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Artículo de Opinión de Juan Antonio Callejas, diputado nacional del PP por la provincia de Ciudad Real y alcalde de Villamayor

El 20 de marzo nos vemos en Madrid. Sí a la España Rural (y VIII)

Juan Antonio Callejas.- Las diversas caras del despoblamiento que hemos venido comentando en artículos anteriores ponen de manifiesto que no existe un proceso único y cerrado que lleve aparejada la desaparición de la decadencia de las áreas rurales, sino más bien al contrario que el despoblamiento es un indicador del delicado equilibrio que debe darse entre las poblaciones y el medio, entendido éste como el conjunto de condicionesque permiten a las poblaciones su supervivenciay desarrollo. Ello hace que no creamos que existe una fórmula mágica que arregle el conjunto del problema, yo, al menos, no la tengo pero no es menos cierto que, desde hace algunas décadas, los distintos agentes de desarrollo han venido poniendo en marcha planes de emprendimiento que han generado que algunos mayores regresen, cuando se jubilan, en retiro activo a recuperar la vieja casa del pueblo; o que algunos jóvenes han llegado a las zonas periurbanas en busca de precios asequibles para sus viviendas; o que personas de origen extranjero hayan llegado los pequeños pueblos en busca de trabajo y vivienda; o, incluso que haya habido algún grupo que, con el deseo de recuperar los pueblos abandonados hayan intentado su “reparación” buscando, generalmente, un estilo de vida alternativo, en una mezcla de necesidad económica ante la crisisy el rechazo del consumismo y la masificación de las ciudades.

Desde un punto de vista teórico la principal solución del despoblamiento es la inmigración puesto que combate y elimina el envejecimiento global de un municipio. Concretamente en un estudio de la Fundación Bancaria La Caixa se explicita que «Durante la primera década de este siglo XXI, dos tercios del saldo migratorio hacia las zonas rurales son de población extranjera», llegada que ha cambiado el mapa de la presencia de extranjeros en las zonas rurales: en 2001, sólo siete provincias españolas superaban el 5% de población inmigrante, hoy ese porcentaje lo rebasan 43 provincias, y de ellas, en 21, el número de inmigrantes está por encima del 10%. El mismo estudio asegura que la llegada de este tipo de inmigrantes «está cambiando lentamente la composición demográfica de estos lugares» dado que «los inmigrantes vienen con edades que facilitan tener hijos y, asimismo, estas familias arriban con hijos menores o tienen la intención de solicitar la reagrupación familiar», por ello cerca del 20% de las nuevas generaciones de jóvenes rurales tienen ascendencia extranjera, sin olvidar que las madres rurales de origen extranjero tienen, de media, más hijos que las nacidas en nuestro país.

Mi opinión es que, en un contexto de recursos públicos escasos,la solución de los problemas de la España Rural. Mal llamada Vacía/Vaciada hay que hacerla estableciendo prioridades y definiendo, previamente, cada tipo de espacios rurales con sus necesidades y las estrategias más adecuadas de inversión en infraestructuras y equipamientos (centros escolares y de salud,…), planteándolas, casi siempre a una escala comarcal y no municipal, y con criterios de racionalidad y eficiencia.En algunas comarcas, se tendrán que emplear recursos públicos para avanzar en el proceso de modernización de la agricultura, promover el relevo generacional, impulsar los modelos asociativos y favorecer la renovación formativa de los agricultores para que estén más capacitados para acceder al mundo digital y de las nuevas tecnologías. En otras comarcas, habrá que diseñar estrategias integrales de desarrollo, que favorezcan la interacción rural-urbana, la diversificación de actividades (agrarias y no agrarias), la instalación en el medio rural de nuevos emprendedores,… facilitando la movilidad y el transporte. Habrá también territorios en los que la fuente de supervivencia de las familias que en ellos residen descansa en los ingresos obtenidos de manera temporal por la afluencia de visitantes en determinadas épocas del año (fines de semana y/o periodos vacacionales) que buscan lugares de ocio y esparcimiento. En estos casos habrá que promover planes de habilitación de las casas rurales para que sirvan de acogida a esos visitantes, extendiendo la banda ancha de las telecomunicaciones por todo el territorio y así podríamos alargar la casuística casi hasta el infinito.

Por ello, a modo de síntesis, creo que las soluciones que se den, variando como es obvio en cada pueblo o comarca, han de pasar por los siguientes puntos sin que, como ya hemos dicho, pretenda agotarlos:

Estudio técnico hecho por profesionales de la problemática de cada una de las zonas -comarcas- en el que se constaten las diferencias territoriales y, con ellas, las necesidades y posibles soluciones que haya para cada una de ellas. Sin este trabajo se corre el riesgo de errar en la solución.

Sobre la base anterior propiciar una legislación nacional, autonómica y municipal, así como de las correspondientes dotaciones presupuestarias, que garanticen la puesta en acción de las medidas que deban adoptarse según el estudio técnico anterior.

Un reconversión de la agricultura y ganadería que permita al productor vender sus productos con un beneficio razonable y justo por lo que, necesariamente, hay que regularlos y liberarlos de la opresión que sobre ellos ejercen las grandes distribuidoras. En esta línea también cabe pensar, siempre que resulte viable económicamente y para pequeñas explotaciones, centrarse en un mercado de proximidad y, a ser posible, ecológico y fijar los precios en función de la oferta y la demanda.

Potenciar una repoblación del espacio rural no solo con habitantes que dependan de la agricultura, la silvicultura y la ganadería, sino con otros que tengan otro tipo de actividad, lo que hace imprescindible una conexión moderna a Internet, unas comunicaciones propias del siglo XXI, la mejora y modernización de las carreteras y del ferrocarril y la dotación adecuada de servicios sanitarios y educativos. Con estos requisitos pueden establecerse en los pueblos personas que puedan vivir de un ordenador: creadores, diseñadores, programadores, ingenieros de sistemas, corredores de Bolsa, «traders», escritores, delineantes, emprendedores de negocios digitales, gestores de bases de datos…fomentando el teletrabajo ya que en nuestros días no hay ninguna razón tecnológica que impida el teletrabajo en muchos sectores económicos.

Revertir, en lo posible, los daños causados a la naturaleza mediante el cuidado y conservación de la fauna y flora locales con proyectos de «rewilding» (renaturalización o resilvestración), para recuperar la fauna autóctona exterminada hace décadas o sustituir la vegetación importada por vegetación autóctona.

Fomentar el establecimiento de industrias «limpias» con tecnología punta que pudieran contratar y formar su personal dentro de la región. Entre ellas cabe destacar: empresas de Óptica, Mecánica de Precisión, Electromedicina, Instrumentación de Control, Servicios de Asistencia Técnica.

Crear un marco atractivo de impuestos, viviendas y licencias que hagan atractiva la repoblación de estas zonas: exenciones fiscales, facilidades en la adquisición y

rehabilitación de vivienda teniendo en cuenta la gran cantidad de ellas que están abandonadas, prestamos bancarios a bajo interés etc. etc.

Espero y deseo haber contribuido a concienciar a los lectores sobre los problemas y posibles soluciones al despoblamiento y sus consecuencias en España, sin ningún dogmatismo político y sí desde una persona que lo sufre en el pueblo del que es alcalde.

Termino animado a todos a participar en la manifestación del próximo 20 de marzo de 2022 en Madrid a favor del campo y de la España Rural.

Juan Antonio Callejas, diputado nacional del PP por la provincia de Ciudad Real y alcalde de Villamayor

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