más viles chantajes, reservándose la hegemonía moral de los desheredados. Arremeten contra la ley y los jueces que es garantía de igualdad ciudadana y muralla contra la arbitrariedad de sus pactos, vistas las cloacas de fontanería para desarmar a la oposición. Parecen encaminase hacia el anodino destino de los partidos socialistas europeos de los que se puede prescindir tranquilamente dado que la socialdemocracia la representa hoy día mejor la derecha e imponen modelos de comportamiento que hacen pensar en lo que Gabriel Albiac llama la muerte del padre, y que no es sino el derrumbe simbólico y real de nuestra civilización. No está demás el discurso de Meloni al proclamar que nuestra civilización se basa en la filosofía griega, en el derecho romano y en los valores cristianos, precisamente contra los cuales dispara esta supremacía moral woke en Europa. Sus experimentos tanto en la emigración donde los barrios parecen fortalezas de la sharía van al unísono con la purga de nuestra identidad donde un mercachifle traza los nuevos contornos de la nación sin ser siquiera mayoría, y reservándose nuevas leyes que nos alejan del sentido común al punto de consumar el experimento con la orgia encomiástica de la progrez. ¿Dónde aprendieron a hacer política cuya burla nos suena a descalabro? Olvidan a Burke: «Respetando a vuestros antepasados habríais aprendido a respetaros a vosotros mismos».

Qué aventura tan increíble la de abanderar los avances sociales con momias que se estremecen pensando aquello de fui tan progre que me convertí en un capullo. Pero tranquilos como en el relato de los antiguos comunistas en que la redención del proletariado provendría de la hermandad eterna de los hombres, no importa sino el disimulo, la firma fugaz de los que ya no pintan nada hasta concluir la traición bajo las luces ambarinas del esperpento, cuyo fundador entrevió su germen en lo trágico convertido en satírico, pues la impotencia de los que se han acostumbrado a obedecer al poder civil legítimo entreven que el duelo de la historia es el humor de su desgracia. Para mí es el fin de la política que conocemos desde los griegos como gobierno de las ciudades. Poco tienen que ver con el encarecimiento de las razones y mucho con la voluntad de poder que predicó Nietzsche. Han aprendido de Marx que la lucha es el motor de la historia sin contar con la anuencia de la mayoría, y por continuar con los filósofos de la sospecha con la represión de lo consciente pues lo inconsciente da en el olvido, según Freud. Pero esto es mucha teoría para los que siguen la opinión sincronizada que envilece a la oposición y confunde todos los mecanismos de civilización conocida. Sostenella y no enmendalla parece el lema de esta corriente con dos siglos de vida que empieza por decir que no hay más dios que lo que en la asamblea logremos que se decida, con lo que me viene a la memoria la famosa reunión de mentecatos, creo que en la madrecita Rusia, donde se votó si existe o no existe Dios y que los milicianos españoles disparando al cielo ejecutaron. Basta de interpretar la historia, transformémosla, condenando la civilización como pura impostura que el orden surgirá a imagen de lo divino lejos de la palabra como fuente de sentido y de la promesa y de la prudencia de condirse entre hombres. Los niños han de instruirse en el desprecio y la sospecha hacia todo lo que se veneraba de los antepasados, especialmente el origen heroico y esa doctrina del salvador, aquel dios que habiéndonos creado muere él mismo por salvarnos, el que levanta a los humildes frente a los soberbios, porque lo que vale no es lo que se vocea con ínfulas y oropeles sino la cera que arde en los hogares, la honra y el honor por lo que se apela a los hombres como en Fuenteobejuna al mismo tiranicidio. “Dónde están los hombres que no cuidan de la virtud de sus muchachas, dónde los españoles que nadie habla en favor de la virtud y se comportan como maricones” dice Lope en el atropello del lujurioso comendador, y bien dicho está. Por cierto, penosa versión la de este año en Almagro donde los veinte últimos minutos de las dos horas se permitió la directora sacar a los reyes católicos subidos al respaldo de un sillón entre signos satánicos. Pobre Lope en manos de progresistas.

Se silencia la historia y las voces que reclaman la identidad de occidente junto a lo que antes se conocía como cultura y hoy son multitud de chorradas a las que se dispensa este nombre. Las palabras de Meloni debieran resonar en la conciencia de cualquiera que educado (e-ducare, sacado del camino trillado) asista impertérrito a la cancelación que se pretende y eche de menos quiénes somos y en consecuencia qué hemos de defender. Los que se dicen hijos de la revolución francesa debieran ver el discurso de nuestro Donoso Cortes que atribuye sus proclamas revolucionarias a mandatos del calvario, pues qué libertad se entrega sino el libre albedrio de la conciencia que pronto se verá reducida en un sistema según el comité al que se le asigne, qué igualdad puede darse sino la creencia de que todos nacemos iguales y con los mismos anhelos de felicidad bajo la ley, y por último qué fraternidad es posible si no convenimos primero ser hijos de un padre único al que no le van los ultrajes, ni las injusticias. Si por oculto se le cree ausente o falso, no cabe apelar sino a la conciencia para verificar lo que en privado el hombre suspira, pues hombre viene de hambre sea de justicia, de belleza, de sentido o de trascendencia. Aunque el progreso técnico arrolle el sentido de un hombre bajo Dios, parecemos los de la época de hierro que sólo al final se les hará la luz como un fogonazo a su interesada confusión. Condenados a la finitud no será la historia la que les recuerde sino el ingente daño de sus arreglos y componendas. La falta de sentido que predican se abre como una boca en las heridas del cuerpo de César donde manantiales de sangre hablan de lo injusto que es procesionar al hombre como un dios y aunque se grite al poder que va desnudo, ved sus vergüenzas, seguirán proclamando el fino traje de seda transparente que le cubre.

Se ha seguido la opinión de nuestros enemigos según la leyenda negra que desbarata el empuje característico, no de España sino de lo que significa el valor de España en el grupo de las civilizaciones y se confunda algún sainete histórico como ocurre hoy con el esperpento que nos envilece. Cuándo sino ahora se dieron hombres tan incultos en la administración, burlándose de su propio atropello, cornudos rampantes con cánticos al planeta, e incapaces de sostener el rincón soleado de nuestro lugar lo hacen destino. Con el enorme influjo de la lengua y la cristiandad nos quieren cancelados por haber levantado las iglesias más altas y las capillas más tiernas, donde “el demonio del mediodía” parece tan manso como nuestro señor llevado al matadero. En verdad que los pueblos elegidos afrontan, sabiéndose privados de lo que les ennoblece, de la confianza en que no son una banda de ladrones ni iluminados sino de aguerridos diezmados por la necia obediencia. Desilusionados por lo que las ansias juveniles de trasformar el estado han convertido en gloria de un mal sujeto, alabamos las tradiciones que cautivaron el valor y la entereza que nos precedieron tanto de las costumbres de alegría del corazón y de pena de nuestras procesiones y romerías, siempre estamos aprendiendo de la fe y de la historia, a envidiar a los menesterosos si están más cerca del corazón y denostar las pompas que con mucho reflujo de palabras y discursos pretenden esclavizarnos. Ay quien pudiera liberar la patria de farsantes y pardillos y presumir al declinar el día de haber hecho lo que se debe, dando sosiego a los humildes, alentando a los jóvenes a cruzar el charco y consuelo a los que se desesperan del silencio parecido a la nada con el que gobierna el que nos inventó. “Ama y haz lo que quieras: si callas, calla por amor; si gritas, grita por amor; si corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor. Exista dentro de ti la raíz de la caridad; de dicha raíz no puede brotar sino el bien». (San Agustín, Epístola 229)[39]