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Artículo de Opinión de Alfonso Enseñat de Villalonga, doctor ingeniero, historiador y genealogista

Independencia de Cataluña: misión imposible

Alfonso Enseñat de Villalonga.- Soy catalán por haber nacido en la Ciudad de Barcelona, donde me formé como Doctor Ingeniero Industrial y trabajé en la fábrica de Productos Pirelli, S.A. de Vilanova i la Geltrú, trasladándome a Madrid cuando tenía 34 años para concurrir y ganar las oposiciones al Cuerpo Superior de Ingenieros Industriales al servicio del Ministerio de Industria. Las tres cuartas partes de mis apellidos son catalanes, remontándose todos ellos al siglo XIII – de lo cual no puede envanecerse el separatista catalán Romeva, nacido en el distrito madrileño de Chamberí-. Mi sorpresa es que Cataluña aspire a la independencia, dando la espalda al resto del Estado Español, a sabiendas de que ello es totalmente imposible. En efecto, ello supondría renunciar aquélla a su mar territorial, pues éste pertenece al Estado Español y no a las regiones ribereñas, de conformidad a lo establecido en las leyes internacionales sobre esta materia.

El mar territorial es un espacio marítimo adyacente al territorio de un Estado, donde sólo éste ejerce su soberanía absoluta, que alcanza el espacio aéreo, el lecho y el subsuelo, con una extensión de hasta 12 millas (22,2 Km) a partir de las líneas de base.

Se considera zona de servicio de los puertos de competencia estatal – como son los de Barcelona y Tarragona- el conjunto de los espacios de tierra incluidos en la zona de servicio ya existente a la entrada en vigor de la ley internacional que rige en la actualidad.

La ocupación de dominio público portuario está sometida a la competencia de la Autoridad Portuaria bajo la absoluta dependencia estatal del dominio portuario.

La pertenencia de España a la Unión Europea presupone que las aguas territoriales españolas forman parte de las de la citada Unión. Por consiguiente, si Cataluña consiguiera -es un decir- desgajarse del resto de España perdería el acceso a dichas aguas territoriales, así como el acceso portuario.

Lo anterior nos remonta, como antecedente, a lo que ocurrió en los años 1461 a 1468, en que se emplazó la capital de Cataluña en Tarragona por el rey Don Juan II de Aragón, padre de Fernando el Católico, y su esposa la reina Doña Juana Enríquez, nombrada por su marido Lugarteniente Real de Cataluña, en su enfrentamiento con los sediciosos catalanes. Su puerto estuvo bloqueado a las naves de los revoltosos, impidiéndoles navegar a Chipre y Rodas para abastecerse de las mercaderías que necesitaban urgentemente. El Principado de Cataluña necesitó más de una década para salir de la miseria, y muchas de sus actividades fueron trasladadas al Reino de Valencia.

En cualquier caso, la Unión Europea no consentiría en modo alguno la independencia de Cataluña, pues sentaría un inaceptable precedente para las aspiraciones de la República de Irlanda, con el auxilio del IRA y del Sinn Fein, de absorber la provincia inglesa de Irlanda del Norte, así como para las aspiraciones del Reino de Escocia de independizarse del Reino Unido. Sin contar las aspiraciones de Córcega de separarse de Francia, la de los flamencos y valones con pretensiones de separarse de Bélgica y la Llanura Padana y el Véneto hacerlo de Italia.

Alfonso Enseñat de Villalonga, doctor ingeniero, historiador y genealogista

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