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Desarrolló una intensa labor social desde el siglo XVII

El Convento de San Ildefonso de Talavera de la Reina entra en la Lista Roja del Patrimonio

No resulta fácil reconocer la estructura original del convento de San Ildefonso de Talavera de la Reina (Toledo). Como tantos otros, sufrió los avatares de la historia: la expulsión de los jesuitas, el relevo de estos por parte de los agustinos, las desamortizaciones, la invasión francesa y la guerra civil. Actualmente está abandonado y dividido, por lo que el convento perdió su monumentalidad. Sobre el Palenque se construyó el mercado de Abastos; la iglesia pasó a ser un almacén, posteriormente un cine y finalmente fue reconvertida en teatro; las dependencias conventuales fueron derribadas y, las que aún se conservan, forman parte de bloques de viviendas particulares o se encuentran en estado de ruina y abandono.

Poco queda, por tanto, de la grandiosidad de antaño de este edificio construido en el siglo XVII, siguiendo las trazas de la obra de Fray Lorenzo de San Nicolás y su estilo barroco de ladrillo.
Por estos motivos, el convento de San Ildefonso de Talavera de la Reina (Toledo) acaba de ser incluido en la Lista Roja del Patrimonio que elabora la asociación Hispania Nostra (https://listaroja.hispanianostra.org/) y que recoge más de 1.100 monumentos españoles que se encuentran sometidos a riesgo de desaparición, destrucción o alteración esencial de sus valores.

El convento desarrolló una intensa labor social desde el siglo XVII ya que, además de los usos conventuales y religiosos, el complejo contaba con dependencias dedicadas a la enseñanza, donde los jesuitas instruían a los jóvenes locales.

Del antiguo convento de San Ildefonso, además de los restos de la iglesia (actual Teatro Palenque) se conserva el edificio que hace esquina entre la calle Palenque con la plaza del Padre Juan de Mariana. La iglesia de tres naves con capillas laterales, coronada por una gran cúpula de media naranja sobre tambor y rematada en linterna, contaba con una entrada principal a la calle de la Corredera, decorada con un relieve de la imposición de la casulla a San Ildefonso, a la cual se accedía por una gran plaza de piedra o palenque, dándole así el nombre popular por el que se le conoce al convento.

El edificio es de planta cuadrada, con un patio central a modo de claustro, y en cuya fachada aún se conservan parte de los fingidos que decoraban los muros y ventanas de todo el edificio. Fue construido en ladrillo y aparejo toledano, también aprovechando sillares de la muralla cercana a modo de cimentación y zócalo en algunos puntos. La estructura interior, cuenta con elementos de madera y cubiertas de teja cerámica. En la zona de la huerta del convento, se encuentran varias edificaciones sin catalogar que debieron tener diferentes funciones dentro de las dependencias conventuales y que actualmente se dedican a vivienda; en el siglo XX, estuvieron destinadas a una serrería.


Actualmente, el edificio del convento que aún se conserva ha sido dividido en dos: las dos crujías situadas en el perímetro exterior se encuentran habitadas y su estado de conservación es bueno; mientras que las dos crujías interiores que cierran el cuadrado del claustro, se encuentran abandonadas y algunas zonas de la cubierta ya han comenzaron a derrumbarse; poniendo en peligro la integridad del resto de la estructura. El edificio se ha visto muy alterado a lo largo de los años.


En la zona habitada, se han modificado huecos de fachada, eliminando en algunas zonas las ventanas semicirculares de la planta superior, siendo sustituidas por huecos verticales hasta el suelo, incluyendo un balcón. Asimismo, todos los fingidos que decoraban la fachada han sido eliminados. La puerta de acceso, de estilo barroco posiblemente fue derribada y sustituida por un bloque de viviendas moderno.
La zona deshabitada, al apoyarse en estructuras de madera, presenta diversas patologías en su interior, como puede ser el colapso de una de las crujías de la cubierta, lo cual ha generado desprendimientos y humedades en ese flanco del edificio. Las fachadas interiores al patio central por su parte, conservan aún los trampantojos que decoraban todo el convento, pero la falta de mantenimiento ha generado pérdidas del revoco y de las pinturas en varias zonas de la fachada.

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