InicioCulturaExposición 'Otro Renacimiento. Artistas españoles en Nápoles a comienzos del Cinquecento'

En el Museo Nacional del Prado. Del 18/10/2022 al 29/01/2023

Exposición ‘Otro Renacimiento. Artistas españoles en Nápoles a comienzos del Cinquecento’

Por José Belló Aliaga

Organizada con el Museo e Real Bosco di Capodimonte de Nápoles, el Museo Nacional del Prado, con el patrocinio en exclusiva de la Fundación BBVA, plantea hasta el 29 de enero en las salas A y B del edificio Jerónimos, un recorrido por uno de los capítulos más fecundos y desconocidos de la cultura del Renacimiento europeo: la de España y de la Italia meridional hacia “la maniera moderna”, el gran arte basado en la revolución llevada a cabo por Leonardo, Rafael y Miguel Ángel.

Rueda de prensa

En el Auditorio del Museo Nacional del Prado, se ha presentado la exposición , en rueda de prensa, en la que han intervenido Javier Solana, Presidente del Real Patronato Museo Nacional del Prado; Miguel Falomir, Director del Museo Nacional del Prado; Javier Pardo Avellaneda, Director General de la Fundación BBVA; Andrea Zezza, Professore associato, Dipartimento di Lettere e Beni Culturali, Università degli Studi della Campania, y comisaria de la exposición y Riccardo Naldi, Professore, Facoltà di Lettere e Filosofia, Università degli Studi Napoli «L’Orientale», y comisario de la exposición.

Rueda de prensa Otro Renacimiento Artistas españoles en Nápoles a comienzos del Cinquecento, en el Museo Nacional del Prado, hasta el 29 de enero de 2023

75 obras

Bajo el título “Otro Renacimiento. Artistas españoles en Nápoles a comienzos del Cinquecento”, esta exposición, compuesta por 75 obras (44 pinturas, 25 esculturas, 5 libros y 1 retablo) procedentes de colecciones públicas y privadas nacionales e internacionales, pretende llamar la atención sobre una cronología (los años iniciales del siglo XVI), una geografía (Nápoles) y unos actores (pintores y escultores italianos y españoles), que conforman un panorama artístico a menudo considerado secundario respecto a los tradicionales focos del Renacimiento: Florencia y Roma, y que tuvo además una decisiva trascendencia dentro de una realidad política más amplia, la de la Monarquía Hispánica, como demuestra la posterior actividad en España de artistas como Pedro Machuca, Bartolomé Ordoñez, Diego de Siloe, Pedro Fernández o Alonso Berruguete, entre otros.

La exposición, comisariada por Andrea Zezza, Professore associato, Dipartimento di Lettere e Beni Culturali, Università degli Studi della Campania, y Riccardo Naldi, Professore, Facoltà di Lettere e Filosofia, Università degli Studi Napoli «L’Orientale», propone, en palabras de Javier Solana, Presidente del Real Patronato del Museo Nacional del Prado, “emprender un viaje visual por una etapa cargada de interés, por un instante en el que se estaba descubriendo una nueva manera de expresión artística, que se interpretaba de otro modo y que llegaría a la península ibérica digerida, metabolizada y diferente”.

Inscrita en un espacio arquitectónico que evoca las construcciones napolitanas de la época, “Otro Renacimiento” proporciona una idea muy aproximada de lo que supusieron las novedades de ese período sin circunscribirse a una sola disciplina artística. Se transmite de este modo una percepción global, ajustada a una realidad de convivencia de técnicas y materiales. La pintura sobre madera o lienzo, la miniatura, la madera policromada o la escultura en mármol presentan un panorama variado de tipologías y formatos que traslada de manera más verosímil al período que se ilustra.

Para la Fundación BBVA, “participar en una exposición como esta significa contribuir a ilustrar uno de los capítulos más hermosos de esta historia compartida, sobre todo por lo que significa a la hora de valorar la labor gratificante del intercambio y de demostrar que el conocimiento carece de fronteras y que precisamente en la colaboración y el diálogo surge lo mejor de nuestra creatividad”.

Este proyecto expositivo, que tendrá su continuidad en el napolitano Museo e Real Bosco di Capodimonte, permitirá hasta su clausura completar narraciones y añadir matices a la colección permanente del Prado a través del conocimiento de lo que fueron las artes plásticas en Nápoles a comienzos del siglo XVI, y hablar del protagonismo de lo hispánico en un proceso enriquecedor de interacción e intercambio con el mundo italiano porque en palabras de Miguel Falomir, Director del Museo Nacional del Prado, “podemos afirmar sin temor a exagerar que, sin esa experiencia napolitana, el Renacimiento español sería muy distinto”.

Para ello, la exposición cuenta con 75 obras procedentes de colecciones públicas y privadas nacionales e internacionales, entre las que cabe destacar la generosidad de los préstamos del Fondo Edifici di Culto del Ministero dell’Interno de Italia en su compromiso institucional de continuar afianzando los lazos culturales entre Italia y España.

Comisarios:

Andrea Zezza (Università degli Studi della Campania) y Riccardo Naldi (Università degli Studi Napoli «L’Orientale») con la colaboración en el Museo del Prado de Manuel Arias.

La exposición

En 1503, Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, tras derrotar al ejército francés que pretendía ocupar Nápoles, entra triunfante en la ciudad y se hace cargo del gobierno en nombre de los Reyes Católicos. Se trata de un paso importante en el proceso que llevó a España a consolidarse como potencia hegemónica europea. El resto de Italia, sumida en una profunda crisis política, asiste a la afirmación de su cultura humanista, con la Antigüedad como modelo de referencia admirado y respetado en el continente.

Nápoles había vivido en las décadas anteriores un gran auge cultural, y la pérdida de su independencia política no supuso el final de ese brillante periodo, sino que contribuyó a definir un nuevo papel para la ciudad, fundamental en la difusión de la cultura renacentista italiana en la península Ibérica.

Carente de una fuerte escuela artística local, la capital del sur, si bien tradicionalmente cosmopolita, acogió en esos años la «maniera moderna», el nuevo arte basado en la revolución protagonizada por Leonardo, Miguel Ángel y Rafael. Este fervoroso periodo estuvo animado por artistas destinados a un prometedor futuro: fue en Nápoles donde los españoles Pedro Fernández, Bartolomé Ordóñez, Diego de Siloe, Pedro Machuca, y tal vez Alonso Berruguete, cosecharon sus primeros éxitos antes de convertirse en los protagonistas del Renacimiento español.

Esta exposición pretende llamar la atención sobre este breve pero extraordinario momento y destacar la altísima calidad de las obras de arte producidas desde principios de siglo hasta 1530, cuando terminó la guerra entre el emperador Carlos y el papado.

Recorrido por la exposición “Otro Renacimiento. Artistas españoles en Nápoles a comienzos de Cinqueecento”

Sección I

En el umbral del siglo XVI Nápoles tenía más de cien mil habitantes y era la ciudad europea más poblada después de París. En las décadas anteriores al establecimiento de la corte de los reyes de Aragón se habían congregado allí muchos de los humanistas italianos más importantes, que desarrollaron una peculiar forma de «humanismo monárquico» –distinto del «humanismo cívico», propio de las ciudades libres del centro de la península Itálica–, fundado sobre el prestigioso legado de los antiguos.

Todo ello influyó profundamente en la civilización europea al proponer una nueva función para los intelectuales laicos, desvinculados de la Iglesia y consagrados, a la sombra del rey, a la reflexión política, social, jurídica y cultural, así como a la transmisión de las razones del soberano y a la construcción de un aparato estatal.

Las obras reunidas en esta sección sirven como preámbulo a la exposición y muestran algunos de los lugares y rostros que encarnaron la vida y la cultura del Nápoles españolizado: el palacio-fortaleza de Castel Nuovo, el busto de bronce al estilo antiguo de Gioviano Pontano y el naturalista retrato de Jacopo Sannazaro, de gran humanidad y completamente desprovisto de grandilocuencia. Ambos nos muestran los rasgos de los dos protagonistas de la vida cultural y artística napolitana, así como la transición desde el rígido clasicismo «anticuario» del siglo X hasta una manera más natural y moderna de representar las formas y de hacer que las figuras parecieran vivas.

Sección II. Nápoles pasa a ser español

La incorporación de Nápoles a la Corona hispana favoreció un desarrollo sustentado sobre nuevas bases: el sur de Italia se integraba en un complejo imperio mediterráneo y pasaba a convertirse, por un lado, en un puesto de avanzadilla para la propagación de las costumbres españolas en Italia, y, por otro, en cabeza de puente para la difusión del lenguaje renacentista italiano en la península Ibérica.

A pesar de que los ejércitos recorrían el Reino, Nápoles mantenía su vocación abierta y cosmopolita, por lo que continuó atrayendo a artistas de todos los orígenes: romanos, emilianos, toscanos o lombardos, pero también ibéricos.

El viaje de Fernando el Católico a sus nuevas posesiones (1506-7) constituyó un acontecimiento clave en este proceso: el rey fue recibido con grandes esperanzas y homenajeado con arquitecturas efímeras y pinturas que celebraban su triunfo a la manera de los emperadores antiguos, con lo que se desarrolló un modelo ceremonial que se exportó de inmediato a la península Ibérica. En esos momentos aparecen activos en Nápoles un misterioso artista conocido como Maestro del Retablo de Bolea y el pintor Pedro Fernández, procedente de Lombardía, que, tras establecerse en la ciudad durante unos años, logró renovar profundamente la cultura figurativa local.

Sección III. Hacia la «maniera moderna»

Entre los siglos XV y XVI las artes vivieron en Italia un momento de transformación histórica. La obra de artistas como Leonardo y Giorgione, claramente asimilada por sus coetáneos, marcó una ruptura con el pasado: la representación de la naturaleza alcanzaba una nueva dimensión, y las figuras adquirían sentimientos, vitalidad, movimiento. Por su parte, Miguel Ángel y Rafael impusieron un modelo de belleza más complejo e idealizado. Este modelo aspiraba a emular la grandeza, la medida y el poder retórico del arte de los antiguos, considerado hasta entonces un modelo inasequible. Con él, se buscaba una perfección que iba más allá de la representación de lo natural, hasta el punto de revelar el don divino de la Gracia. Es el estilo al que Vasari se referirá como la «maniera moderna», el de la conquista de la perfección.

Florencia, Milán, Venecia y, más tarde, Roma fueron los lugares donde se incubó ese nuevo estilo. Los artistas españoles que confluyeron en Nápoles tras la conquista, formados ya en esos centros de innovación, fueron los encargados de llevarlo allí, junto con el escultor florentino Andrea Ferrucci y el pintor lombardo Cesare da Sesto.

Sección IV. En torno a Rafael

Los años de gobierno del virrey Ramón Folch de Cardona (1509-22) serán recordados entre los más felices de la historia del reino. Fueron también años de un extraordinario florecimiento artístico: la llegada desde Roma de la Virgen del pezde Rafael marcó un punto de inflexión en la actividad de los artistas locales, que la acogieron con gran entusiasmo.

Después de Fernández, los escultores más destacados fueron Diego de Siloe y Bartolomé Ordóñez. Ambos desarrollaron un original estilo al combinar la poética de los afectos de Leonardo con la gracia de Rafael y el poder expresivo de Miguel Ángel.

A finales de la segunda década se extendió una versión más inquieta del estilo rafaelesco, estimulada, una vez más, por la presencia de un artista español llamado a desarrollar una brillante carrera, Pedro Machuca, futuro arquitecto del Palacio de Carlos V en Granada.

La cultura humanística napolitana apreció y favoreció esa interpretación libre del arte clásico, como lo demuestra la doble estancia en la ciudad de Polidoro da Caravaggio y la corta pero relevante carrera de Girolamo Santacroce, el más apreciado de los artistas locales.

Ese momento de fervor creativo se vio truncado por la guerra de 1527-28, tal como había sucedido en Roma con el Saco de 1527.

Sección V. Las águilas del Renacimiento español

Los artistas ibéricos, ya activos en Nápoles a principios del siglo XVI, sientan las bases del Renacimiento español. Bartolomé Ordóñez trabajó sobre todo en Barcelona, aunque murió en Carrara a finales de 1520. Diego de Siloe, que desarrolló su actividad entre Burgos y Granada, supo infundir en sus obras escultóricas y arquitectónicas un sentimiento de veracidad y grandeza novedoso hasta entonces en esos centros artísticos.

Pedro Machuca trabajó entre Jaén, Granada y Toledo, y se consagró como el principal abanderado de su maestro Rafael, cuya capacidad inventiva supo captar tanto en sus creaciones pictóricas como arquitectónicas.

Alonso Berruguete, activo entre Valladolid y Toledo, imprimió a sus obras una fuerte expresividad impulsada por su pasión por Miguel Ángel. Sus figuras adquieren un carácter visionario que las sitúa entre los principales logros del arte europeo del siglo XVI.

Por su parte, Gabriel Joly, un virtuoso tallista originario de Picardía (Francia), adquirió prestigio en Aragón. En su última fase de actividad el artista alcanzó niveles técnicos y estéticos cercanos a los de Siloe y Berruguete.

CATÁLOGO

La vinculación entre España y Nápoles va mucho más allá de una relación de proximidad mediterránea. El virreinato instituido en 1503 tras la conquista del territorio por el Gran Capitán inaugura una larga secuencia de historia compartida y el primer tercio del siglo XVI sería una etapa crucial en el intercambio cultural y las manifestaciones artísticas. Estas circunstancias propiciaron que los artistas hispanos formados en el norte de Italia, en Roma o Florencia, viajaran a Nápoles llevando un nuevo lenguaje, antes de regresar a su patria.

En este catálogo, que acompaña una exposición del mismo nombre, se aborda de manera novedosa ese particular momento, que no ha ocupado un lugar preeminente en los estudios sobre el Renacimiento europeo, para desvelar los mecanismos que rigen la circulación de influencias mutuas.

La investigación minuciosa sobre las excepcionales piezas que integran la exposición y los apurados ensayos introductorios permiten analizar esa fecunda interrelación, la «españolización» de Italia y, al mismo tiempo, un similar y enriquecedor proceso inverso.

Las transformaciones que se producían en ese mundo cambiante en lo político, pero también en la literatura, la pintura o la escultura, se estudian en unos textos elaborados bajo la doble y exhaustiva mirada de especialistas de ambos países: Manuel Arias, Carlos Hernando, Riccardo Naldi, Encarnación Sánchez, Carlo Vecce y Andrea Zezza.

José Belló Aliaga

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La exposición puede visitarse en las salas A y B del edificio Jerónimos, hasta el 29 de enero de 2023
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Jacopo Sannazaro. Paolo degli Agostini, h. 1511-15. Óleo sobre tabla, 34,9 x 27,9 cm
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Giovanni Pontano. Adriano Florentino, h. 1490. Bronce, 49,5 x 50,2 x 19,2 cm
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La Virgen y San José. Pietro Belverte. Madera policromada
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Tríptico de la Virgen con el Niño. Jean Bourdichon, h. 151-4. Temple sobre tabla
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Visión de San Eustaquio. Pietro Buono. Óleo sobre tabla, 165 x 121 cm
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La Flagelación. Maestro del Retablo de Bolea. Primera década del siglo XVI. Óleo sobre tabla, 88 x 61 cm
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Breviario- Misal de Fernando el Católico. Maestro del Retablo de Bolea, h. 1506-7. Temple, tinta de oro y pan de oro sobre pergamino, 330 x 235 mm
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La Virgen con el Niño y ángeles, 1515. Cesare da Sesto. Temple sobre tabla, 142 x 99 cm
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Lamentación sobre Cristo muerto. Bartolomé Ordoñez, h. 1517-18. Madera de nogal en su color, 55 x 40 x 3 cm
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San Sebastián. Diego de Siloe, h.1514-15. Mármol, 140 x 50 x 36 cm
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La Sagrada Familia. Pedro Machuca, h. 1516- 17. Óleo sobre tabla, 58 x 47 cm
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En primer término, Prudencia, h. 1525-28. Mármol, 140 x 151 x 40 cm. Girolamo Santacroce. Al fondo, a la izquierda, vista parcial de La Virgen coronada por los ángeles con san Antonio de Padua y san Miguel Arcángel, h. 1527-30, de Marco Cardisco y a la derecha, San Juan Bautista, h. 1532-36 y San Benito, h. 1532-36, de Girolamo Santacroce
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Retablo de Santa Elena. Pedo Fernández y Antonio Norri.1519-21. Óleo y temple sobre tabla, 288 x 230 x 60 cm
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Vista de la exposición
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Vista de la exposición
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San Miguel Arcángel, h.1525. Madera policromada, 170 100 cm. Diego de Siloe
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Anunciación, h. 1525-30. Óleo sobre tabla, 100,1 x 73,3 cm. y Presentación de Jesús en el Templo, h. 1525-30. Óleo sobre tabla, 101,8 x 73 cm. Pedro Fernández
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