El desfiladero de las almas cándidas

Artículo de Opinión de Enrique Buendía

Arrastrados por los acontecimientos, las noticias se cuecen en horas. En dos días caduca un argumentario y en tres, un buen argumento. Limitarse a los hechos como nos aconsejaban en Periodismo desacredita la historia vigente que hay detrás, luego que las noticias vivaqueen un rato y vuelvan al olvido por la irrupción de las nuevas. No es que pierdan actualidad los supuestos en los que se apoya el pronunciamiento sino la justa comprensión de lo que está en juego. Teniendo preparado un artículo para las elecciones vascas me lamentaba de los caídos durante nuestro régimen constitucional (de los que más de un tercio de los 863 ni se investigan), junto a la diáspora de más de 200.000 ciudadanos que tuvieron que huir de estas campas de sangre donde los familiares no ven justicia sino homenajes a los sicarios de los años de plomo y consentir al asesino de tu padre o de tu marido burlarse con un tararí de tu resignada educación con la mano puesta en la nariz. No poco hemos avanzado en esta nación cuando se olvidan las verdaderas maldiciones bíblicas de las que hablaba Unamuno: “Caiga sobre vosotros y vuestros hijos la sangre que habéis derramado…” y asistimos al martirologio de los asesinos en serie mientras los elegidos con el tiro en la nuca se borran del mapa. Esa sociedad eufórica tras de una gabarra es la misma que señalaba objetivos o se chivaba de los disconformes mirando hacia otro lado sino la hipocresía privada y oficial en educación, en convivencia, o el estupor ante los nuevos hombres de paz: “dame paz y dime tonto...” Como sus campañas idóneas para lavar con votos los pecados, tienen a su cargo los medios, las consignas, el orgullo y los presupuestos. Como dijo el poeta: “Al crimen le sucede la estupidez”.

En esto que, a un paso de las catalanas, siguiendo la ruta de los de la dinamita y sus alardes de que financiemos su superioridad con el odio que nos tienen, “el puto amo” que dice Puente, se pone sentimental a redactar unas cuartillas que no hubiera pasado por alto en 2º de bachillerato como el “acoso y derribo por tierra mar y aire” (?) para que echemos en falta sus sabios golpes de timón. Pero qué dice este hombre que ha hecho de la mentira no un vicio sino una alternativa, y el sueño del zurupeto que tras despreciar los ritos universitarios malcopia su tesis de doctorando, le pega a su santa el gusto hortera por los títulos, catedrática sin licenciatura, afanando influencias como su cuñado dinero. Tal que una banda como predijo Rivera cuyo fin es el cambio de régimen se molesta por los medios que difunden sus desmanes políticos y sus comisiones calladas, y él, más cómplice que astuto, la mera enumeración de desaguisados como la trasferencia del Sahara contra la resolución de la ONU, daría para más de un libro. ¿No se trata de un episodio de simple paranoia? El asunto de las mascarillas prohibiendo su compra a las autonomías durante la epidemia para formar un monopolio surtido de mascarillas fake es el retrato de qué clase de PSOE le sostiene como el tercer cargo del país la presidenta del congreso o el de Illa, qué maravilla. Si de los130.000  que fallecieron se calcula que 100.000 estuvieron de más, peor que buitres, sus anhelos de salvarnos no pasan de llenarse los bolsillos y malmatarnos con sucedáneos.

Más simpático es ver el desfiladero de las almas cándidas de dirigentes y periodistas que dieron el visto bueno a estos desmanes institucionales a los que hemos llegado. Sirva de ejemplo la pareja González-Cebrián, que acaban de caerse del caballo, el uno implantando una ley del consejo del poder judicial en 1985 que iba contra el mandato explícito de la constitución donde los políticos son juzgados por los jueces que ellos mismos han puesto. El otro, director del medio gubernamental del País cuando a punto PP y PSOE de ganar el país vasco para el constitucionalismo escribió con humildad “el discurso del método” abochornando al candidato socialista Nicolás Redondo Terreros, hoy como tantos otros expulsado. No es un exceso de celo el que lleva a señalar la coherencia de la corriente dañina de muchas profesiones y argumentarios imprescindible de izquierda que ya sólo sostienen los milicianos, y que confirma aquello de que la locura es rara en los individuos, pero común en los colectivos. No habrá un mote que haya hecho tanto daño en este país que eso de ser progresista. Hasta las advertencias del dictador de que sólo buscaban el separatismo se tomaba como blasfemia contra la santa inocencia de los que ahora ven cómo se repite la historia tras la máscara de evolucionados progresistas. Por ejemplo, la ley de defensa de la república de Azaña que quiere poner en marcha el zurupeto de la Moncloa, al parecer calcada de la de Maduro contra el fascismo. No es peligroso porque sea un pastiche, pero reclamar trasparencia o buscar la máquina del fango sin mirar en casa primero es la típica proyección psicológica de todas sus campañas, llamándonos sin empacho fascistas unos comunistas resabiados, o que crispamos a los que quieren sacarnos de la historia, o que hay separadores y separatistas a los que pronto nos rifarán a lotes, y en fin el largo bulo de sus comparecencias de estos creativos de la agitación que en derribar a quien valga no tienen rival. Todo el que tenga el vicio de pensar por su cuenta es un renegado de su terapia o como Rita Maestre, famosa por asaltar capillas al grito de “el papa no nos deja comernos las almejas” y “arderéis como en el treinta y seis” que llama nazis a los de VOX.

En una obra de títeres de cachiporra donde resultan sorprendidos y casi aturdidos aquellos a los que se confía que defiendan los valores de la constitución, sea la libertad en la unidad de la nación, o lo de libres e iguales, sea la alternancia democrática o la propiedad sin la cual seriamos sus animales de granja. Mucho de esto de ir contra la constitución saben en el petit país donde los votos socialistas de los charnegos apoyan a la extrema derecha racista que campa bajo la cap del Pirineu, separando a la mitad de los catalanes por su lengua, y por si fuera poco prestando su apoyo a los que ya han declarado una vez la república y perdonados son elevados a los altares hasta la derrota final. ¿Qué puede esperarse de lo que ya es de por si un régimen de comunicación, interpretación e inmersión propio del apartheid? Hablan de democracia, pero déjenme a mí en Castilla la Mancha con tantos medios y escuelas difundir que somos marcianos y un presupuesto holgado para premiar con capones a los disidentes y con embajadas a los adalides y así que pasen unos años tengan por seguro que más del 50 por ciento defenderá nuestros antepasados planetarios, si con ello obtienen alguna ventaja. La democracia es la coartada de quienes no permitiendo disentir de su ADN, piden un periodo de prueba para que ya no volvamos a preocuparnos por el penoso asunto de tener que elegir.

Así que salve César, amada Proserpina, guardián Koldo, estimado tito Berni, antropófago Puente, camarada Pumpido, que por la analogía histórica con el rey felón me atrevo a gritar: “Vivan las caenas”. Mirando atrás con ira de los mil y un negocio contra los fascistas, por supuesto, las columnas de milicianos, firme el ademán por la procedencia de la riqueza os saludan pues hay de sobra para otra ración de gambas el domingo.