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Alejado de los juegos de azar y de casino, el póker es considerado por muchos como un deporte mental

Póker para mejorar en cálculo, gestión de recursos o planificación divirtiéndose

Uno de los juegos más completos en cuanto a lo que puede aportar al entrenamiento mental es el póker, que, contra lo que muchos piensan, no sólo se juega con dinero real

La Comarca

14/01/2021

(Última actualización: 14/01/2021 11:43)

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Son tiempos de quedarse en casa, no hay duda de que el frío invita a no salir y tenemos ganas de tranquilidad. Enero siempre trae buenos propósitos y decisiones de cambio de vida. El comienzo del año nos anima a ser mejores, y uno de los deseos más recurrentes es conseguir un empleo mejor o incluso emprender un proyecto profesional que dé un giro drástico (y obviamente, a mejor) a nuestro día a día. De la misma manera que hacer deporte o una alimentación responsable y consciente ayudan a mejorar nuestro estado anímico, tener la mente activa es indispensable para tener iniciativa y disciplina para llevar a cabo estos propósitos, sea ahora o en cualquier época del año.

Activar la mente no tiene por qué ser aburrido. Existen numerosos juegos que ponen a prueba la materia gris al mismo tiempo que ofrecen entretenimiento, y no hablamos sólo de sudokus o crucigramas. Uno de los juegos más completos en cuanto a lo que puede aportar al entrenamiento mental es el póker, que, contra lo que muchos piensan, no sólo se juega con dinero real. En las salas de juego existe la opción de jugar sin dinero, en modo práctica, y es ahí donde se pueden aprender las diferentes variantes de póker.

Alejado de los juegos de azar y de casino, el póker es considerado por muchos como un deporte mental, lo mismo que el ajedrez, ya que exige de los jugadores la capacidad de estrategia, de cálculo mental, de anticipación a los movimientos de los oponentes y mucho más. No se trata de barajar y hacer lo posible con la mano que tenemos, sino que exige una planificación a medio y largo plazo o un dominio de habilidades más específicas como en el HORSE. Jugar al póker puede mejorar incluso nuestro coeficiente intelectual si es que jugamos con una técnica cuidada, pero a nivel emocional también se pueden obtener beneficios asociados a la capacidad de reacción o de resolución de situaciones adversas, dominio de la frustración y control de la euforia. Se trata de habilidades sociales y de comunicación que son muy útiles a la hora de negociar, de liderar un equipo o formar parte de él.

El manejo de probabilidades o la gestión de recursos como el capital disponible hipotético, las cartas que tenemos, las que ya no podemos conseguir y las que aún están a nuestro alcance vienen a convertirse también en un supuesto práctico de otras situaciones no lúdicas a las que nos podemos enfrentar en según qué puestos de trabajo independientemente del lugar que ocupemos en la cadena de mando. Dicen que un buen jugador de póker emplea en la partida técnicas que ya conocía y que le habían conducido al éxito en otras áreas de su experiencia vital, pero también hay quienes hacen justo lo contrario: poner en práctica lo que han aprendido en el terreno de juego sin apenas darse cuenta, por el puro placer de jugar y competir en una mesa (o ante la pantalla del ordenador, smartphone o tablet). De hecho muchos jugadores dicen que el póker es un estilo de vida. No hay duda de que enseña a pensar diferente.

Tal vez para aquellos que no se encuentran muy familiarizados con la baraja, el póker se resuma en parejas, escaleras de color o fulls, pero no es tan sencillo. Conociendo lo básico, el póker se convierte en un entretenimiento y sí que estará más ligado al azar. Como sucede en el dominó, hay quien juega a colocar las fichas por el lado correcto hasta quedarse sin ellas, y hay quien estudia cuáles ya se han colocado, cuáles quedan por salir y quiénes no colocan fichas que contengan, por ejemplo, el número cuatro. Este segundo grupo de jugadores, aun cuando no se proclaman ganadores, suelen tener menos puntos que los demás entre sus fichas sobrantes. Lo mismo sucede con el poker: aquellos que lo conocen bien analizarán cada pequeño detalle, y siempre buscarán una variante que les permita tener mayor control de la situación para dejar lo imprescindible en manos del azar.

Entre las variantes más complicadas está HORSE, curiosamente comparte nombre con una de las piezas de ajedrez más conocidas, sólo que en este caso se trata del acrónimo de cinco modalidades de poker muy conocidas: Holdem, Omaha Hi Lo, Razz, Seven Card Stud High y Eight or Better. Dominar HORSE es estar a otro nivel. Muy pocos jugadores no profesionales se atreverían a jugar en esta modalidad, pues deben dominarse las cinco variantes que se incluyen en el acrónimo y la partida va pasando de una a otra constantemente. Si quisiésemos buscar una analogía, el pentatlón sería un equivalente en deportes físicos. Aun así, no debemos temer una partida de HORSE, pues también puede enseñarnos a hacer uso de las oportunidades que se presentan. Por ejemplo, si dominamos la variante Seven Card Stud High y el resto de jugadores son más de Holdem (que sería lo más habitual), este puede ser el punto diferencial que otorgue un giro a la partida y la vuelva a nuestro favor. Aplicándolo al entorno profesional, despuntar en algo que casi nadie controla puede ser la oportunidad a la que debemos agarrarnos para dar un impulso a nuestra carrera.