'La Minilla' de Puertollano: elogios, más elogios… y boicot
Quizás haya visto usted por la calle en los últimos meses a algún chaval con bici y casco integral (de esos que cubren el mentón). O quizás su vecinillo ha cambiado sorprendentemente la vieja bici de acero y frenos cantilever por una montura mucho más capaz, con su buena horquilla y sus frenos de disco. O su sobrino, que apenas cogía la bici, resulta que ahora sube videos a Instagram haciendo bajadas con varios colegas por un camino lleno de peraltes, saltos, etc., y sale varias veces a la semana con ella.
Son muchos los ciclistas y familiares de chavales que me lo dicen: La Minilla ha supuesto una revolución, es increíble lo que ha animado, sobre todo a los jóvenes, a engancharse con la bici y a hacer algo en el exterior.
Hasta el momento los elogios provenían de mi entorno cercano, pero la semana pasada tuve una epifanía. Dando a conocer el proyecto a todas las tiendas locales y muchas de la provincia, todo el mundo, sin excepción, aplaudía el proyecto.
El respaldo definitivo lo obtuvimos el sábado. In situ, todos los visitantes se maravillaban de lo conseguido, pero lo más importante es que, a pesar del calor y de que muchos chavales tenían otros planes, entre los que se pasaron un rato y los que se quedaron hasta que no se veía, varias decenas de ciclistas, familiares y amigos disfrutaron de La Minilla con bajadas, juegos y charlas.
Por eso me he animado a comunicar lo siguiente a nuestros convecinos: basta ya de boicotear La Minilla.
En estos seis meses de vida del bike park los chicos han aprendido muchas cosas: que la paciencia y la constancia les llevan a logros que no creían posibles, que incluso solo con el trabajo de sus manos pueden hacer cosas grandes, que pueden entenderse mejor con quien no se llevan bien cuando tienen un objetivo común, que pueden imaginar una cosa y, llevando a cabo los pasos pertinentes de manera correcta, pueden convertirla en una realidad... pero también que la intolerancia es ciega y que hace que cualquier adulto pueda actuar de la manera más pueril, injusta e irresponsable.
Desgraciadamente, durante estos meses, pero de manera más intensa en las últimas semanas, hemos tenido que aguantar constantes ataques a nuestro trabajo.
Unas veces han sido ataques desalentadores, como que destruyan algún elemento que hemos tardado días en construir, o que después de trabajar toda una mañana al sol, regreses por la tarde y hayan destrozado todo el trabajo.
Otras veces han sido ataques que dan verdadero asco, como encontrarnos cacas de perro restregadas por los elementos de madera o situadas en lugares de paso.
Pero las peores, sin duda, han sido aquellas que han puesto en riesgo la integridad de los ciclistas (que, recuerdo, en su mayoría son niños), poniendo en lugares de paso y escondidos troncos, ramas, piedras, etc., lo cual ha provocado varias caídas que no han sido más numerosas ni graves por cuestión de pura suerte, porque realmente están colocadas con maldad.
Ya no nos podemos callar y queremos que el resto de nuestros convecinos sepan lo que está sucediendo. Me temo que muchos de los padres, familiares y amigos de los chicos del enduro ni siquiera sabrán de estos sucesos y creo que están en su derecho de conocerlos.
Es inadmisible que la intolerancia de unos pocos vecinos a los que les incomoda que unos niños disfruten de su ciudad actúen de esta manera.
Déjennos en paz. No hacemos daño a nada ni a nadie. Apenas usamos una minimísima parte de todo el entorno municipal. Hay zonas restringidas para otros usos (como para que los perros jueguen sueltos, por ejemplo) que multiplican por mucho el espacio que nosotros usamos.
Si queremos que nuestros niños y jóvenes no estén todo el día pegados a una pantalla no podemos seguir reduciéndoles el espacio para ellos en la ciudad.
PD: Remito a la redacción de este medio una imagen de uno de los juegos que realizamos este fin de semana. Podría mandar otras de trampas, elementos rotos o cacas restregadas, pero yo sí tengo buen gusto y respeto por los demás.