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Carta al Director de Ramón F. Muñoz Cazallas

Mi Puertollano: Pilar-abrevadero en esquina avenida Andalucía-calle Palafox

Ramón F. Muñoz Cazallas.- Quiero compartir algunos recuerdos de niñez y juventud, voy a empezar con el abrevadero-pilón-pilancón para dar de beber a los animales que había en la esquina de la avenida de Andalucía con calle Palafox y del que todavía se ven restos en la pared de la casa del nº 2 de la avenida de Andalucía. Se puede ver lo que era la pared interior y el hueco del tubo por el que salía el agua que todo parece indicar era de manantial.

Según me cuenta mi amigo Emilio, el pilancón era anterior a la casa, estaba en una zona de huertas y olivares, recuerda también cuando la calle Pizarro y aledañas eran el olivar de su abuelo y ya algo más reciente unas casas con patio común que había enfrente del pilancón en las que vivían varios vecinos, estaba en la zona que hoy ocupa la clínica de diálisis.

Yo recuerdo el pilar de cuando tenia 10-11 años, allá por 1964-65, estuve allí con mi tío Francisco.

El tío había venido de Calzada de Ctva para vender un borrico en la cuerda que por aquellos años se celebraba en la barriada del Abulagar, no vendió el burro y a la vuelta para nuestra casa estuvimos en el pilancón dándole de beber.

A la cuerda iban vendedores y compradores de animales: burros, mulas, caballos, vacas, ovejas, etc. Los vendedores se colocaban en las parcelas con sus animales y los compradores pasaban viendo el “género”. Cuando veían alguno que les interesaba paraban a preguntar el precio y lo normal era regatear con el vendedor para conseguir una rebaja, si bien no siempre se conseguía lo que se quería.

Me contaba mi amigo Luis Miguel que, en cierta ocasión, un tío suyo estaba en la cuerda para vender una mula, pasó un comprador y después de regatear se fue, volvió al rato e hizo lo mismo y cuando volvió por tercera vez, su tío le dijo: “alarga que no te vendo la mula por nada completamente”.

Lo normal es que después de una venta, se extendiera un documento con el que el comprador pudiera demostrar la posesión del animal.

Recuerdo también en la cuerda la figura del “aguaor”, era una persona, normalmente un muchacho, que iba con un botijo ofreciendo agua al personal, después de echar un trago se recompensaba al “aguaor” con unos céntimos.

El pilar desapareció hace muchos años, creo que cuando yo vine a vivir a El Poblado en 1978 ya no estaba.

Ramón F. Muñoz Cazallas

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