Puertollano

Es un artículo de José Domingo Delgado Bedmar

Puertollano: Del Ojailén, su pesca y sus molinos

José Domingo Delgado Bedmar

12/11/2020

(Última actualización: 13/11/2020 14:11)

Imprimir

Nunca se resaltará lo bastante la importancia que reviste la movilización del asociacionismo ciudadano, cuestión tanto más relevante en parcelas que a menudo pasan desapercibidas en nuestra sociedad y que nos deberían involucrar a todos, como es la defensa de nuestro patrimonio.

En este ámbito, y desde hace ya casi un lustro, los integrantes de la Asociación Cultural Portus Planus han asumido un papel que nadie les ha pedido y, contra viento y marea, han recuperado con ímpetu sinergias pasadas en el estudio de nuestra historia y en la reivindicación del patrimonio común a través de conferencias, exposiciones, publicaciones y otras acciones. Reconozco públicamente que lo que hacen me suscita una mezcla de asombro y deseos de colaborar (en la medida de mis modestas posibilidades), aun cuando el tiempo y la distancia remen en contrario.

Una de sus más recientes iniciativas es una recogida de firmas a través de la plataforma change.org instando a los organismos competentes a la recuperación del Molino de Delio y de la vía férrea Puertollano-Marmolejo. Son dos cuestiones que a la inmensa mayoría no “les sonarán”, pero que revelan aspectos muy interesantes de nuestro pasado. Con el afán de colaborar en esta noble causa, y contando con su permiso y con la benevolencia del editor de “La Comarca de Puertollano”, me he permitido recuperar una serie de apuntes sobre nuestro río que vieron la luz hace ya más de una década y que quizá, puedan llamar la atención acerca de su maltratada existencia.

Es muy posible que la relativa lejanía de nuestro río al “casco histórico” de Puertollano y el prácticamente nulo aprovechamiento de sus aguas para el consumo habitual de la población ha dado como consecuencia que al Ojailén no se le haya hecho la justicia que se merece. Muy poco es lo que la gran mayoría de nuestros conciudadanos sabe acerca de un río sometido a fuertes estiajes y, más que a nada, a una deplorable contaminación “contemporánea” en la mayoría de su recorrido que ha acabado con buena parte de la flora y fauna de sus riberas. Por eso, creemos oportuno tratar de trazar una breve semblanza de nuestro entrañable Ojailén.

Retrotraigámonos para comenzar hasta los inicios del último cuarto del siglo XVI para conocer lo que de él se nos dice en las “Relaciones de Felipe II”, en cuya respuesta veinte se nos habla ampliamente de nuestros tres ríos y se nos dice: “Al capitulo veinte dixeron que cerca de la dicha villa un cuarto della a la parte del medio dia pasa un arroyo o rio que le nombran Hojailen que lleva agua en invierno y cuando llueve mucho y corre hacia oriente, y a cinco leguas desta villa se junta con otro rio que se dice el rio de las Fresnedas el cual corre por Sierra Morena hasta entrar en el rio Guadalquivir y por el valle de Alcudia dos leguas desta villa pasa otro rio que tampoco es caudaloso que se dice Guadahenex que lleva agua de invierno cuando llueve y en un poco mas corriente que Hojailen por tener mayores acogidas de agua y corrientes de las sierras y tambien mas adelante cuatro leguas desta villa sale de Sierra Morena otro rio que se dice Montoro un poco mas corriente y agua que los otros dos que estan dichos aunque tambien corre con las lluvias de invierno y ambos a dos tienen la corriente hacia oriente y estan al medio dia y se juntan todos tres y van a parar al dicho rio Guadalquivir y que en ellos se pescan peces”. Es evidente, decimos nosotros, que ese río “Guadahenex” del que se nos habla no es otro que el Tablillas.

Habremos de esperar a dos siglos más tarde para saber de lo respondido a la pregunta treinta y siete de las del Catastro de Ensenada y constatar algo que ya suponíamos de antemano: “A esta pregunta respondieron que en esta villa no hay individuos algunos que tengan emvarcaciones, ni el trato y comercio que en ella se expresa. Y aunque en los rios que hay en este termino se crian algunos pezes, no hay persona que tenga trato de pescar para vender, y los vecinos que pescan alguna vez es por diversion y para sus casas”.

Por una vez, y dada la naturaleza fiscal de esta fuente histórica, no es mucho lo que se nos dice acerca del aprovechamiento de la escasa pesca del río, al que se aprecia más en cuanto lugar en cuyas riberas se asentaban diversos molinos, como luego veremos, por lo que para esta cuestión de la pesca habremos de fijarnos en lo recogido en las “Relaciones del Cardenal Lorenzana”, que son mucho más explícitas a este respecto. Muy interesante a nuestro entender es lo que se responde a la pregunta cuarta: “(...) Dicho rio Ojailen, distante de esta villa como medio quarto de legua, solo corre en imbierno; tiene su nacimiento en jurisdizion de Almodovar del Campo a distancia como de dos leguas y media; de esta cruza todo su termino hasta tocar en dicha Villanueba de San Carlos, en cuia cercania se junta con dicho rio de las Fresnedas, que es de igual naturaleza; y por quanto en los torrentes del imbierno dicho rio saca avenidas grandes, en ellas sube mucha pesca util, y quando ya en junio se cortan las corrientes, regularmente quedan unos remansos o tablas (que llaman) llenos de agua y algunos de vastante profundidad y con mucho pescado de lo que subio, como son barbos, bogas, algunas lampreas y mas que todo anguilas, porque en las tablas terrizas y algo cenagosas se cogen copia de ellas y tambien abundantes galapagos (...)”.

Para más de uno serán sorprendentes estos datos, sobre todo en lo que se refiere a las lampreas y anguilas que a modo de salmones remontaban el cauce de nuestro humilde Ojailén para acabar en los platos de nuestros paisanos del siglo XVIII. Pero cerremos esta visión acerca de nuestro río centrada en esta respuesta de las “Relaciones del Cardenal Lorenzana” con lo que aparece recogido en el famoso diccionario de Don Pascual Madoz, que a mediados del siglo XIX aporta nuevos datos curiosos. En el término “Tartaneros” encontramos la siguiente descripción: “Arroyo en la provincia de Ciudad Real, partido judicial de Almodóvar del Campo: nace en las inmediaciones de la aldea de Viñuelas; sigue su curso por el término de Brazatortas, Puertollano, Villanueva de San Carlos y Calzada de Calatrava, incorporándose en éste al río Fresnedas: lleva generalmente poco agua, su curso es poco duradero, y por donde quiera se vadea: en el término de Puertollano se llama Ojailén, y en el de Villanueva, río de Puertollano. Ni cría pesca ni se aprovecha para nada: también se llama Guadaperosa”.

La existencia en nuestro casco histórico de la Fuente Agria y, más que nada, de diversas fuentes y pozos que hasta principios de la década de los cincuenta del pasado siglo fueron los que abastecían del líquido elemento a los pobladores de Puertollano, constituye una de las principales razones que, a nuestro modo de ver, explica el hecho de que la importancia que ha tenido el río Ojailén para la vida cotidiana en nuestro municipio haya sido siempre menospreciada, cuando no deliberadamente ignorada, dejando al margen el evidente hecho de que el fuerte estiaje que padecen sus aguas haya motivado ese escaso aprovechamiento por parte de la población de los peces que en él se criaban (y, lamentablemente, mucho me temo que siempre deberemos usar este verbo en pasado). Pero una vez sentado esto, hay que decir que no es menos cierto que ha habido otro aprovechamiento de este río que ha sido muy beneficioso para los habitantes de la localidad en el pasado y que consideramos que en la actualidad es muy desconocido para la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos: nos referimos a la existencia en sus orillas de una serie de molinos fluviales harineros que desde la antigüedad prestaron un inestimable servicio a la comunidad.

En efecto: la extraordinaria importancia de la harina en la dieta de nuestros antepasados desde las épocas más remotas (y hasta no hace tanto tiempo, todo hay que decirlo), vino a imponer la necesidad de contar con elementos mecánicos que molturasen el grano para el abastecimiento humano. Hasta la llegada en el siglo XVI de unos molinos eólicos que fueron “importados” desde el norte de Europa pero que, merced a la figura universal de Don Quijote, tanto simbolizan y caracterizan ahora a nuestra tierra, fueron los molinos fluviales casi los únicos que fueron utilizados para llevar a cabo esta más que necesaria labor.

Según las respuestas dadas por los representantes puertollaneros a la decimoséptima pregunta de las contenidas en el Catastro de Ensenada, a mediados del siglo XVIII se hallaban dos molinos en el río Tablillas y cuatro más en el cauce del río Montoro, eso sí, en los tramos que tenían estos ríos dentro de lo que entonces era el término municipal en el Valle de Alcudia. Es lógico suponer que estos seis molinos sirviesen sobre todo a las necesidades de los habitantes de las entonces aldeas de Hinojosas y Cabezarrubias, mientras que los habitantes de Puertollano y de las aldeas de Arroyo de la Higuera y El Villar tenían mucho más cercanos los siete molinos que, según lo relatado en la misma respuesta, había en los márgenes del río Ojailén.

Pero no eran precisamente construcciones nuevas ni su número era el máximo que ha habido en la historia. Dos siglos antes, y según lo contenido en las “Relaciones de Felipe II” de nuestra localidad, en la respuesta vigésimo segunda que en 1575 daban los representantes de la localidad, se decía lo siguiente: “al veinte y dos capitulos dixeron que en el dicho rio de Hojailen que pasa un cuarto desta villa hay catorce molinos de a dos piedras de rodeznos y que esto no muelen sino cuando hay grande abundancia de pluvias y el tiempo que ellas duran y no mas y son de vecinos desta villa que no se arriendan y valen poco porque no ganan casi nada, y que el rio Guadahenex que pasa por Alcudia hay tres molinos de vecinos desta villa como los de suso declarados; y en el otro rio de Montoro hay seis molinos de vecinos desta villa que son como los que estan dichos, aunque muelen algo mas que los de suso por correr un poco mas el dicho rio y que algunos dellos se han arrendado a veinte y cuatro fanegas de trigo por cada año”.

Centrando nuestra atención en el ya famoso plano de las Relaciones del Cardenal Lorenzana, vemos que muchos de aquellos catorce molinos del siglo XVI habían pasado a mejor vida, pues sólo figuran en él cuatro molinos en el Ojailén: uno situado muy al Oeste, cerca del llamado Camino Real de Andalucía, al Sur de la Encomienda de la Nava; otro al Sureste y bastante cercano al pueblo; y dos más en las cercanías de las aldeas de Arroyo de la Higuera y El Villar. Se dice expresamente en la respuesta cuarta que “tiene dicho Ojailen quatro molinos corrientes, tales que en sus temporadas de imbierno y por lo comun hasta el mes de mayo, surten al pueblo de arinas y aun otros de la comarca”.

Sin embargo, unos años antes, en 1753, las respuestas dadas al Catastro de Ensenada nos hablan de siete. El primero de ellos pertenecía a un importante personaje de la época, propietario también del molino de Flor de Ribera, que se ubicaba en la encomienda de la Clavería, en el río Montoro: “uno de don Pedro Delgado, situado en el rio Ojailen, una legua de la villa, que se compone de dos paradas de rodezno y muele computados unos años con otros, la temporada de un mes, quando trae avundancia de agua, y producira seis fanegas”. Por las características de los dos siguientes molinos, cabe suponer que ambos serían de los que desaparecieron antes de que se respondiese a las Relaciones de Lorenzana: “otro de Maria del Rincón llamado el de la Charca, situado en el rio Ojailen, media legua de la villa, muele con dos paradas de rodezno la temporada de un mes, que le regulan de producto anual quatro fanegas de trigo; otra posesion o molino, en dicho rio Ojailen, nominada la Puente, un quarto de legua de la villa, propia de la citada Maria del Rincón a la que no se le considera utilidad alguna”.

Aventuramos suponer que, por las distancias que se señalan hasta el pueblo, por su rentabilidad y por quiénes eran en aquel momento sus propietarios, los dos siguientes subsistiesen en el tiempo y sean los reflejados en el mapa como más cercanos a nuestra localidad: “otro molino situado en dicho Rio Ojailen, y sitio del Salobral, un quarto de legua de la villa, que muele la misma temporada de un mes con dos paradas de rodezno, y le consideran de producto anual seis fanegas de trigo, pertenece su propiedad a Alfonso Delgado; otro molino situado en dicho rio Ojailen, llamado el de las Pulgas, un quarto de legua de la villa, propio de don Andres Arredondo, presvitero, el que muele la temporada de un mes, con dos paradas de rodezno, y le regulan de utilidad anual seis fanegas de trigo”.

Por último, tenemos dos molinos más de los cuales cabe suponer que uno de ellos subsistiría en el tiempo, y que sería el más alejado del pueblo, al Este de la línea que formarían Arroyo de la Higuera y El Villar: “otro de don Raimundo Delgado, situado en dicho rio Ojailen, llamado Majadaviexa, media legua de la villa, muele la misma temporada de un mes, con dos paradas de rodezno, y regulan de utilidad y producto anual ocho fanegas de trigo; otro de Juan Palomo, morador en la aldea de Arroyo de la Higuera, situado en dicho rio Ojailen, que llaman el de Mora, legua y media de la villa, que muele la misma temporada de un mes, con dos paradas de rodezno, y le regulan de producto anual seis fanegas de trigo”.

Consideramos que fue este último el que supervivió y que, andando el tiempo, fue llamado de otra forma y siguió funcionando hasta finales de los años cincuenta del pasado siglo: el molino de Delio, el último de los que funcionó en nuestra comarca. La llegada de la electricidad y el cambio en los hábitos alimenticios fueron letales para estos singulares edificios, que bien merecían estas pocas líneas para reivindicar, una vez más, nuestro pasado.

José Domingo Delgado Bedmar