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Se trata de una tradición que forma parte del patrimonio etnográfico de Castilla-La Mancha y que está declarada de Interés Turístico Regional

Las Cruces de Piedrabuena incorporan elementos ornamentales del pasado volcánico de este municipio

Las Cruces de Piedrabuena, una tradición que forma parte del patrimonio etnográfico de Castilla-La Mancha y que están declaradas de Interés Turístico Regional, incorporan en su elaboración elementos ornamentales que forman parte del pasado volcánico de este municipio.

Los vecinos de Piedrabuena, cada mes de mayo, se afanan en adornar habitaciones o grandes espacios de viviendas particulares en torno a la cruz. Lo hacen empleando distintos materiales, unas de ellas son confeccionadas con telas, pero, en otras, las denominadas de “monte” se utiliza el brezo que florece en los montes del municipio.

La ajedrea, el tomillo, el cantueso o el musgo forman parte de la decoración de estos espacios, en los que también se emplean piedras de basalto, que relatan el origen volcánico de este territorio de la provincia de Ciudad Real.

Félix Ortega, vecino de Piedrabuena que a lo largo de los años ha recopilado mucha información sobre este municipio, cuenta cómo en la transformación de estos espacios las piedras volcánicas se emplean para realizar los altares sobre los que se coloca la cruz.

Este año, relata, algunas de las quince cruces que vecinos y asociaciones han elaborado ofrecen detalles de la íntima relación que Piedrabuena tiene con sus volcanes, entre 10-15 según algunos estudios, y entre el que destaca el volcán de la Arzollosa que generó una de las mayores coladas de lava que existen en todo el Campo de Calatrava.

Precisamente, detalla, los restos de esta colada se pueden ver en la conocida como cruz de “La cueva”, un espacio singular y único que desde hace unos años se está utilizando para mostrar al público esta tradición.

La peculiaridad de este espacio, comenta, es que las personas que elaboran la cruz utilizan una antigua galería excavada a finales de 1800 por mineros de Puertollano, en la que se pueden ver restos de la capa volcánica que se extendió desde el volcán de La Arzollosa.

En este lugar, comenta, en aquella época se trató de buscar agua para el municipio y para ello se escavaron unas galerías por debajo de la propia lava, que no dieron el resultado deseado y quedaron entonces abandonas.

Muchos años después, este espacio ha vuelto a ser aprovechado con motivo de esta tradición, para descubrir uno de los valores más importantes de Piedrabuena, su pasado volcánico, asegura el cronista.

Volcanes, maares y coladas moldean el paisaje desde hace millones de años de Piedrabuena que en el futuro Geoparque Volcanes de Calatrava: Ciudad Real contará con un geositio de interés para ser visitado.

Se trata del Monumento Natural del Volcán de Piedrabuena y la Chaparra, que colmató el valle sobre el que se encuentra enclavado.

Este es el volcán con mayores tasas de emisión de coladas de lava de la región volcánica, que desarrolló el mejor ejemplo de mesa lávica de la región volcánica de Calatrava con potencias de más de 20 metros.

El edifico principal es un cono de piroclastos con varias bocas eruptivas construido en una erupción estromboliana y pulsos efusivos de bastante intensidad responsables de los derrames lávicos (nefelinitas olivínicas).

La erupción sería el resultado de la especialización de las bocas eruptivas en dinámicas diferenciadas.

Las lavas se extienden en forma de abanico rellenando la cuenca sedimentaria pliocena con distancias de hasta 4,5 kilómetros y ha desarrollado uno de los mejores negrizales de la región, y en algunos puntos se observan bolos de disyunción esferoidal de más de 1 metro de diámetro.

En el interior de la depresión destaca la existencia de varios volcanes que fueron enterrados completamente por las coladas (un maar plioceno), o semienterrados como es el caso del cono de La Chaparra (basaltos y basanitas).

Todos estos volcanes están alineados en la misma dirección N-S del edificio volcánico principal.

Destaca su elevada geodiversidad al ser edificios volcánicos diferentes y comportamientos eruptivos alternos.

El paisaje se resuelve en un mosaico de parcelas de cultivo separadas por linderos de piedra volcánica sobre el extenso negrizal, y el esbelto cono de piroclastos del volcán principal.

Las edificaciones más antiguas, especialmente las histórico-monumentales del núcleo urbano están construidas con roca volcánica.

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